BORRADOLamemoriaesnuestratrinchera ante el guión de la "Lanza del Sur"

Somos el epicentro de una agresión que no es nueva pero que ha trasmutado sus formas

El secuestro del presidente Maduro y su esposa Cilia no quedará impune.

 

09/01/26.- La memoria es un ejercicio de resistencia, un latido vital que nos impide sucumbir al olvido. Hoy, cuando los vientos imperiales pretende agitar las aguas de nuestra soberanía, es imperativo mirarnos en el espejo de un pasado que no termina de pasar.

Mientras los centros de poder en el Norte desempolvan viejos mapas y diagraman lo que han bautizado como la "Operación Lanza del Sur", desde esta Caracas rebelde nos toca afilar la pluma y la memoria.

Es la memoria, en este nacimiento del año 2026, nuestra arma más poderosa para defender la paz y la soberanía que tanto nos ha costado construir. Venezuela se encuentra hoy en el epicentro de una disputa que no es nueva, pero que ha transmutado sus formas.

Aunque el imperialismo intente editar sus páginas con la misma tinta de sangre de hace setenta años, la historia no miente. El rastro de la bota imperial en Latinoamérica no es una teoría; sino una cartografía del horror. Lo que hoy intentan dibujar como una "transición" o un "cambio necesario", ya lo vivimos bajo otros nombres, pero con el mismo objetivo: el control de nuestros recursos y la transmutación de nuestra dignidad en dependencia.

El informe sobre la "Operación Lanza del Sur" no es solo un documento estratégico; es la actualización de aquel guión de infamia que ya vimos en Guatemala, en Chile y en El Salvador.  Lo que enfrentamos es el mismo pulso de hegemonía que, décadas atrás, financió a los "Contras" en Nicaragua o desembarcó marines en República Dominicana.

Operación Lanza del Sur: ¿Un nuevo Plan Cóndor?

El imperio en el Caribe: intentó hacer creer que luchaba contra el narcotráfico.

 

Si en el siglo XX la excusa fue el fantasma del comunismo para instaurar dictaduras militares, en este 2026 la excusa de una supuesta lucha contra el narcotráfico y la retórica de la "transición" busca, una vez más, quebrar el hilo constitucional de Venezuela para favorecer intereses que no hablan nuestro idioma.

El paralelismo es doloroso, es la misma intención de controlar los recursos, antes fue la United Fruit, hoy es el crudo y los minerales estratégicos de nuestro suelo, bajo el manto de un caos inducido, de una arquitectura de erosión sistemática que se repite: asfixia económica, financiamiento de grupos irregulares y, finalmente, el zarpazo militar.

Pero los venezolanos no perdemos la memoria y la historia nos ha enseñado que el "apoyo logístico y económico" de EEUU deja tras de sí una estela de muertos, como en la Guatemala herida, o miles de torturados como en el Chile de los setenta.

Venezuela no es un patio trasero, es el latido vital de un continente que ha aprendido a leer entre líneas. La resiliencia de nuestro pueblo frente al asedio se fundamenta en esa memoria histórica que hoy rescatamos. No permitiremos que se transmute nuestra esperanza en una nueva cifra de desaparecidos dentro de una versión moderna del Plan Cóndor.

Frente a la intención de reescribir nuestro destino desde las oficinas en el Norte, nos plantamos con la identidad de quien se sabe dueño de su suelo. Somos testigos de cómo la "Operación Lanza del Sur" se estrella contra un muro de conciencia histórica: un pueblo que recuerda el horror de las dictaduras impulsadas por la CIA es un pueblo que no se deja arrebatar su alborada.

El ADN de la intervención

Caracas tiene memoria.

 

Recordamos que el ADN de la agresión es inmutable. Fue la CIA la que en 1954 segó la primavera de Guatemala porque el presidente electo Jacobo Árbenz se atrevió a tocar los intereses de la United Fruit Company. El resultado fue 36 años de una guerra civil que nos dejó 200 mil muertos y una cicatriz que aún supura en el corazón del istmo.

Ese mismo pulso genocida orquestó el asesinato de Salvador Allende en Chile, y financió a los "Contras" en Nicaragua, sumiendo a pueblos hermanos en décadas de guerrilla y miseria económica. No fueron errores de cálculo; fue la aplicación sistemática de una hegemonía que trata a nuestro continente como su patio trasero.

Al analizar el informe de la Operación Lanza del Sur, los paralelismos con el Plan Cóndor son asombrosos y aterradores. Ya no solo son militares entrenados en la Escuela de las Américas o agentes como el infame Dan Mitrione enseñando métodos de tortura en Uruguay y Brasil. Ahora, la guerra es multiforme, pero el núcleo es el mismo: socavar la voluntad popular para instalar regímenes a la medida de Washington.

Aquel apoyo logístico que derrocó a Joao Goulart en Brasil o a Evita Perón en Argentina es el antepasado directo de las presiones que hoy, en pleno 2026, buscan fracturar el hilo constitucional venezolano.

Caracas tiene memoria. La resiliencia de nuestro pueblo no es una palabra vacía; es la síntesis de décadas de lucha contra el asedio. Si bien el imperio insiste en su arquitectura de caos y sufrimiento, nosotros nos plantamos con la identidad de quien conoce el precio de la libertad.

La historia nos enseña que siempre que Estados Unidos ha pisado suelo latinoamericano, ha dejado destrucción y desolación. Por eso, ante la sombra de la "Lanza del Sur", nuestra respuesta es la conciencia. No somos el patio trasero de nadie; somos la vanguardia de una América que decidió, de una vez y para siempre, ser dueña de su propio destino.

Hoy el objetivo no es distinto, pero un pueblo que conoce su historia es un pueblo invencible. Cambian los rostros, pero el hambre de hegemonía sobre nuestros recursos, el petróleo que late bajo nuestro suelo, el arco minero y nuestra posición estratégica; sigue siendo el motor del imperialismo.

Para entender el presente, hay que desandar el camino de la infamia. Por eso nos vemos en el espejo de las venas abiertas. Lo que pretenden presentar como el "fin de un ciclo" o la caída inevitable del Gobierno Bolivariano de nuestro presidente Nicolás Maduro, no es más que la actualización de una arquitectura que nuestra región conoce hasta el cansancio, aunque la maquillen con algoritmos y retórica de libertad.

Aquellos agentes como Dan Mitrione, que en los años 70 asesoraban en métodos de tortura y represión en Uruguay y Argentina, hoy tienen sus herederos en los laboratorios de guerra psicológica que intentan fracturar nuestra paz ciudadana a través de una sofisticada guerra híbrida. Pero no han podido, ni podrán arrebatar nuestra memoria ni acabar con la Revolución Bolivariana. 

SABINA DI MURO / CIUDAD CCS


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