Historia viva |Presidente Nicolás Maduro: la dignidad no tiene barrote
07/01/2026.- El presidente Maduro ahora se convierte en símbolo de la dignidad latinoamericana. El pasado viernes 2 de enero de 2026, un día antes del secuestro del presidente de Venezuela y su esposa, un amigo me preguntó cuál fue el calabozo del Cuartel San Carlos de Caracas donde estuvo secuestrado el diputado del partido socialista MEP, Salom Meza Espinoza, desde 1976 hasta 1978. La información no era fácil recordarla, a pesar de las frecuentes visitas que hacíamos a este honorable revolucionario venezolano; luego preguntamos al profesor Henry Navas Nieves, quien también fue prisionero político de Carlos Andrés Pérez en ese mismo recinto lleno de presos políticos. La respuesta que dio Navas Nieves fue que el calabozo donde apresaron a Meza Espinoza era la celda A-1. En esa ergástula escuchábamos las historias de Salom sobre Nicolás Maduro García, padre del presidente Nicolás Maduro Moros, un caballero ético, digno y de una estatura moral comparable a su contextura física; así comenzamos a recuperar memorias sobre la personalidad política del presidente Maduro Moros, hoy un hombre que las circunstancias lo han convertido en sujeto histórico de la dignidad latinoamericana.
El presidente de la República Bolivariana de Venezuela no está preso, está forzosamente secuestrado por unos vandálicos terroristas asesorados por un desquiciado fanático anticubano y ordenados por un mandatario desvergonzado y artista de la mentira, como lo llamó Robert de Niro o como lo calificó Richard Gere: “Un niño con problemas de control”; yo agrego, con el perdón de los niños.
A Trump, con el secuestro de Maduro, se le complicó la escena política internacional porque no han “capturado” a un cualquiera, sino a un presidente de una nación soberana, que se ha elevado al plano simbólico de un preso político en una dimensión cuyas consecuencias, que ahora son impredecibles a pesar de la violación del derecho internacional, no serán fáciles para el Gobierno de Estados Unidos las próximas horas cuando comiencen las presiones internacionales de China y Rusia para hacer justicia ante la voracidad expansiva del imperialismo norteamericano.
Nicolás Maduro, por mandato de la Constitución, asumió la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela en 2013 y fue ratificado por el pueblo de Venezuela en 2024. En la misma proporción, los laboratorios de guerra contra Venezuela reajustaron sus cañones mediáticos de guerra al nuevo blanco de tiro: Nicolás Maduro Moros. Durante doce años, él ha hecho lo que le correspondió como presidente de una nación soberana y colocó a Venezuela y a su pueblo en sitiales dignos; ahora este luchador popular se ha convertido en un símbolo de la dignidad histórica, a pesar de que los gobiernos de EE. UU. y la Comunidad Europea han realizado acciones violentas contra Venezuela, hasta este extremo de obligarlo a una entrega forzada para evitar más derramamiento de sangre del pueblo venezolano.
El destino puso a Maduro en un nuevo desafío en el mapa político de Suramérica y ahora lo catapulta a una épica histórica; se cae la matriz de la traición que está promoviendo el enemigo como recurso cognitivo y se impone la de la dignidad de un pueblo que se moviliza y genera un efecto similar en todo el mundo.
Aldemaro Barrios Romero
