Pluma acústica | Cachaíto: tradición y vanguardia musical cubana

15/01/2026.- Cuando uno piensa en el Buena Vista Social Club, a veces se queda pegado en la nostalgia, en el son tradicional y en la postal de La Habana Vieja. Sin embargo, en el año 2001, el contrabajista Orlando "Cachaíto" López, una de las leyendas vivas del Buena Vista, lanzó el disco Cachaíto. Este álbum no es uno más de música cubana; es una clase magistral de cómo agarrar la tradición y mandarla directo al futuro sin que pierda el sabor.

Cachaíto es, en esencia, una de las obras más audaces, eclécticas y sofisticadas de la música contemporánea. Mientras que sus compañeros de generación se enfocaron en el recuerdo de la Cuba de antaño, Cachaíto López utilizó su único álbum como solista para proyectar el son, el danzón y el jazz latino hacia el siglo XXI, integrando elementos de dub, hip hop, música clásica y música electrónica.

 

Herencia musical

Para entender la magnitud de este disco, es necesario reconocer el peso del apellido López. Orlando no era ningún aparecido. Venía con el sello de calidad de una de las dinastías más importantes de la escena musical cubana. Era hijo de Orestes López, pianista, contrabajista y compositor de primer orden, y sobrino de Israel "Cachao" López, creador del mambo y maestro de las descargas. Cachaíto no solo heredó de su tío el apodo, sino también la responsabilidad de ser la columna vertebral rítmica de la isla.

Después de décadas de ser el hombre que sostenía la base rítmica de cuanto proyecto musical importante hubiese en La Habana, a los 68 años, Cachaíto decidió que ya estaba bueno de solo acompañar y soltó esta joya discográfica producida por Nick Gold bajo el sello World Circuit. Este disco fue su oportunidad para salir de la sombra del contrabajo y de demostrar su visión como arquitecto sonoro.

 

Estética de fusión y experimentación

Lo que hace que este álbum sea de "otro nivel" es que Cachaíto no se puso a versionar los mismos temas de siempre. Evitó los clichés del "son para turistas". Se atrevió a introducir el scratching de vinilos y bases electrónicas sutiles, que convierten esta obra en un viaje psicodélico por el Caribe.

Para esta grabación, López armó una banda de lujo que incluía grandes figuras como el maestro Rubén González, en el piano; Miguel "Angá" Díaz, otro fuera de serie, en las congas; Manuel Galbán, en la guitarra eléctrica; Amadito Valdés, en el timbal, Carlos González, en el bongó y Manuel "Guajiro" Mirabal, en la trompeta. Aun así, lo que lo hace un verdadero disco avant-garde fue la incorporación del DJ francés Dee Nasty, quien integra elementos de hip hop; el organista jamaiquino Clifton "Bigga" Morrison, que le aporta sonoridad de dub y reggae; y el saxofonista Pee Wee Ellis, quien trabajó por muchos años con James Brown y le da esas pinceladas de soul al álbum.

Cachaíto López, que tenía formación de conservatorio y años en la Orquesta Sinfónica Nacional, sabía perfectamente cómo mezclar la rigidez de lo clásico con la libertad de la descarga, de la "fuga" moderna. No se quedó pegado en 1950. En temas como Tumbanga, se escucha el vinilo rayando mientras el bajo mantiene el orden; mientras que en Mis dos pequeñas rinde homenaje a su formación académica, utilizando el arco para extraer texturas melancólicas y profundas del contrabajo, elevando el instrumento a un rol protagónico casi lírico.

Este álbum tiene una profundidad de bajos que retumba en el pecho, muy influenciada por el dub y el reggae jamaiquinos y las técnicas de mezcla de audio modernas. Esta influencia jamaiquina está presente en la gran mayoría de los temas.

 

El corazón del disco

Este disco funciona como un viaje cinematográfico por las calles de una Habana futurista. El tema Redención es un despliegue de virtuosismo donde el contrabajo se entrelaza con la percusión y juntos caminan sobre el montuno de la guitarra eléctrica y la nebulosa psicodélica del órgano Hammond. A gozar el tumbao es una declaración de principios, un 6x8 donde la línea de bajo es hipnótica y demuestra que el minimalismo puede ser extremadamente bailable y complejo.

El tema Cachaíto in laboratory lo dice todo con su título. Es un experimento donde el contrabajo evoluciona casi hasta el hip hop, ayudado por los samplers y scratches, pero con la clave cubana de fondo. En Tumbao N.º 5, le rinde honores al gran contrabajista de jazz Charles Mingus, quien ha sido una de sus grandes influencias. Esta pieza es puro jazz con sabor cubano, donde el contrabajo hace maravillas, picándole el ojo a New Orleans.

 

Cachaíto, un disco para la posteridad

Cachaíto es, muy probablemente, el disco más arriesgado y mejor logrado de toda la ola que soltó el Buena Vista Social Club. El álbum ganó el BBC Radio 3 Award for World Music en 2002, y no fue solo por "viejo conocido", sino porque musicalmente era lo más fresco que estaba sonando en el planeta en ese momento. Es un trabajo que le encantaría a un amante de la salsa brava, a un rockero o a alguien que solo escucha música electrónica o reggae.

Orlando "Cachaíto" López logró lo que pocos veteranos consiguen: sonar más joven y arriesgado que las nuevas generaciones. Con esta joya discográfica nos invita a valorar la profundidad de las raíces musicales cubanas sin miedo a la experimentación moderna, y nos recuerda que el bajo no es solo el fondo de una canción; es el pulso, la tierra y, en sus manos, la vanguardia misma.

 

Kike Gavilán


Noticias Relacionadas