Memorias de un escuálido en decadencia | Premio
17/01/2026.- ¡Qué vergüenza! Tremenda vaina la que nos acaba de echar, compañero Trump. Eso no se le hace a nadie. La compañera María —Súmate— Machado le lleva su medalla de Premio Nobel y usted le da un recibimiento como el que le hubiese dado la dictadura. La puso a entrar por el garaje de la Casa Blanca y después la llevaron a un comedor popular y usted no le paró la mínima bola. Apenas le agradeció y la mandó directo al carajo. Coño, ese maltrato no es propio de un hombre de su alta alcurnia y pedigree. Nosotros, que habíamos confiado plenamente en usted y que lo dimos todo para apoyarlo, incluso con nuestras vidas, ahora usted nos deja en ridículo ante el mundo, que no se para ni un momento. Primero declara que la compañera María no era respetada por el pueblo venezolano y tampoco tenía el apoyo. De un solo coñazo, usted desmontó el triunfo del compañero Edmundo González; es decir, usted sabía que fue una farsa todo lo que hicimos para decir que ganamos, como también fue una farsa lo que ustedes montaron con el Cartel de los Soles. Así que somos los mismos. Para serle sincero, nosotros no imaginamos nunca que con usted también íbamos a perder. ¡Coño, qué vaina tan arrecha! Usted capturó —los chavistas dicen que fue secuestro— al dictador y se lo llevó y nos dejó aquí a una dictadora. Todo fue un cambio de género. Nosotros esperábamos que si usted nombró presidente interino al pendejo de Juan Guaidó, ahora más que nunca iba a nombrar por lo menos vicepresidenta a la compañera María. Es decir, usted, presidente del país, como debe ser, y María vicepresidenta, y se acabó el pan de piquito. Nosotros, que desde que nos vimos, defendiéndolo estamos, decimos que estuvo bien lo de la invasión y los muertos, y ya no nos da vergüenza decirlo, porque la gente nos conoce. Si la gente sabe que quemamos chavistas en la plaza Altamira, ¿no vamos a apoyarlo a usted en todo lo que hace? Nosotros no tenemos patria y por eso lo que nos interesa es quedarnos con todo lo que sea negocio y más nada. Pero lo de usted no tiene nombre: le dan un Premio Nobel de la Paz y usted no le para la mínima bola a la persona que le da ese premio. No me joda, compañero. Ya estamos tan jodidos que si nos sentamos en un pajar, nos clavamos la aguja.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, dijo Maquiavelo un día mientras escribía El príncipe. Así me dijo el compañero Manuel Rosales cuando discutíamos este desprecio que usted nos ha manifestado. Los compañeros Carlos Vecchio, Julio Borges, Antonio Ledezma y Leopoldo López, que estaban dispuestos a venir a ocupar los cargos más importantes al lado de la compañera María, se quedaron esperando el llamado de la historia. Duele esta vaina. Duele que jode. Duele como una muela, que ese sí es un dolor arrecho. Aunque el compañero y filósofo Manuel Rosales me dijo que el poeta Andrés Bello dijo que "hay golpes en la vida tan duros, yo no sé". Uno no sabe qué decir ante tanta infamia. En verdad que si los chavistas están tristes porque se llevaron al dictador, nosotros también estamos tristes que jode porque usted no le dio el trato que se merecía a nuestra compañera. Esa vaina no se hace, compañero Trump. ¿Quién se esgaritó en este país pidiendo invasión y sanciones? Nosotros, o mejor dicho, la compañera María —Súmate— Machado y el compañero Antonio Ledezma, que también le dijo en Perú a un vicepresidente de ustedes que impusieran más sanciones, todas las necesarias, para matar a este pueblo de hambre hasta que pidiera que nosotros lo salváramos. Sin embargo, usted se comporta como cuando Emparan dijo: "Yo tampoco quiero el mando".
El papá de Margot estaba viendo por su Canaimita la llegada de María Corina Machado a la Casa Blanca y dijo: "Eso es un garaje. Un estacionamiento de gandolas. Por ahí no se entra a la Casa Blanca. ¿Qué degradación es esa? Ni que fuera de la mano con Ismael García. Esa vaina no se hace. Eso es un atropello. Te regalan el Premio Nobel y te la das de importante. Es mejor que envíen otra vez a Nicolás Maduro y a su esposa al país y que Trump y su gente no sigan cometiendo tanto disparate. Tú a mí no me jodes, Trump". Y se fue al cuarto y agarró la puerta y le metió ese coñazo tan duro que la vecina salió gritando: "Ven a buscar a este gran carajo, Trump".
—No te sientas vencido, aun siendo vencido... —me declama Margot.
Roberto Malaver
