Vecina de Ciudad Tiuna narra su experiencia durante el Bombardeo
Relató los momentos en que comenzaron los ataques criminales contra Fuerte Tiuna
11/01/26.- El periodista Wilmer Poleo Zerpa entrevistó a una mujer periodista y abogada que estaba en su apartamento con sus hija y sus dos gatas al momentos en que comenzaron los ataques criminales gringos contra el principal fuerte militar del país.
A continuación reproducimos el texto que compartió con el equipo de redacción del diario digital Ciudad CCS.
La bota insolente sembró el terror aquella madrugada del 3 de enero, a solo tres días de haber celebrado la llegada del Año Nuevo. Los criminales venían vestidos de color kaki. Ellos reían porque para ellos no era la primera vez. Ya lo habían hecho en Iraq, Libia, Afganistán, Grenada, Panamá, Dominicana, entre otros países. Lanzaban sus bombas como la mujer que lanza de azahar el día de su boda, la diferencia es que ellos sí estaban claritos a dónde iba a caer su mortífera carga. Disparaban a diestra y siniestra.
Todo fue muy rápido. Luego se fueron como si nada, llevándose consigo nada más y nada menos que al Presidente Constitucional de la República de Venezuela y a su esposa, la diputada Cilia Flores. Tampoco era la primera vez que secuestraban a un Presidente en ejercicio.
Todo para ellos era rutina. Meses antes ya habían lanzado otras bombas similares contra humildes pescadores en el Caribe y contra presuntos narcotraficantes en el Pacífico y luego rieron también tras detectar que, luego de los bombazos, no quedó ni una sola tablita, ni un solo hueso visible, flotando sobre las aguas bombardeadas.
Ciudad Tiuna, una urbanización anclada dentro de los límites de la fortificación militar más grande del país y que alberga a decenas de miles de familias civiles, jamás podrá olvidar aquellos estruendosos momentos o, por lo menos, tendrán que pasar varios meses o hasta años para que puedan recuperarse plenamente de aquellos impactos.
Cuando estalló la primera bomba, la mayoría de los habitantes dormía, pero CRT, una mujer de temple de acero, de profesión abogada y periodista, estaba echada en el mueble de su casa revisando su celular porque no tenía sueño. Su hija, de veintitantos años, también abogada, sí dormía plácidamente, al igual que las dos gatitas que las acompañan desde hace bastante tiempo.
Esa primera bomba la hizo saltar del mueble y de inmediato pensó que aquello era inusual, que no se parecía en nada a los cientos de cohetones que se habían presenciado hace tan solo dos días. Se acordó de los rumores de invasión y ataque que blandían sobre la Patria desde hace varios meses, y de inmediato corrió hacia el cuarto de su hija, quien estaba todo desorientada.
“Nos están atacando” le dijo con voz entrecortada. Las dos mujeres se abrazaron, lloraron, temblaron, no terminaban de reaccionar. Y para colmo, paralelamente al bombazo, les habían cortado la luz. Luego, pero no tan luego, sino escasos segundos después, vinieron nuevas explosiones, muchas, y se comenzó a escuchar la feroz metralla que intentaba contener a los insolentes de la bota norteña.
Corrieron hacia la puerta, pero se devolvieron a buscar a sus gatas, que, en medio del caos y el horror, no aparecían por ninguna parte. Las consiguieron escondidas, abrazadas, aterradas también.
Las piernas le temblaban y el corazón parecía querer salirse del pecho. Como pudieron se tomaron de la mano y bajaron temerosas hacia la parte baja del edificio. Otros bombazos las hicieron llorar más.
Abajo había no menos de 200 personas, ancianos, mujeres, niños que corrían desesperados de un lado a otro y lloraban desconsolados, pero la metralla y las bombas continuaban. Algunos soldados llegaron y comenzaron a instar a los vecinos a evacuar, salir de allí lo más pronto posible.
La metralla cesó y ya no volvería, pero eso no lo sabía ninguno de aquellos seres llorosos, desesperados y temblorosos que rezaban, corrían de un lado a otro y que se lanzaban al piso cada vez que el cielo se iluminaba de rojo. Hubo autos que no encendieron porque dicen que el ataque también fue electromagnético, con la intención de entorpecer las señales, las comunicaciones, los radares, las baterías.
Pero hubo autos que sí lograron encender sus motores. Ninguna de las dos mujeres podía manejar. Estaban casi paralizadas. Las manos no les daban, las piernas tampoco y era poco lo que veían a causa de las lágrimas. Pero aun así CRT se sobrepuso y tomó el volante. Se enfilaron con el corazón en la mano hacia la salida, pero tuvieron que esperar, porque delante de ella había varias decenas de autos desesperados y aterrados también.
Hubo gente que no tenía autos o estos no encendieron y salieron corriendo, con sus mascotas cargadas, y al salir se fueron por la autopista, sin certeza de hacia dónde se dirigían. Solo querían alejarse lo más posible. Los soldados no podían alentarlas porque ellos estaban desalentados también. Una hora más tarde, CRT y su hija ya estaban a buen resguardo en la casa de un familiar, pero seguían temiendo que los bombazos volvieran. Otras decenas de habitantes aún continuaban deambulando por la autopista.
