Las dos orillas | El Capo Naranja y el Gabo

Cada movimiento estaba regulado; los secuestradores anotaban la hora de cada comida, cada visita al baño, cada palabra pronunciada.

Gabriel García Márquez

Noticia de un secuestro

 

18/01/2026.- En la política, como en el mundo hamponil, el poder no siempre se ejerce desde las reglas convencionales. A lo largo de su carrera como empresario con un perfil escandaloso —condenado por una corte estadounidense por más de 35 delitos, entre ellos sexuales— y como político, Donald Trump, el Capo Naranja, ha demostrado operar bajo el modelo de autoridad de un capo. Sus métodos se inscriben en el marco del crimen organizado. Su tipo de liderazgo comparte parecidos inquietantes con las figuras descritas en Noticia de un secuestro, la obra de Gabriel García Márquez que disecciona el modus operandi de los narcotraficantes colombianos en los años más oscuros de la historia de ese país.

El libro de García Márquez es una crónica de los secuestros efectuados por el narcotráfico, pero también un retrato de cómo el control, la manipulación y la violencia metódica se convierten en herramientas de poder. Del mismo modo que los captores de Maruja Pachón y Beatriz Villamizar, Trump ha demostrado que su manera de ejercer el poder se basa en una combinación de escándalo que deriva en carisma, producto de la hiperconexión, intimidación, cálculo criminal y una lealtad profundamente transaccional. Estos parecidos no son accidentales: son la expresión de una forma de ejercer el poder que trasciende las fronteras entre el crimen, la política y el espectáculo.

 

El arte de gobernar desde la oscurana

El Capo Naranja no lidera por accidente. Su habilidad para manipular a quienes lo rodean es un plan. Su alta exposición apuntala un carisma gansteril: amolado como una navaja, corta y destaza cualquier resistencia, doblegando a aliados y enemigos por igual. No necesita alzar la voz ni blandir un arma para imponer su voluntad. Su discurso, cuidadosamente calculado, aunque dé la impresión de logorreico, es su herramienta más poderosa. Ante sus seguidores, se presenta como un benefactor magnánimo, el restaurador de eso que los gringos conocen como la "grandeza americana" (MAGA mediante). Premia la lealtad con favores y protección, pero en cualquier momento puede transformarse en un verdugo implacable cuando la traición o sus planes no dan los resultados que esperaba. Para el Capo Naranja, la violencia no es una reacción impulsiva, sino una coreografía precisa, diseñada para mantener su orden y consolidar su autoridad.

 

El frío cálculo de un criminal

En el núcleo de su psique, el Capo Naranja es un paradigma de la desconexión emocional. Su capacidad para tomar decisiones brutales, sin vacilar ni mostrar remordimiento, lo eleva por encima de la mayoría en un mundo donde la piedad es un lujo peligroso. En su tablero de ajedrez, las personas no son más que piezas sacrificables, eliminadas sin titubeos si su desaparición fortalece su posición. Esta falta de empatía, combinada con una resiliencia casi inhumana, lo convierten en un sobreviviente en un entorno plagado de traiciones, conspiraciones y peligros que acechan en cada esquina.

El poder del Capo Naranja no solo radica en la brutalidad, sino en su habilidad para moldear la realidad a su favor, manipulando tanto a los hombres como las circunstancias. En su figura se entrelazan carisma, —mismo que tenía Al Capone o, más de cerca, Pablo Escobar—, terror, estrategia y violencia, dejando como legado un imperio construido sobre cimientos de intimidación y sangre.

 

El secuestro como herramienta de poder

El secuestro, una de las herramientas más efectivas en el arsenal de un capo, trasciende las fronteras del crimen organizado para convertirse en un instrumento político. El reciente secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, resuena con ecos inquietantes de otros episodios históricos, como los relatados en los secuestros de figuras públicas en Colombia durante los años más oscuros del narcotráfico, solo que esta vez fue un ejército a través de una agresión militar el que lo llevó a cabo, y no fue en Colombia, sino en la República Bolivariana de Venezuela.

Al igual que en los casos documentados en Noticia de un secuestro, donde Maruja Pachón y Beatriz Villamizar fueron víctimas de una operación meticulosamente planeada, la narrativa alrededor del secuestro contra Maduro revela patrones similares: vigilancia previa, cálculo preciso y una ejecución diseñada para maximizar el impacto político y mediático.

 

Los patrones históricos del secuestro

La acción delincuencial del Capo Naranja no es solo el uso de la violencia desproporcionada, sino una herramienta de control y un mensaje de poder: los captores no buscan únicamente someter a sus víctimas; buscan enviar un mensaje claro a la sociedad, al gobierno y a sus enemigos. El estilo fascista de Trump se basa en una narrativa de confrontación y control, donde cada gesto, cada palabra y cada ataque están diseñados para reforzar su posición y proyectar una imagen de autoridad indiscutible, como si el propio Joseph Goebbels fuera su ministro de propaganda.

En última instancia, tanto en el mundo del narcotráfico descrito por García Márquez como en la política contemporánea de Trump, el poder no se ejerce únicamente desde las instituciones formales, sino desde la capacidad de manipular, intimidar y controlar. Este paralelismo nos obliga a reflexionar sobre los límites entre la autoridad legítima y el autoritarismo y, más importante, sobre los frenos internacionales que deben aplicarse para no aceptar la instauración de un régimen global que tenga como sistema político la anocracia.

 

Armando Carrieri

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