Rostro de mujer | Juana García
Una vida de militancia, principios y fe en la mujer venezolana
10/01/2026.- La memoria histórica de las luchas populares en Venezuela no se escribe solo en libros; se graba en la piel y en el testimonio de quienes dedicaron su vida a la transformación social.
A sus 72 años, Juana García no solo cuenta su vida: narra la historia viva de la lucha social en el país. Integrante del Movimiento de Mujeres Clara Zetkin (afiliado a la Federación Democrática Internacional de Mujeres) —FDIM— y del Comité de Solidaridad Internacional (COSI), Juana es el reflejo de una generación que forjó su temple en la resistencia y el internacionalismo.
Hija de Cleofe García, un panadero fundador de sindicatos, Juana creció en un hogar humilde pero unido. "Mi padre fue mi ejemplo a seguir; su rectitud y sensibilidad me marcaron", recordó. Esa influencia la llevó a las filas de la Juventud Comunista a la temprana edad de 12 años.
Su "bautizo" político ocurrió un 12 de febrero, Día de la Juventud. Siendo aún menor de edad, fue víctima de la represión policial en la parroquia de Coche mientras esperaba a sus compañeros. Esa violencia, sumada a los recuerdos de su adolescencia en El Valle —una "zona roja" asediada por allanamientos y detenciones en los años 60 y 70—, sembró en ella una convicción inquebrantable contra la injusticia.
Como parte de la directiva del Instituto Venezolano de la Amistad, Juana fue puente de solidaridad con procesos revolucionarios en Nicaragua y Cuba, donde conoció de cerca a Fidel Castro. "En Cuba vi humanismo y la defensa de un proceso", rememoró.
En el marco del encuentro con Rostro de mujer, relató su experiencia representando a Venezuela en espacios internacionales como la Federación Sindical Mundial en Bélgica, donde intercambió saberes sobre reivindicaciones obreras.
Ella reconoció que su camino fue guiado por gigantes. Evocó con especial cariño a Olga Luzardo, de quien aprendió la rectitud y la pedagogía política. También rindió tributo a Amelia Blanco y Carmen Conzoño, nombres que hoy bautizan centros de salud y escuelas, pero que para ella fueron, ante todo, maestras de vida.
A pesar de no haber podido culminar sus estudios debido a las carencias de su infancia —teniendo que trabajar desde los 15 años—, Juana se define hoy como una mujer realizada. Para ella, el desafío más persistente sigue siendo la lucha contra la discriminación y la violencia de género: "Si no hubiese discriminación, tendríamos un mejor país", reflexionó. Sin embargo, su mensaje para las nuevas generaciones es de esperanza y firmeza: "No abandonen la lucha; porque es larga… además, nosotras somos capaces".
Al ser consultada sobre cuál es la clave del éxito, expresó que "se fundamenta en la constancia inquebrantable que permite persistir cuando otros desisten; en una honestidad radical que construye una reputación de confianza; y, sobre todo, en esa sensibilidad profunda que, lejos de ser una debilidad, es su mayor ventaja competitiva para entender el entorno, conectar con los demás y liderar con propósito".
Hoy, Juana García se describe como una mujer pacífica, alegre y profundamente amigable. No busca ser recordada como una heroína de bronce, sino como la mujer generosa que tendió la mano en la calle.
"He hecho lo que mi conciencia me ha dictado", concluyó con la serenidad de quien ha dedicado 60 años de su vida a los derechos del pueblo. Su mirada, proyectada a futuro, sigue siendo la misma: trabajar por una Venezuela mejor para sus dos hijos, sus tres nietos y para el relevo que ya recorre los pasos que ella ayudó a abrir.
60 años de resistencia y amor por la causa de la mujer
Nirman García Berbeo
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