Letra invitada | En el marco del Día Internacional de la Educación

Venezuela tiene para aportar

24/01/2026.- Vivimos una etapa marcada por una acelerada concentración del poder tecnológico, informacional y cognitivo en manos de actores del norte global, así como por el uso deliberado de nuevas tecnologías —incluidas la inteligencia artificial, las neurotecnologías y los sistemas algorítmicos de influencia— como instrumentos de agresión, dominación y guerra no convencional. En el caso de Venezuela, hemos sido objeto de un ataque militar sin precedentes que concluyó con el secuestro del presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y de la primera dama, diputada Dra. Cilia Flores de Maduro. Se trata de una agresión continuada cuyo eje central ha sido la dimensión cognitiva: la desinformación y la manipulación de la información, la afectación de los procesos de percepción y decisión y el intento sistemático de erosionar la institucionalidad democrática, la cohesión social y la conciencia crítica, justificando así la violación de nuestra soberanía nacional y la consecuente agresión militar.

A pesar de la apariencia de los hechos, Venezuela en esta difícil y delicada situación tiene como objetivo principal la estabilidad y la paz que se mantienen en el país. La continuidad política, asegurada por la encargaduría de la presidencia por parte de la vicepresidenta ejecutiva, Dra. Delcy Rodríguez Gómez, demuestra la fortaleza institucional y la solidez del sistema político venezolano. Paralelamente, el ejemplo extraordinario de entereza moral, ética y patriótica del presidente y la primera dama, incluso durante su secuestro, constituye un referente de liderazgo y compromiso con la patria que inspira a toda la nación.

Frente a esta agresión, el sistema político de la República Bolivariana de Venezuela ha mostrado toda su fortaleza, respaldado por la conciencia, disciplina y resiliencia del pueblo. La unidad entre la institucionalidad del Estado y el pueblo permitió una respuesta organizada, manteniendo la continuidad institucional, la gobernabilidad y la soberanía nacional. Este acontecimiento se inscribe como un ejemplo de heroísmo colectivo, llamando a toda la ciudadanía, y en especial a la juventud, a comprometer sus acciones con el ejemplo de quienes defendieron la patria y el pueblo, tal como lo hicieron los jóvenes en la batalla de la Victoria de 1812.

En este marco de resistencia, unidad y victoria moral, el Día Internacional de la Educación 2026 se convierte en un espacio de especial importancia para reafirmar la soberanía, los valores patrióticos y la construcción del futuro. La educación es reconocida como instrumento de consolidación del Estado, pilar de la soberanía y herramienta de transformación social, permitiendo preparar ciudadanos conscientes y comprometidos con la defensa de la República y con el desarrollo integral de la nación.

Históricamente, la educación ha sido presentada como una promesa universal; sin embargo, su realización ha estado condicionada por asimetrías económicas, dependencia financiera y modelos de desarrollo impuestos que han limitado el ejercicio pleno del derecho a la educación en amplias regiones, sobre todo en el sur global. Por ello, el Día Internacional de la Educación debe entenderse como plataforma política y pedagógica para afirmar principios, denunciar contradicciones y proyectar alternativas que vinculen educación con soberanía, justicia y desarrollo humano y, en particular, mostrar cómo Venezuela es un claro ejemplo de lo que se puede hacer para ampliar el acceso a la educación y ejercer el derecho, a pesar de las limitaciones impuestas por las medidas coercitivas.

En este marco, resulta igual de pertinente destacar el trabajo sostenido que Venezuela ha venido desarrollando en el ámbito de la educación en la Unesco durante los últimos tres años, en plena coherencia con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, la Declaración de Incheon y la Recomendación de la Unesco sobre Educación para la Paz, los Derechos Humanos y el Desarrollo Sostenible. Venezuela ha promovido de manera consistente una concepción de la educación de calidad intrínsecamente ligada a la educación inclusiva, entendida como aquella que garantiza el acceso, la participación y el aprendizaje a lo largo de la vida para todas las personas, con especial atención a las comunidades étnicas, personas migrantes, poblaciones en situación de pobreza y personas con discapacidad. Este compromiso se ha visto reflejado, entre otros avances, en la aprobación de la primera Estrategia de la Unesco para la Inclusión de la Discapacidad, así como en el reconocimiento de Caracas como Ciudad del Aprendizaje, en virtud de su ecosistema integral de formación a lo largo de la vida, orientado a todas las edades y con énfasis particular en las personas adultas mayores. En la actualidad, Venezuela impulsa la concreción de mecanismos de cooperación horizontal para la formación de docentes del sur global —especialmente de América Latina y el Caribe— a través de la Unesco, en educación inclusiva y personalizada, así como el fortalecimiento de ámbitos de formación profesional para jóvenes en educación artística y cultural desde la música y en la producción de semillas agámicas, en coherencia con el Protocolo de Nagoya. En este sentido, la incorporación de la Fundación Musical Simón Bolívar (El Sistema) y del Centro Biotecnológico para la Formación en Producción de Semillas Agámicas (Cebisa) como Centros de Categoría 2 bajo los auspicios de la Unesco constituye un reconocimiento al valor estratégico de estas experiencias y a su contribución concreta a una educación transformadora, inclusiva y orientada a la paz.

