Tinte polisémico | Impacto de la guerra cognitiva, el reto
25/01/2026.- Mantener una actitud reflexiva, de análisis, ubicarnos en el terreno de la sensatez, constituye una línea maestra, una máxima, una directriz, que al servir de orientación y recomendación para enfrentar la “guerra cognitiva”, esa modalidad de la confrontación bélica multinivel y multidimensional, resulta imprescindible, vital, para preservar la salud y el equilibrio integral individual y el colectivo.
En tal sentido, después que la población de un país ha sufrido una incursión militar relámpago, instrumentada en nuestro caso por el Gobierno de Estados Unidos, la primera potencia global, en la que se ha violado la soberanía, se ha penetrado y vulnerado la integridad territorial, se ha ultrajado el derecho a la audeterminación de una nación, de manera premeditada, intencional y unilateralmente, violando toda la institucionalidad, normas y preceptos internacionales, abusando de la superioridad y capacidades tecnológicas, nucleares, operacionales, logísticas, comunicacionales, en síntesis, con basamento en la astronómica asimetría en relación con un Estado del Sur Global, se debe ineludiblemente considerar los impactos y efectos para formular las estrategias y tácticas que orientan, en primer término, a la supervivencia y a mantener la unidad y cohesión como República.
En esta oportunidad, nos circunscribiremos a aspectos que se refieren al plano o a la dimensión psicológica colectiva e individual; naturalmente, priva como criterio para el análisis lo que le ocurre a la psique, a la mente humana. Ahora, en el segundo cuarto del siglo XXI, con mayor y concentrado énfasis, sigue siendo el teatro por excelencia de las operaciones de guerra.
Habida cuenta de la también fehaciente asimetría en materia informativa y comunicacional de la industria cultural norteamericana, entre otros elementos, por el monopolio y control de los diferentes canales de difusión, a través de los cuales se comunicó al planeta que el presidente del Gobierno gringo se reservaba, de forma arbitraria, cualquier opción de intervención violenta en el territorio venezolano, con argumentaciones absolutamente falaces y a la luz del despliegue aeronaval en el Caribe, para soportar una “Operación Militar Especial” para secuestrar a un jefe de Estado, utilizando una narrativa ambigua, que confundía premeditadamente amenazando con un desembarco y una penetración terrestre convencional, sorprende entonces a una población, a un país en pleno sueño, con un ataque de temprana madrugada, al amparo de las sombras, en las sedes del centro del poder político, militar y administrativo, utilizando la potencia y superioridad numérica de sus fuerzas élites, con novedosos equipos, dispositivos, armas, explosivos y robots, su arsenal tecnológico, entre otros, como el espionaje y la inteligencia, para cometer semejante vejamen y crimen.
Cabe preguntarse: ¿Ha finalizado la operación y el ataque? La respuesta es complicada y cruda; pues no, y de allí parte de la explicación y basamento de la guerra cognitiva. Es hacer perder el balance psíquico, enajenarte, psicotizar, desajustar emocionalmente, desmoralizar, confundir, potenciar la incertidumbre, indignar, lograr romper la unidad y la cohesión, que surjan los desacuerdos internos, desesperanzar y quebrar la resistencia para la resignación y la entrega, para perder la capacidad y disposición de lucha y asumir la supeditación como único camino de supervivencia.
Precisamente, en crear la zozobra de un inminente segundo ataque, pero no se sabe cuándo, potenciar la imagen de invulnerabilidad de sus ejércitos, equipos y sistemas, ocultar cualquier pérdida por ellos recibida como agresores, mostrarse como omnipotentes e infalibles, ese es precisamente el objetivo y fin: conseguir la entrega incondicional y resignarse a un destino de sometimiento y normalizar que la autodeterminación como nación no es posible alcanzarla.
Frente a ese escenario, la recurrencia a nuestra identidad y herencia histórica de nuestros ancestros aborígenes y personajes icónicos, de nuestras luchas por la libertad y la integración suramericana, las batallas con derrotas y refriegas libradas con éxito, como ejemplos de perseverancia, arrojo, audacia y valentía, constituyen elementos para recomponernos y asimilar que siempre hemos sido combativos y libertadores, nunca agresores.
Estudiar y comprender las experiencias bélicas, como las de Afganistán, Vietnam y episodios como la Crisis de Octubre de los misiles soviéticos en Cuba de 1962, incluso el lanzamiento de las bombas atómicas en Japón en 1945, el actual genocidio de Gaza, entre otros, demuestra el carácter imperialista, fascista y supremacista de los gobiernos norteamericanos como instrumento de su “Estado Profundo”, en su afán por imponer su geopolítica del terror y la guerra; por tanto, debe haber conciencia individual y colectiva sobre quién es nuestro real adversario, las subyacentes contradicciones históricas, enmarcarlo y contextualizar los mecanismos de permanencia y operación del sistema capitalista y aprender de esos conflictos enumerados, tanto de los siglos XIX y XX y de cómo los pueblos han logrado soportar, recuperarse y salir adelante.
Estamos llamados todos, mujeres y hombres de todo el país, desde todos los sectores y ámbitos del quehacer, en particular los académicos, docentes, intelectuales, políticos, militares, juristas, científicos e investigadores de las ciencias duras y blandas, como humanistas, al cambio de época o civilizatorio que opere, que se nos presenta un reto, frente a una realpolitik, a la emergencia y articulación de una arquitectura planetaria del balance de poder entre las potencias militares nucleares, comerciales, tecnológicas y comunicacionales. La tarea es ineludible para los que somos y formamos parte del Sur Global.
Héctor Eduardo Aponte Díaz
tintepolisemicohead@gmail.com
