Al derecho y al revés | El final de la historia

28/01/2026.- A finales del siglo XX, la percepción del mundo estaba cambiando gracias a Internet, el cual, con sus correos pioneros, comenzaba a conectar los continentes.

Hubo cambios políticos, principalmente con la derrota, por parte de los Estados Unidos y sus aliados, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (la fundada por Lenin). Entonces, un académico gringo escribió un libro titulado El fin de la historia.

En ese libro (muy citado entonces), Francis Fukuyama ladinamente planteaba que la democracia liberal había demostrado su superioridad y que, en ese sentido, todos los países del mundo tendrían en poco tiempo gobiernos muy parecidos y la prosperidad sería la norma.

Todo fue arte de manipulación. No fue la democracia liberal la que resultó vencedora sobre el comunismo soviético, sino que, por una vez más en la historia, un gobierno de los pobres se burocratiza, olvida que para repartir hay que producir y termina abatido por un gobierno de los ricos.

El fin de la historia pretendía burlarse de una de las tesis de Karl Marx más conocida y menos estudiada como es la que plantea —erróneamente, a mi modesto juicio— que después del feudalismo tendría que venir una etapa capitalista y, al final, luego de la dictadura del proletariado, el mundo tendría comunismo.

Marx nunca se planteó admitir que, estudiando la historia, se encuentra que ha habido períodos —pocos— donde la lucha de clases se archiva y hay progreso más o menos equilibrado.

La burla del catedrático, sin embargo, no duró demasiado. A poco de comenzado este siglo —y antes, en la América hispanoparlante— aparecieron líderes que contradecían la tesis del fin de la historia.

Hugo Chávez, Lula, Evo Morales, Néstor Kirchner y otros ganaron elecciones e hicieron gobierno popular a contrapelo del sistema estadounidense, que desde el interior tuvo (y tiene) críticos brillantes.

Sin embargo, observo que la historia, tal como la conocemos —como una rueca que va hilando progreso—, está a punto de fenecer a manos de ese sinvergüenza llamado Donald Trump.

Su cobarde actuación, que provocó más de cien muertos y el secuestro del presidente Maduro y la primera dama, Cilia Flores, está desmantelando todo el tejido civilizatorio que significa tener un ordenamiento jurídico internacional, más la tradición romana del derecho a un juicio imparcial, incluso para soldados perdedores.

Todo eso lo está echando Trump al basurero de la historia, al aceptar la ley si le favorece, y rechazarla en caso contrario; al permitir que sus agentes policiales asesinen a sangre fría ciudadanos estadounidenses solo por protestar a favor de los inmigrantes; al favorecerse descaradamente con el invento de unas criptomonedas privadas simulando que era una emisión del gobierno (con lo cual entre él y su consorte, Melania, se adueñaron de unos siete mil millones de dólares), o al pretender adueñarse del canal de Panamá, Canadá y toda Groenlandia, con los argumentos más peregrinos.

¡Si a ese enfermo mental, pederasta y defraudador del impuesto yanqui se le permite seguir con sus berrinches; si la politiquería gringa lo deja "hacer", como al loco del cuento, la historia humana habrá retrocedido hasta las cavernas!

Sería otro "fin de la historia".

 

Domingo Alberto Rangel


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