Araña feminista | La anatomía del despojo
El mundo bajo el pincel del carnicero
26/01/2026.- Enero de 2026 ha llegado con la puntualidad de una sentencia. El aire en Washington exhala un hedor a naftalina y pólvora fresca, el perfume de una era que ha decidido renunciar a los matices para abrazar la carnicería de lo binario. Ya no hay lugar para la retórica edulcorada de la diplomacia liberal; ahora impera el trazo grueso, el blanco y negro de quien se sabe dueño casi absoluto del garrote. La Doctrina Monroe ha dejado de ser una sospecha para convertirse en el mapa de una cacería hemisférica.
La captura del presidente Maduro este enero (un secuestro filmado con la estética de un blockbuster de tercera) constituye la firma de este nuevo realismo. Para el imperio, Venezuela debe dejar de ser una nación para ser reducida a una estación de servicio custodiada. Es el cinismo puro de la bota: hablar de "liberación" mientras se calculan los barriles y se reparten las concesiones sobre la sangre aún caliente. Que nadie se confunda: esto no es un tropiezo de la institucionalidad democrática gringa, es su esencia destilada. El sueño americano siempre tuvo este olor.
En el otro extremo, el hielo de Groenlandia se resquebraja bajo una chequera que tiene la forma de una anexión. El Ártico es hoy el patio trasero donde se buscan tierras raras para alimentar la voracidad tecnológica de una potencia que se siente cercada. El tablero es obsceno: el Norte es la cantera y el Sur es el tanque de combustible. Lo demás, el derecho internacional incluido, ha sido arrojado al vertedero de la Historia junto con las viejas ilusiones del multilateralismo liberal.
Donde el cinismo alcanza su cota más alta es en el frente doméstico y social. La retirada de Estados Unidos de 66 agencias y alianzas, con ONU Mujeres y el UNFPA a la cabeza, representa una cirugía de extirpación ideológica. La administración ha comprendido que la autonomía de las mujeres es el último bastión de resistencia soberana, y ha decidido sitiarlo.
Al resucitar la Ley Comstock y desmantelar el derecho al aborto, el Estado reclama la propiedad sobre el cuerpo-territorio. Ven en la mujer un peligro porque ella es la raíz de la comunidad, la que sostiene la vida cuando el mercado falla. Castigar el vientre es la forma más eficaz de disciplinar a la clase trabajadora. Para este patriarcado transaccional, la salud reproductiva es un "lujo globalista" que interfiere con su proyecto de naciones de mano de obra barata y mentes domesticadas. La mujer, para el pincel de Trump, debe volver a ser propiedad privada o, en su defecto, una estadística de producción.
Los datos de 2024 son las cicatrices de una guerra civil silenciosa. El abismo de género en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas es hoy una grieta que atraviesa la fachada del consenso imperial. Mientras una masa de hombres jóvenes (57% votó por Trump) busca refugio en el mito de la fuerza y el "derecho por nacimiento", las mujeres (59% votó por Harris) quedan atrapadas en la ilusión de que el otro bando del bipartidismo las protegerá. Pero ambos partidos son caras de la misma moneda imperial: uno con guante de seda, otro con puño de hierro, pero los dos custodios del mismo sistema de despojo. El feminismo liberal que apuesta por las urnas del Norte olvida que la verdadera liberación no cabe en una papeleta gringa.
Estamos ante un orden mundial que ha sustituido la inteligencia por la fuerza bruta y el consenso por la amenaza. El "blanco y negro" es la estética del despojo: o eres cliente o eres enemigo; o eres útero productor o eres paria. La soberanía, esa palabra que tanto le escuece al Norte cuando la pronunciamos nosotras, hoy es pisoteada bajo la excusa de un "orden" que solo beneficia a los accionistas del caos. Y aquí en Venezuela, que llevamos décadas en la mira de ese pincel imperial, sabemos que la diferencia entre republicanos y demócratas es apenas el calibre de la sanción, nunca la intención del bloqueo.
El 2026 ha quitado la máscara. El imperio ya ni siquiera finge que nos quiere libres; ahora le basta con que seamos abiertamente útiles. Pero en este contrapunteo de sombras, el cinismo del poder olvida que la resistencia, como la maleza en el llano venezolano, crece con más fuerza cuanta más presión recibe el suelo.
