Punto y seguimos | La mente es un frente de guerra

06/01/2026.- "Nadie aprende en cabeza ajena", dice el refrán. Es cierto. Lo que no experimentamos, aun con raciocinio y empatía, no se compara a aquello que vivimos en carne propia. Ver caer bombas en tu ciudad es una de esas experiencias que te ubica en el grupo de los que saben, de los que realmente saben. En un instante, te hermanas desde los tuétanos con aquellos que viven o han vivido el horror del sonido de aviones que no puedes ver, pero sí, sentir; con aquellos que han visto el resplandor naranja de una explosión y las columnas de humo. Ningún vídeo hace justicia. Ninguna foto. El sonido retumba en la base del cráneo. Saber que no es resultado de un accidente, sino de la decisión de otros —de extranjeros, de gentes que se creen nuestros dueños— solo lo hace peor.

Pasa un tiempo hasta que mediodefines lo que sientes: eres la víctima de una agresión. Ser víctima de algo no es igual a victimizarse, sino asumir la violencia que se ejerció contra nosotros; contra nuestro cielo, nuestra tierra, nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestras decisiones, nuestros derechos. Nos violentaron y es difícil encajar las múltiples sensaciones —a veces contradictorias— que acompañan a un acto de esta clase. Hay miedo, mucha rabia, hay dudas, hay ansiedad, pero también hay claridades. Las cosas pequeñas pierden importancia. Resalta solo lo grande, lo verdaderamente grande: los conceptos de vida, patria, soberanía, nación y ciudadanía salen del papel, de la teoría, de la idea racional que teníamos al respecto y se amplían en nuestros sentidos. Los sentimos, hasta en las vísceras...

En ese estado de dolorosa gracia, nos enfrentamos, además, a una avalancha de basura informativa; a todo el espectro del exceso de datos de las redes, martillándonos la psique. Hay que hacer pausas por varios minutos al día, porque la cantidad de contenidos no nos permite pensar con lucidez en los tiempos en que más lo necesitamos. Pensar críticamente es ahora más vital que nunca. No se crea todo lo que le mandan por WhatsApp. No pase más de ocho horas en YouTube. Revise, verifique, analice. No comparta nada de fuente incomprobable. Mire si los audios o videos parecen hechos con IA. Converse y descarte opiniones no argumentadas. No reenvíe mensajes de la diáspora apátrida, que celebra que nos hagan daño. No les dé espacio a los que quieren ser un estado más de la Unión. Cuidar la mente es enfrentar la guerra psicológica y, aunque no parezca, una forma de defender la patria. Que no nos engañen. No hay pueblo vencido.

 

Mariel Carrillo


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