Letra veguera | Ante el horror y el espanto, las palabras
21/01/2026.- En la mitología griega, vivían en asecho (mutuo) en Mesina, especie de islote estrecho que daba al mar entre Sicilia y el continente italiano, dos monstruos rondando las aguas y sus gentes que habitaban en las orillas de las islas.
Escila era un adefesio marino con seis cabezas y doce pies que atrapaban a los marineros que navegaban, y Caribdis, que vivía en el lado extremo del pequeño mar, era otro monstruo que se transformaba en un remolino furioso haciéndose pasar por un monstruo fantástico, con apariencia menos brutal, pero le resultaba imposible ocultar su carácter letal.
En La Odisea de Homero, ambos representan las figuras más terroríficas de la bota del Mediterráneo. Había que convivir silentes con sus presencias diabólicas.
En estos tiempos, las palabras son buenos y cálidos refugios. Siempre han sido las armas que portamos los pacifistas. Pongamos eso que nos inquieta en un río de letras, en una cascada que pueda drenar todas las penitencias, y lo sentirás. Un flujo de algo, de aguas, de letras que puedan leerse tanto de arriba hacia abajo como de abajo hacia arriba, sin perder el sentido.
Para la quietud, las disonancias del viento. Escribamos en las páginas de piedras mojadas en espera de que las seque el sol.
En cada letra nacerá la paz, porque la piedra se vuelve papel, único amparo que la angustia no ahuyenta.
Se ablanda la piedra con el calor de la palabra, sana el dolor, espanta el temor de ser lapidada.
Bien voluntariosa es la palabra, anuda la redondez de la piedra. De sabiduría la palabra, fija en la memoria la enseñanza del paisaje.
Las palabras son nuestro mejor escudo en este tiempo histórico, sacudido por la codicia, el poder imperial, las redes venenosas que maltratan las neuronas y el sueño.
Que no nos dé miedo nombrar, decir que debemos transformar la rabia y la indignación en ideas, en corrientes que sanen las heridas y mantengan su sentido frente a cualquier adversidad.
Escribimos sobre la piedra para que el sol de la justicia las seque.
Allí, donde la palabra habita, la paz gana terreno. La dureza del conflicto se ablanda con el calor del diálogo y el arte, alejando el miedo. La palabra es sabia: rescata la enseñanza de nuestra tierra frente a un paisaje hoy desfigurado por el ataque cruel a nuestra soberanía, a nuestra patria sagrada.
En estas horas de calma punzante, respondemos al llamado del clarín para resguardar la memoria histórica. Ante la profanación de nuestro suelo, oponemos la verdad y la empatía. Hacemos un llamado urgente a los pueblos del mundo; no podemos ser indiferentes ante la barbarie que amenaza el equilibrio mundial. La mirada del conflicto se extiende, recordándonos que la lucha por la autodeterminación es una causa universal.
Defender nuestra verdad es defender la dignidad humana.
Ante el horror y el espanto, anteponemos la palabra como nuestro amparo y fortaleza de la verdad que nos asiste.
"Hola, Federico (me escribe una amiga que vive muy cerca del lugar atacado). Estamos bien.
La pasamos horrible; el volcán está muy cerca y mi casa está justo debajo del corredor aéreo.
Uno de Black Hawk sobrevoló las caballerizas, la cancha de equitación, y se escondía detrás del edificio que está justo al lado.
4 muchachos del CEO quedaron en pedazos, horrible.
Si estuviste ahí, debes haber vivido el horror. Lo lamento.
Pasamos 2 días sin dormir; cualquier ruido nos hacía temblar las rodillas y era un sobresalto a cada rato. Los primeros días fueron de una soledad y un silencio secos porque ni los pájaros ni las guacamayas quedaron vivas.
Ya todo está "normal".
Los caballos fueron evacuados. Ya los trajeron de vuelta. Mi viejo Selecto sigue dando la batalla, así que yo lo digo apoyando. Lo amo demasiado.
Estamos bien, solo que tratando de acostumbrarnos a la mala idea de lo que viene. Les había dicho a mis hijos que debíamos esperar, que el que ríe de último ríe mejor...
Quizás ya estoy perdiendo las esperanzas.
La degradación puede que acabe con el sistema interno de EE. UU., pero a nosotros no. Durante estos 12 años nos mataron a Chávez, en nombre de Chávez".
Siempre haremos colectivo nuestros deseos para que Cilia y Nicolás regresen a la patria.
Federico Ruiz Tirado
