Micromentarios | Al revés

28/01/2026.- Existe un presidente de una república que trabaja por el pueblo que lo eligió, a tiempo completo y dedicación exclusiva, como se dice de los profesores que, en las universidades, han alcanzado la cima del escalafón.

Este presidente inaugura casi a diario no una sino varias obras en el país que preside, principalmente, aquellas que han sido solicitadas y aprobadas por los propios habitantes, luego de una consulta democrática.

Dicho gobernante ha mantenido a su nación en voluntaria paz, pese a los intentos de desestabilización internos y externos a los que su gobierno es sometido con frecuencia, bien con acciones terroristas o mediante ataques virulentos por los medios de comunicación masiva y las redes sociales.

El presidente en cuestión está casado con una defensora de los derechos humanos y, con bastante frecuencia, ambos integrantes de la pareja aparecen en actos públicos tomados de la mano y demostrándose el amor que se profesan.

Dicho gobernante convoca a marchas multitudinarias en las calles y camina junto a sus electores e incluso se detiene a bailar cuando la vanguardia de la muchedumbre alcanza a los músicos que animan el recorrido.

A la par, hay otro presidente que todos los días se despierta y manifiesta un capricho nuevo, que no consiste en comer tal o cual cosa o querer adquirir este o aquel objeto. No, su capricho es hacerse con un nuevo territorio, cual conquistador de dibujos animados.

Que se sepa, este segundo presidente nunca inaugura nada que favorezca a su pueblo. Todas sus acciones están destinadas a beneficiar al grupo social al que pertenece y, sobre todo, a sí mismo y a sus empresas particulares.

El país que preside desconoce la paz, ya que a cada rato se producen tiroteos mortales en centros comerciales, colegios y parques. En simultáneo, las acciones del presidente generan mucha violencia contra una parte de la población, incluso aquella que votó por él para llevarlo a la magistratura. Es raro el día en que no muere alguna persona que protesta o reclama la violación de los derechos humanos.

Este presidente se considera un pacifista, aunque amenaza a diario a otras naciones del mundo con invasiones y bombardeos o más subidas de aranceles a la exportación de sus productos, de un modo que solo se puede calificar de chantaje.

A este presidente se le ve con su pareja en muy contadas ocasiones y ha sido enjuiciado y condenado a penas de prisión por los delitos de violación, actos lascivos y relaciones con prostitutas de lujo. Además, tiene un juicio pendiente por pedofilia —practicada no nada más con adolescentes, sino también con niñas—, que tanto él como su entorno político han diferido y boicoteado decenas de veces.

Las marchas multitudinarias de su país no son a su favor, sino en contra. Quienes asisten a las mismas están hartos de su errática manera de conducir el gobierno. Baila en los mítines que convoca, rodeado de guardaespaldas y sin un músico a la vista.

El primer presidente, junto a su esposa, está secuestrado por el segundo. Al primero, su esposa decidió acompañarlo. La mujer del segundo parece no existir, salvo cuando su marido la exhibe como un trofeo viviente.

El primero de los dos presidentes es acusado por el segundo de antidemocrático, violador de los derechos humanos y de coartar las libertades públicas. El segundo, en cambio, se autoproclama paladín de la democracia y la libertad, además de defensor de los derechos humanos y la nueva versión de un mesías salvador. Todo esto, agrediendo a otros países y a su propio pueblo.

¿Verdad que lo expuesto en este resumen como que está al revés?

 

Armando José Sequera


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