En este marco se inscribe la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada en 2015 como compromiso global orientado a garantizar condiciones de vida dignas. Dentro de ella, el ODS 4 establece la obligación de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo oportunidades de aprendizaje permanente para todos. Su cumplimiento depende de factores materiales, políticos y económicos y se vincula estrechamente con los ODS 1 y 8, relativos a la reducción de la pobreza, el trabajo decente y el desarrollo sostenible, reconociendo que no puede haber educación de calidad sin justicia social ni mejora concreta de la calidad de vida de la población.

La Unesco, como responsable del ODS 4, lidera la Agenda Educación 2030, estableciendo la gobernanza educativa global mediante instancias como el Comité Directivo de Alto Nivel, donde se definen prioridades, se establecen conceptos de calidad educativa y se ejercen debates políticos de alcance internacional. En paralelo, el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM Report) evidencia desigualdades persistentes en acceso, permanencia y calidad educativa, así como insuficiencia de financiamiento. Las crisis económicas, sanitarias, climáticas y geopolíticas impactan desproporcionadamente a los países del sur y el reporte reconoce que las medidas coercitivas unilaterales y el endeudamiento externo limitan la capacidad de los Estados para garantizar la educación como derecho.

Este escenario abre un espacio legítimo para que Venezuela articule una posición política clara que vincule educación, soberanía nacional, justicia internacional y reforma del sistema multilateral, reforzada por la resistencia demostrada ante la agresión del 3 de enero. La educación se revela así como instrumento estratégico de fortaleza del Estado y del pueblo, capaz de sostener la unidad nacional y consolidar el compromiso ciudadano frente a cualquier agresión externa.

La continuidad de los programas educativos y sociales en Venezuela, incluso frente a agresiones y medidas coercitivas, evidencia la fortaleza del sistema político. Programas emblemáticos como Misión Robinson, Ribas y Sucre, las diversas misiones en ámbitos como la ciencia, la cultura científica, el trabajo y otros, así como el mantenimiento de un sistema público, gratuito y profundo de educación, demuestran que el Estado venezolano puede garantizar el derecho a la educación y la formación integral de la ciudadanía sin depender de manera exclusiva de la asistencia externa ni de condiciones externas de presión.

La participación organizada de la juventud, los y las docentes, tanto de educación primaria como universitaria, los centros de producción de conocimiento, ciencia y tecnología, las universidades y los movimientos sociales, demuestra de igual modo la solidez del sistema político. La articulación de estos actores permite que la educación sea simultáneamente inclusiva, transformadora y conectada con las necesidades del desarrollo económico, social y científico de la nación. La Unesco enfatiza la necesidad de vincular universidades y centros académicos con la sociedad y la producción de ciencia y tecnología, reforzando la formación de jóvenes como agentes activos de desarrollo y consolidando la resistencia cultural y educativa frente a cualquier intento de debilitamiento del Estado.

La educación en Venezuela integra avances de las ciencias de la naturaleza, las ciencias sociales, la física y la matemática, así como nuevas áreas del pensamiento humano: información y comunicación, bioética, robótica, inteligencia artificial y neurotecnología. Esta visión refuerza la idea de que no hay justicia social ni soberanía sin desarrollo científico, tecnológico y productivo, y que la formación de la juventud está directamente vinculada a la fortaleza del sistema político y a la independencia nacional.

Frente a la tendencia global al desfinanciamiento educativo, sobre todo en educación superior, la Unesco promueve sistemas de financiamiento inclusivos que eviten trasladar la carga a las familias. Venezuela ha defendido un modelo público y gratuito, coexistente con la educación privada, asegurando acceso universal y continuidad educativa, reafirmando que la educación es un derecho humano y una responsabilidad del Estado, no una mercancía ni un privilegio.

En un mundo marcado por la disputa entre modelos civilizatorios, la educación define el futuro. El Día Internacional de la Educación 2026 debe ser un acto político-pedagógico, una afirmación de principios y una propuesta de futuro. Para Venezuela, es la oportunidad de demostrar que la educación no es mercancía, no es privilegio y no es concesión. Es un derecho de nuestro pueblo; es ejercicio pleno, solo limitado por las presiones y agresiones externas, sorteadas en actos heroicos cotidianos que nos llenan de orgullo, de satisfacción y que constituyen un honor del pueblo que lo distingue y que el resto de pueblos del globo saben reconocer. La educación en Venezuela es soberanía y pueblo organizado que aprende y transforma su realidad, combatiendo las condiciones externas que nos obligan a la pobreza y promoviendo trabajo decente en los términos en que el sistema de Naciones Unidas lo reconoce. La educación es ciencia, tecnología y desarrollo sostenible, fortaleza del sistema político y muestra concreta de unidad nacional frente a cualquier agresión externa.

Defender la República también es defender la ciencia con ética, la verdad como bien público y la universidad como territorio de dignidad, conciencia y futuro compartido. En esta conferencia hemos querido mostrar un espacio de alto nivel para el pensamiento estratégico y la responsabilidad académica que pueden y deben ser abordados. Hemos querido convocar de manera especial al sector universitario y académico —docentes, investigadores, estudiantes y autoridades— a asumir un rol protagónico en la producción de conocimiento crítico, ético y soberano. Hoy, más que nunca, las universidades están llamadas a liderar la reflexión científica interdisciplinaria sobre los impactos de la inteligencia artificial y la neurotecnología, y a desarrollar tecnologías para proteger la integridad territorial y cognitiva de nuestro pueblo y a construir marcos humanistas que pongan el conocimiento al servicio de la paz, la justicia social y la autodeterminación.

 

Rodulfo H. Pérez H.

Profesor, embajador plenipotenciario y extraordinario y delegado permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante la Unesco


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