Vitrina de nimiedades | El oxígeno de la verdad
24/01/2026.- Reconocer un problema, un desafío o un conflicto suele ser, a veces, el primer paso para tratar de resolverlo. El siguiente es consensuar cuál es su origen y cómo puede solucionarse. En ese punto, muchos intentos de buena voluntad terminan muriendo de mengua, pues una tarea de ese tipo exige sumergirse en la verdad, ese concepto incómodo que mueve multitudes, sobre todo en momentos como los que atraviesa Venezuela. En un país a la expectativa ante riesgos reales y tareas fundamentales, se cruzan ópticas que, en algunos casos, parecen no identificar cuál es la amenaza real y cuáles, en definitiva, son las tareas urgentes.
A tres semanas de la agresión del 3 de enero, en la calle se mezclan distintas visiones sobre el presente y el futuro de la nación, aunque naturalmente prima la expectativa y la incertidumbre. El asunto va desde aquellos que esperan una suerte de bonanza sobrevenida de mano de quienes agredieron a nuestro país hasta quienes, frente al panorama actual, saben que debemos remar aún con el peso de las preocupaciones. En ese espectro también están aquellos que no terminan de ver en su justa dimensión lo acontecido. Existen quienes dudan de si en el ataque se asesinaron militares, si murieron civiles o si el sonido metálico de las aeronaves que violaron nuestro espacio aéreo se escuchó más allá de Caracas. Probablemente, sea obra de este panorama mediático dominado por ese encantador de serpientes que es el algoritmo.
Si la verdad ya es un concepto escurrido para ciertos grupos en circunstancias ordinarias, en momentos como este se complejiza verla y entenderla. No basta con que sea pública; tiene que demostrar que es real. También debe ser buscada, esperada y escrutada para comprenderla y eso implica entender cómo vemos el mundo: quién media entre la realidad y nosotros, cómo dudamos, cómo construimos certeza y para qué necesitamos lo verdadero.
Si la gente debe desear llegar a la verdad para asirla, ¿qué papel juega en esta coyuntura la estructura institucional que conocemos hasta ahora? Cuando se duda de la realidad o no se tienen las herramientas para escrutarla, toca entonces preguntarse qué pasa con las instituciones mediáticas —aunque sean platafórmicas, deberían servir para difundir lo elemental, aun a pesar de los sesgos y visiones particulares—, pero, sobre todo, estamos llamados a evaluar a quiénes estamos dejando la responsabilidad de ser referentes de nuestro presente social.
Nos toca enfrentar retos inéditos en una época en la cual los mecanismos mediáticos dominantes avivan el disenso y la distorsión, cuando urge más que nunca construir un gran consenso sobre el verdadero riesgo en ciernes. Las ilusiones y los espejismos, alimentados en muchos casos por influenciadores enfrascados en sus fantasías, solo convienen a aquellos sectores que pretenden aniquilar por completo el concepto de soberanía. La identificación y comprensión de lo verdadero, más que un lugar común del moralismo y el purismo, es el oxígeno para la unidad entre todos los sectores.
Rosa E. Pellegrino
