Aquí les cuento | Una metáfora de Aquiles

La guerra por fin tuvo que terminarse, porque si no, no hubiera quedado a quién venderle el campo de batalla.

Aquiles Nazoa

 

16/01/2026.- "Yo conocí un caballo que se alimentaba de jardines".

Así comienza ese magistral relato de Aquiles Nazoa: La historia de un caballo que era bien bonito.

En ese recorrido por el mundo de la imaginación, nos dice el poeta que ese no era un caballo cualquiera, pues "con ese caballo fue que se alzó Miranda contra el gobierno, porque se inspiró en el tricolor de sus labios y en el rubio de sus ojos".

O sea, que ese caballo era un caballo destinado al combate.

Pero, luego, Miranda lo dejó por ahí para que siguiera su labor de llenar las calles de flores, por donde quiera que pasaba.

El poeta tenía la costumbre de irse a la escuela a través de los ojos del caballo.

Se puede entender un viaje hacia el conocimiento, ya que, al atravesar ese pasillo, los dos escolares entraban en la cabeza del caballo y no podían salir sin haber dado un paseo por las ideas y los conocimientos del caballo.

"Mi hermana Elba y yo nos íbamos para la escuela a través de los ojos del caballo", y la escuela no era otro espacio que la cabeza misma del caballo.

El caballo, que era bien bonito, caminaba por las calles del pueblo, mirándolo todo y aprendiendo todo del mundo que lo rodeaba.

Aquiles y su hermana caminaban con él y miraban, a través de los ojos del caballo, todas las cosas del mundo, pero "claro que más bonitas, porque se veían como si tuvieran siete años".

Cuando la gente miraba pasar a ese caballo tan bonito, lo admiraban por su prestancia, por su belleza. Él se regocijaba escuchando los cumplidos que la gente le hacía y se quedaba quietecito, esperando a que dijeran que "lo que parecía ese caballo es que estaba pintado en el pueblo".

Era un caballo tan considerado que cuando el presidente de la Sociedad de Jardineros lo llevaba a la plaza para que se desayunara con la plaza pública, él dejaba tranquilas las flores de la plaza, porque sabía que en el pueblo había mucha gente necesitada de lo que allí le servían, y no se comía sino a los músicos y ellos encantados, y como el caballo tenía todos los colores de las flores que se comía, "se sentían inspirados y se lo pasaban tocando música dentro del caballo".

Con el tiempo, uno de esos músicos se unió a otros y formaron un sistema nacional de orquestas, que le pusieron el nombre del más grande general que pariera este continente y que se llevó al caballo a liberar los pueblos oprimidos por el Imperio español.

El caballo, con esa orquesta sinfónica dentro de su cuerpo, se acercaba a la plaza El Venezolano, en la esquina de San Jacinto, y abría la boca y dejaba salir aquella música para que los viejitos y viejitas que estaban en la plaza siguieran bailando todos los días. Que el mundo se entere de que los venezolanos somos alegres y si tenemos algún enemigo estos son la tristeza y el sufrimiento, que conduce a que se muera la gente.

El general miró al caballo lleno de colores y se lo llevó para una guerra mundial, y miren que ese general era un general de división, porque se empeñaba en que los venezolanos nos dividiéramos y nos matáramos entre nosotros para después él quedarse con todos los jardines, además de las riquezas.

Quería que murieran caballo y jinete, porque él no toleraba que la sonrisa del caballo oliera a un roble florecido y que todas las muchachas del continente quisieran echar una bailadita con el Libertador.

Y quería las riquezas que también estaban dentro del caballo, y sacar de los huesos del caballo petróleo para calentarse las nalgas cuando se fuera al país de sus amos, donde hace tanto frío.

Este caballo no se dejó matar en esa guerra mundial, porque sabía que tenía que hacer grandes cosas. Le dio un par enorme de patadas al famoso general y lo envió hasta el norte, donde su padre está frotándole las nalgas con Bengay, una pomada que mienta Juan Luis Guerra en uno de sus merengues pegajosos, que bailábamos en los últimos veinte años del siglo XX y que lo ponen en la plaza para que los viejitos recuerden sus años de "frotar mi nariz en tu pecera".

Pero el caballo se fue junto al más grande de los guerreros, con otros llaneros, a subir los Andes y llevar libertad por esos pueblos.

Cuentan que en el paso de los Andes, se comportó como todo un titán y que al único que no lo agobió el soroche cruzando esos páramos fue al perro Nevado, porque tenía el cuero grueso y una pelambre similar a la crin del caballo que era bien bonito.

Hoy nosotros salimos en cambote a ver a quién le toca montarse en ese caballo bien bonito, con quien salió Simón a pasearse por la plaza que lleva su nombre.

Son miles de hombres y mujeres que estamos poniéndonos a la orden a ver si tenemos la suerte de montarnos en ese caballo tan bonito para cabalgar hacia el norte a buscar al hombre bueno. Aquel hombre que enamoró a la muchacha del pueblo con "aquella flor que le servía a uno para oír cosas".

Los patriotas de todo el país se congregan por miles. Le han escrito canciones al caballo, a aquel hombre y a su mujer, que están esperando sentir el galope de los pueblos.

Mientras tanto, la ciudad se llena de gente que carga flores y poesía para alimentar al caballo y mantenerlo vigoroso y bien bonito, como lo merece este pueblo de paz.

 

Aquiles Silva


Noticias Relacionadas