Palabras... | Objetividad convulsa en medio de la historia que vivimos
09/01/2026.- Ataque imperial a la República Bolivariana de Venezuela o declaración de guerra contra el derecho internacional.
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Desprendámonos y vivamos, en lo posible, siendo coherentes con lo que cada sentipensante quiere aportar al duelo y a esta afrenta mundial. Nada es en absoluto inamovible en el centro del golpe. Hay derecho a violentarse para saciar la ansiedad, ¿pero a quién beneficia? Por eso, propongo precaución. Creo que hay que esperar andando para ganar tiempo, reorganizarse y comprender mejor, porque la geopolítica es movimiento permanente y determina cualquiera de las negociaciones. De la misma forma, la guerra en desventaja te impone tener sangre fría; si no, lo visceral nos borra del porvenir.
En este contexto, las negociaciones y argumentos son secretos por cautela y hasta la verdad se vuelve guabinosa en el desacato, terminando por depender del tiempo aliado y los reacomodos sigilosos para no alertar al colono mayor. Todo el que huye del dolor no excluye que vaya contra el enemigo. Eso es tal porque las ofrendas necesitan capacidad de movimiento cuando se estrechan los cercos de la muerte, sea del imperio o los pueblos, en tanto que el enemigo herido es imperial y no un de tú a tú. De ser contraatacado, tiene que ser con nuevas tácticas, estrategias y su misma medicina tecnológica, que por lo pronto no tenemos, pero sí ciertos aliados con hegemonías posesionadas, hechas también en silencio, e igualmente capaces de intimidar a cualquier poder enloquecido.
Entendemos, en razón a como se mueve el tableteo del escenario en el mundo economicista global y del negocio, que el petróleo no es para el consumo imperial exclusivamente, sino también para intentar suplir el paragua del dólar, desasistido por el vencimiento del acuerdo firmado entre Arabia Saudita y Estados Unidos en 1974, tras la crisis del petróleo del año anterior. Se estableció el sistema del petrodólar, es decir, el petróleo se vendería en dólares a cambio de seguridad militar para Arabia Saudita. Pero la partida del garante Saudita de dicho acuerdo ya va vía los Brics, moviéndose hacia otros poderes emergentes y más ajustados al derecho sensiblemente confiable; dando factibilidad y sustento al mundo multipolar y zafándose del sistema financiero internacional occidental; dejándolo en pataleos de ahogao. Debido a que sin petrodólar saudí, el imperio carece de la garantía internacional que le da valor al papel del dólar, se explica la compra desaforada de oro en el mundo por China, Rusia y la India, siendo quizás la probable nueva garantía de los Brics.
Así se desvía de lo occidental el garante del acuerdo del petróleo en dólares: Arabia Saudita. Tambalea la hegemonía financiera diseñada en Bretón Woods. Se refiere a la conferencia de 1944 en Nuevo Hampshire, EE. UU., donde se instaló el sistema monetario internacional post-Segunda Guerra Mundial, anclando las monedas al dólar, internacionalmente, y el dólar al oro, fundando el FMI y el Banco Mundial y obligando a que toda transacción por el petróleo debía ser pagada en dólares. Dicho acuerdo ha vencido, causando agonía tras el blanco letal de metodologías misilísticas de otro calibre.
En este panorama, Venezuela prevé sumarse a esta garantía, pero para fortaleza de los Brics, que junto con Irán poseen el 32 % de la papa caliente global. Queda la República Bolivariana de Venezuela expuesta, de este lado del continente americano, a los avatares de la administración del Pentágono y el sionismo internacional, y no bajo la sombra del hombre del tomate rojo en la nariz, sino del Estado Profundo.
Es un escenario peligroso, en cuanto tal desfase presagia que con el petróleo venezolano se pretende sostener la caída del sistema financiero imperial.
De ahí que hay que abrir los ojos a lo que sucede en el mundo global, referente a que si una mariposa mueve sus alas desde el nido de la flor en Beijing para reconocer la infraestructura del porvenir, de este lado de América del Sur, que también existe, moverá la rama de la flor para que algo del código de ese perfume nos diga que no todo el color de la vida está perdido.
Eso explica la desesperación delictiva imperial al secuestrar a la pareja presidencial, a pesar de la inmunidad que dan los tratados internacionales, para llevar a cabo expresamente la extorsión ya en proceso, referida al pago del rescate en millones de barriles de petróleo —entre 30 y 50 millones de barriles, lo que llevaría años en materializarse—, o despedazan a los cautivos si no se accede a la entrega del botín, como presiona todo delincuente. Lo que descifra poner al Estado venezolano contra la pared y al servicio de las exigencias y órdenes de los secuestradores, lo que tras la pared también ayuda a ganar tiempo en pleno riesgo, como en todo secuestro. Además de asesorarse con los aliados y expertos sobre las alternativas de resolución del caso.
Mientras, decisiones globales avanzan y presionan fuertemente a los delincuentes imperiales, tanto venidas de gobiernos poderosos como de los pueblos del mundo. Inclusive, dentro de Estados Unidos, de donde presagiamos que vendrá la presión complementaria para la debacle del imperio, vistas ya en las protestas masivas en diversas ciudades de EE. UU., el debate en el Congreso norteamericano y en los altos estamentos de la Corte Suprema de Justicia y tribunales anexos, o finalmente por cualquier vía al intermediario del poder sionista en defensa de la Constitución de EE. UU.
China, por ejemplo, condenó el secuestro y ha tomado medidas estratégicas sólidas que afectan más que lanzar un tiro. Vendió masivamente bonos del Tesoro de EE. UU., lo que significa seguir afectando el valor del dólar, depreciándolo cada vez más, causando desconfianza en esa moneda y cambios drásticos negativos en la economía imperial global. Amanecerá y vamos viendo.
Carlos Angulo
