Pluma acústica | El songo y la timba
Los primos "superdotados" de la salsa

08/01/2026.- Cuando hablamos seriamente de música afrocaribeña y de su tierra más fecunda, Cuba, tenemos que bajarnos de esa nube de que "todo lo que suena a trompeta y cuero es salsa". La música cubana no es un bloque estático. Es un organismo que muta, que se mete en el barrio y sale con un atuendo nuevo. En esa evolución, el songo y la timba son, básicamente, el papá y la hija rebelde que decidieron no seguirle el libreto a la salsa neoyorquina de los años setenta.
Para entender qué pasó en el corazón de la música cubana a partir de los años setenta, hay que entender que mientras afuera se cocinaba el fenómeno de la Fania, en la isla se estaba gestando una revolución rítmica que iba a cambiar las reglas del juego.
El songo: el Big Bang de Juan Formell

La historia empieza con un tipo que era un visionario total: el bajista y director de orquesta Juan Formell. Cuando fundó Los Van Van en el 69, no quería seguir tocando el mismo son montuno de los abuelos. Se dio cuenta de que el son tradicional necesitaba un corrientazo. No bastaba con la clave de siempre; hacía falta algo que reflejara el sonido del mundo, hacían falta el rock, el funk y el jazz.

Ahí es donde entra el genio de José Luis "Changuito" Quintana en la percusión. Estos tipos agarraron la batería, un instrumento que en la salsa era casi un pecado, y la mezclaron con las congas. El resultado fue el songo, un ritmo que no camina, sino que brinca. Una evolución del son montuno que introdujo, además, el uso de instrumentos eléctricos como bajos y sintetizadores, y una sección de percusión más agresiva y polirrítmica.
Es una vaina muy sabrosa porque no es tan rígida como la marcha de la salsa. Tiene un aire de rumba callejera, pero con una elegancia donde el bajo eléctrico no solo marca el tiempo, sino que canta. El songo fue el puente, la pieza que sacó a Cuba de lo tradicional y la lanzó a la era moderna.

La timba: cuando el barrio se puso "bravo"
Ya para los años noventa, la cosa se puso más pesada. Cuba estaba pasando por el Período Especial y la música reflejó esa tensión. En ese contexto, nace la timba. Si el songo era el papá moderno, la timba es la hija que se fue a estudiar al conservatorio, pero vive metida tocando en un solar de La Habana. La timba no es solo música; es una actitud. Es el songo llevado al extremo del virtuosismo y la agresividad bailable.

La timba le robó al songo el uso de la batería y el bajo protagónico. Agrupaciones como NG La Banda o la Charanga Habanera tomaron la base del songo y le metieron esteroides. La timba se hizo más agresiva, con cortes de metales que te dejan loco y una sección rítmica que ellos llaman "la bomba", donde todo se detiene para que el bailador haga lo que quiera. Es un sonido vigoroso, virtuoso, agresivo y con una lírica que es pura crónica del barrio cubano, donde hasta el hip hop se integra. Si el songo invita a mover los pies, la timba obliga a desarmar la cintura.

La salsa y la timba se observan como "gallina que mira sal"
La salsa, la de Nueva York, la de Puerto Rico y la nuestra, se quedó, en gran parte, fiel a la estructura del son de los años cincuenta con toques de jazz. La salsa es como un carro clásico bien pulido: elegante y predecible. En cambio, el songo y la timba son como un carro de carrera último modelo, con full inyección y alerones para no salir volando.
La relación es de tensión. Mientras la estructura de la salsa respeta mucho la clave 2x3 o 3x2 de forma rígida, la timba se toma libertades, juega con el ritmo y rompe los patrones. Si bien es cierto que la salsa influenció a los cubanos en los arreglos de metales, estos respondieron con una complejidad rítmica que a muchos salseros tradicionales nos cuesta hasta bailar.
La salsa tiene un clímax progresivo: tema, montuno, mambo y moña. Mientras, la timba tiene la "bomba", un momento donde, como mencionamos antes, la armonía para y solo queda el bajo y la percusión mandando, haciendo que el bailador se vuelva loco.
En los años ochenta y noventa, mientras el mundo se quedaba pagado con la "salsa erótica" o las baladas suaves, el songo y la timba mantuvieron encendida la llama del tambor. Nos recordaban que la música popular puede ser compleja, técnica y, al mismo tiempo, un zaperoco total para gozar en cualquier esquina. Mientras la salsa se hacía más comercial, Cuba seguía experimentando en el laboratorio del barrio.
En fin, la timba y la salsa son ramas de un mismo árbol llamado son. La diferencia es la intensidad y la técnica. La salsa es la crónica musical del Caribe urbano, la vivimos a diario, mientras la timba es para quien quiere sentir la polirrítmia en la sangre, para quien no se conforma con marcar el paso. La timba es el songo evolucionado, y ambos son los primos "superdotados" de nuestra querida salsa.
Kike Gavilán
