Al derecho y al revés | Humillados e indignados

14/01/2026.- El bombardeo humilló al único país que se jacta de su ascendencia caribe, pero a poco de pasar el mal rato, cuando se aclara el panorama, el sentimiento predominante es el de indignación por lo ocurrido.

Indignación porque la evidente traición al presidente Maduro y a la Primera Dama salió del círculo más íntimo de Nicolás Maduro.

Indignación porque los traidores desactivaron los protocolos de defensa, dejando al jefe de Estado y primer comandante a merced de los invasores cobardes, quienes, amparados en la nocturnidad y teniendo en sus manos los planos del escondite de Nicolás Maduro, procedieron a secuestrarlo.

Acción que habría sido quirúrgica de no ser por los combatientes cubanos, que dieron la vida defendiendo su honor ante una fuerza imposible de doblegar.

Indignación porque hay quienes pretenden seguir adelante como si no hubiera pasado nada la madrugada de este 3 de enero.

No se trata de buscar una revancha ante una fuerza descomunalmente superior, sino, al menos, de guardar las apariencias.

Se trata de que las negociaciones que se adelanten con los Estados Unidos deben ser conocidas por el pueblo humillado.

Se trata del derecho a protesta, al margen del resultado. Venezuela fue un país agredido, tanto como lo fueron los Estados Unidos por el Japón cuando el cobarde bombardeo de Pearl Harbor, o como fue agredida Ucrania por Rusia. Cuando los Estados Unidos —bombas atómicas mediante— ganaron la guerra del Pacífico, a los japoneses se les permitió firmar un acuerdo o tratado de paz.

El mismo derecho al pataleo que seguramente se le dará a Ucrania cuando Rusia reclame su pedazo de torta en la redefinición del reparto del mundo, en esta época de multipolaridad.

¡Que Taiwán ponga sus barbas en remojo!

Aun así, desde esta columna me niego a seguir el infeliz camino de tanto opinador e intelectual venezolano que copia de Wikipedia los artículos violados por Donald Trump, como si con eso devolvieran al presidente secuestrado. Prefiero hacer una propuesta a quienes buscan la reapertura de la Embajada.

El borrador de un acuerdo de paz debe contener en principio dos peticiones: una, que devuelvan a los secuestrados, y, dos, que el gobierno de Donald Trump pague los daños físicos y humanos que causó con su artero ataque, que se dio a poco de que ese mentiroso —quien por sí solo es la prueba del mal rato que vive la sociedad estadounidense— explicara que "pronto conversaría con Nicolás Maduro".

¡Aquí fallecieron más de cien seres humanos en una acción de guerra no declarada!

Si Trump pretende llegar a una paz, debe reconocer el daño que su acción ha causado. El gobierno de Delcy debe entender que representa un pueblo humillado e indignado.

Pueblo que no se tragará el cuento, atribuido al ministro Diosdado Cabello, según el cual "la reapertura de la Embajada es para proteger a Maduro".

Lo siento, pero no es así, ministro.

A Nicolás lo protege uno de los mejores abogados del planeta y la trayectoria de un mandatario que ha sabido manejarse en condiciones muchísimo más difíciles que las encontradas por Hugo Chávez.

A Nicolás no le prestaron dinero. Le cobraron los monos que tenía nuestro gobierno, le montaron sanciones ilegales y, finalmente, lo secuestraron.

Solo por esto cabe considerar el mantenimiento de la Constitución vigente, con Delcy Rodríguez a la cabeza interina como sostén constitucional.

Presidencia interina que debe ser prorrogada hasta terminado el período actual y seguir hasta que devuelvan a los secuestrados.

Para ello hay que unir al país, pero no con todo el mundo. La unidad debe contar perfectamente con gente como Claudio Fermín, que ha demostrado su patriotismo e indignación ante el bombardeo.

Pero nunca con MCM, que ha sido promotora de la humillación nacional, que no ha demostrado un cristiano propósito de enmienda y que es ficha del fascismo internacional.

"Punto pelotas", como dicen en algunas partes de España.

 

Domingo Alberto Rangel


Noticias Relacionadas