Un mundo accesible | Familia y salud mental
Imposición sanguínea o lazos selectivos

09/01/2026.- La mayoría de la gente juzga por las apariencias externas y las máscaras sociales, mientras que solo unos pocos logran ver la verdadera esencia y carácter de una persona, más allá de lo que se muestra en la superficie. Esta idea resalta la importancia de la percepción pública frente a la realidad privada, un concepto central que hoy tiene lugar en este artículo, pues gestionar las apariencias, las falsas sonrisas y la carencia de problemas son pilares de conexión fundamental cuando se habla de un ambiente familiar. Después de todo, las grandes mayorías no ven más allá de lo que aparentamos ser, mientras que solo un grupo muy selecto, que en verdad te conoce y se interesa por ti, te procura lo mejor y te tiende la mano en buenos y malos momentos.
Solo a ese selecto grupo de personas lo considero familia. Ante mis ojos, no es una imposición que estemos destinados a seguir. Nuestro destino y nuestros vínculos se construyen día tras día, con las variantes superficies del largo sendero que se encuentra bajo nuestros pies.
Cuando los prejuicios y las ideologías radicales se apoderan del pensamiento colectivo, profiriendo una inimaginable colección de falacias, mientras que unas pocas minorías mantienen sus ojos abiertos ante la realidad, sin importar lo dura que sea, al no presentar garantías de las mentiras musicales que los primeros añoran escuchar, los segundos suelen ser constreñidos al mutismo. La verdad que no genere simpatizantes en masa se convierte en una víctima sacrificable que no tiene cabida en el mundo de mentiras que han construido los primeros.
Los pilares de una familia ciertamente son conmovedores. Sin embargo, he experimentado en primera persona cómo aquellos que constituyen nuestra ascendencia pueden llegar a ser incapaces de amarnos con la suma total de nuestras virtudes y defectos.
Tarde o temprano, todo individuo encuentra un consuelo indescriptible al sentirse amado. Existen vínculos que pueden trascender la sangre; individuos que no juzgan ni reducen tu complejo vivencial. Al contrario, una y otra vez tienden su mano ante la adversidad y, entonces, cesa la autocensura a la que otros nos orillan.
Entender que no toda familia proviene de un lazo sanguíneo es un rasgo esencial y evolutivo; tarde o temprano la vida nos sorprende y alecciona al respecto. Tras medirte de acuerdo con la validación de individuos que no te aceptan, es lógico que, con el pasar de los años, el deseo de mostrarnos ante otros justo como somos surja, inclusive en los ambientes más tóxicos. Naturalmente, con el desarrollo de la inteligencia emocional, quedamos vinculados a una especie de punto de inflexión y empezamos a discernir quiénes nos hacen sentir de verdad justipreciados y quiénes infravaloran nuestras luchas. De esta manera, cultivamos una imperturbable, egoísta y falaz "zona de confort".
Tras una suma de experiencias, resulta inevitable comprender ciertos principios que corresponden con la madurez intelectual que hemos desarrollado. Es entonces cuando, con gran vehemencia, se enciende una llama que arderá implacablemente cuando el adaptarse a un ambiente implique traicionarnos a nosotros mismos. Lo haremos bajo el pretexto de ser aceptados de acuerdo a los estándares de una suma de individuos que, inmersos en su propio mundo, no hacen más que ver hacia el lado donde el césped se encuentre más verde. Poco les importa herirte si con ello pueden fingir que nada sucede a su alrededor.
Quien te ama con autenticidad no condiciona sus sentimientos a una suma de acciones simplistas. En lugar de apresurarse a emitir una sentencia o juzgar desde lejos una trayectoria que no le corresponde, observa de cerca tus luchas, intentando empatizar y comprender a quien se encuentra más allá de su perspectiva. Reflexiona sobre tu sentir. Se pregunta cómo puede darte aliento, incluso si dicho complejo vivencial le resulta ajeno o distante. Después de todo, hasta la verdad más dura sigue siendo verdad, y lo menos que podemos hacer es afrontar dicha situación con la valentía requerida, sin recurrir a la negación como mecanismo de defensa para invalidar cualquier situación que nos genere algún tipo de angustia o preocupación.
Comprender que no todo el mundo merece un asiento en la mesa de nuestra vida es un aspecto fundamental que repercute con inmediatez en nuestra salud mental y nuestra capacidad para preservar los principios que en el momento presente cultivamos y proferimos.
Angélica Esther Ramírez Gómez