-¿CRT, has podido entrar a Ciudad Tiuna después del ataque criminal?
-Fui el 4 con unos amigos porque tenía que buscar ropa y unos enseres. Estaba toda aterrada todavía y reviví todos los amargos momentos de aquella madrugada.
-¿Piensas regresar?
-Sí, pero el cague es macabro.
-¿Cómo lograron salir ese día de Ciudad Tiuna?
-Salimos sopladas en cuanto el bombardeo y los ametrallamientos terminaron. Antes, nos daba pánico.
-¿Te fuiste para dónde?
-Para la casa de un familiar.
-¿Debió ser arrecho para el que no tenía para dónde irse?
-Muchos no tenían para dónde ir, otros andaban sin carro y se fueron caminando por la autopista con sus niños y sus mascotas. Fue una escena espantosa y es muy arrecho no poder ayudar.
-¿Se vinieron ustedes dos solitas?
-Nos trajimos a una vecina, con su hija, su sobrina y sus dos gaticos y las dejamos en Plaza Venezuela porque ahí las iban a buscar.
-Ya han pasado varios días desde aquellos momentos tormentosos e inenarrables ¿Cómo te sientes ahora?
-Aún no recupero el sueño. Apenas cierro los ojos recuerdo clarito aquellos HDP sonidos. Es muy arrecho, Te quedas con una paranoia terrible.
-¿No has pensado en la posibilidad de buscar ayuda profesional, un psicólogo, que te ayude?
-Estoy en eso. Es estrés postraumático.
¿Y viste soldados cuando salías de Ciudad Tiuna?
-Si. Los pobres guardias estaban asustados también.
-¿Cómo está tu hija?
-Más o menos igual. Apenas oye un ruido, se aterra. Ella estaba profundamente dormida cuando empezó todo.
-¿Y estaban ustedes dos solitas?
-Si, con nuestras gaticas.
-¿Y cómo estaban las gaticas cuando las explosiones?
-Estaban sumamente asustadas, se escondieron y no las conseguíamos. Al salir lo único que pensamos fue en llevarles su comida, pero ni se nos ocurrió agarrar ropa para nosotros o el cepillo de dientes.
-¿Cómo salieron de Ciudad Tiuna?
-En el carro, afortunadamente prendió, pero me temblaba hasta la cédula. Mi hija no pudo manejar. Y lo peor era el miedo de que los bombardeos regresaran.
-Y cuando ustedes bajaron, ¿cómo cuántas personas había abajo?
-No sé. Yo calculo que unas 200 personas, casi no se podía ni caminar.
-¿Y qué hicieron al bajar del apartamento?
-Todo era horrible, mucha gente llorando y gritando y las bombas seguían cayendo. Allí nos quedamos lanzados en el piso en la planta baja.
-¿Y nadie les daba instrucciones?
-No, nadie. Al terminar el bombardeo, una dirigente comunal nos dijo que había que evacuar y en otros edificios hubo soldados pidiéndole lo mismo a los vecinos.
-¿Pero era obligatorio evacuar?
- Cuando fuimos al 4 a buscar algo de ropa, los militares de la entrada nos dijeron que recogiéramos y evacuáramos, pero a manera de sugerencia.
-¿Y queda gente viviendo allí?
-No mucha. Me imagino que una persona por piso.
-¿Y el papá de tus hijos dónde estaba cuando estalló el ataque gringo?
-En La Guaira. Él también la vivió muy fea porque él está muy cerca de la base naval de Mamo, en Catia la Mar y estaba solo en la casa.
-¿Y lograron comunicarse con él esa misma madrugada?
-Sí, afortunadamente. Pero no hablamos casi nada. Solo le dije que estaban bombardeando y que estábamos bien, porque mi hija estaba muy paranoica y casi no me dejaba agarrar el teléfono porque decía que nos iban a rastrear y nos iban a encontrar. Fue todo muy duro.
-Trata de hacer yoga, Taichi, eso ayuda mucho.
- Debo esperar a que reinicien las clases en la UCV, yo hago taichí allí. Por lo pronto lo hago yo sola.
-Pero no te quedes encerrada en la casa donde estás, sal, aunque sea a caminar por un parque. Es importante que te relajes.
-Sí, eso voy a hacer ahora. Hasta hoy tuve una crisis de pánico muy fuerte que se agravó con una gripe, para rematar.
¿No sabes si los ha visitado alguna autoridad?
-Me dijeron que estuvo Carolina Cestari y que hubo una asamblea con los vecinos que se quedaron.
-¿Te informaron qué se dijo en esa asamblea?
-Se acordó, entre otras cosas, que está prohibida la venta de licores y las fiestas en el urbanismo, pues no es momento de celebración, que los vecinos que no quieran volver les será respetado y que sus apartamentos estarán protegidos, se hizo un llamado a la unidad sin distinción política y se instó a los vecinos a cuidar lo que colocan en sus redes sociales, porque corren el riesgo de ser juzgados por la Ley.
CRT, su hija y sus dos gaticas lograron salir de Ciudad Tiuna aquella madrugada fría y tenebrosa. Atrás dejaban unas instalaciones hechas añicos, y los cuerpos de los héroes y mártires asesinados en este horrible acto criminal.
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