Templanza económica | La patria acechada
100 mártires, el presidente y su esposa prisioneros de guerra y vulneración de la defensa
09/01/2026.- “Es común [creer] que la historia de la civilización sea en gran medida la historia de las armas... las épocas en que el arma dominante es cara o difícil de fabricar tienden a ser épocas de despotismo, mientras que cuando el arma dominante es barata y sencilla, la gente común tiene una oportunidad. Un arma compleja hace más fuerte a los fuertes, mientras que un arma simple —siempre que no haya respuesta— da garras a los débiles”. George Orwell, Tú y la bomba atómica, 1945.
La patria bolivariana ha recibido la más profunda herida de guerra en sus 216 años de historia republicana. Al amparo de la oscuridad, con sanguinario ensañamiento de corsario, el imperio ejecutó un doble golpe artero: averió un costoso nicho de defensa aérea venezolano y, tras interrumpir el sueño madrugador de la nación, tomó como prisioneros de guerra al presidente constitucional y a su esposa, asesinando a 100 patriotas entre militares en funciones y civiles en sus hogares.
Aplicando la doctrina Donroe, término que fusiona el estilo mafioso de “Don” Trump con la injerencia histórica de la Doctrina Monroe, el enemigo pretende pulverizar con fuerza bruta la dignidad del pueblo de Bolívar y Martí. Hoy, el péndulo histórico favorece los intereses del capital transnacional, que impone sus designios mediante sofisticada tecnología bélica movida por las más primitivas ambiciones.
Las revistas especializadas describen el ataque ordenado por Donald Trump, bautizado Operation Absolute Resolve (Operación Resolución Absoluta), como un despliegue sin precedentes de equipos bélicos y tecnología de punta: 150 aeronaves con dispositivos de guerra electrónica y señuelos avanzados. Frente a esta agresión asimétrica, la respuesta heroica de nuestra joven generación de guerreros, sacrificada en las líneas de defensa del territorio, se alza como un acto de sublime entrega.
La presidenta encargada ha declarado que, pese a la ignominiosa mancha infringida a las relaciones con Estados Unidos, Venezuela permanecerá en la senda de la diplomacia de paz, sin olvidar la afrenta. En otro artículo abordaremos las verdaderas motivaciones de este ataque, enmarcado en la reconfiguración geopolítica más profunda desde la Segunda Guerra Mundial. No olvidamos la profética sentencia del Libertador sobre las veladas intenciones del vecino del Norte, ocultas tras la fachada de la libertad, ni la advertencia del Che sobre ese traicionero vecino dirigido por un matón de barrio y un funcionario tarifado de ExxonMobil.
El proceder del Comando Sur fue de una letalidad excesiva y premeditada, desproporcionada. Desde Puerto Rico despegaron 10 cazas furtivos F-22 Raptor, equipados con tecnología para lanzar señuelos que simulan formaciones completas y saturan los radares de nuestros sistemas S-300 de origen ruso, forzándolos a revelar sus posiciones. Con esos datos se trazaron mapas electrónicos en tiempo real, priorizando la neutralización de cada batería antiaérea antes de que pudiera iniciar un ciclo de respuesta.
La supresión se ejecutó mediante contramedidas electrónicas para impedir el lanzamiento efectivo de misiles. La fase final fue la destrucción física de la infraestructura de radares y las baterías. El sistema del F-22, con su antena de barrido electrónico, detecta capacidades a más de 200 km, retroalimentando la información entre todos los aviones para lograr la neutralización simultánea que, lamentablemente, se consumó.
Cada dispositivo de defensa destruido incluyó el asesinato de jóvenes soldados patriotas que, de forma heroica, cumplieron su deber hasta el último aliento, pagando con su vida y su integridad física la desproporción del fuego enemigo. El daño material al sistema de defensa fue respondido con una valentía que logró averiar al menos una aeronave enemiga, a costa de la casi desintegración física de nuestros combatientes, hombres y mujeres valientes. Indescriptibles imágenes de cuerpos despedazados recorren las redes y nos interpelan: queda una deuda moral con esa estirpe guerrera bolivariana bicentenaria.
Frente al desproporcionado despliegue del desquiciado Goliat hegemónico, quedan dos tareas para curar las heridas de la perfidia:
1. Guardar los 7 días de duelo, honrando el sacrificio material y espiritual de los mártires del 3 de enero, aprendiendo la lección para buscar métodos de defensa complementarios a nuestro blindaje diplomático de paz.
2. Multiplicar la exigencia hasta el retorno a casa, sanos y salvos, de nuestros líderes, secuestrados cual prisioneros de esta guerra no declarada por el capital transnacional.
El enemigo amenaza con nuevas incursiones porque el David bolivariano incomoda a su vecindario. Conocemos esa excusa: la usan para justificar una voracidad material insaciable, voceando un supuesto “destino manifiesto” que no es más que la máscara del saqueo.
Marcial Arenas
