Letra invitada | Qué hacer. Cómo responder. Ahora nos toca probarnos
El pueblo ansía una contundente respuesta…
04/01/2026.- Me cansé de alertarlo en varios de mis artículos: "Presidente Maduro, no se exponga, no se confíe, que los gringos son arteros".
Ahora tenemos que ver las cosas con otros ojos…
Es necesario la movilización y la organización de las milicias, junto a las Fuerzas Armadas, en todas las actividades productivas y de defensa, para darle fuerza y vitalidad al poder popular, al tiempo de prepararnos ante otro ataque. Pero debemos, de algún modo, darle una contundente respuesta a esta infinita y desvergonzada agresión, y existen infinitos objetivos gringos ante nuestros ojos.
No podemos esperar a que nos den otro golpe de Estado, porque lo del 3 de enero fue un golpe de Estado desde el Departamento de Guerra gringo. Ahora el otro golpe vendría contra Delcy Rodríguez, para así procurar desmantelar políticamente el país.
Los gringos no quieren confrontación militar, sino la desintegración completa de nuestra estructura política, de nuestra Constitución, que no encontremos a qué asirnos, con esa sensación abrumadora de impotencia y desamparo, con perturbaciones de cambios inesperados en todo el aparato del Estado, que impida de hecho la organización social. Eso es algo que, de entrada, estamos viendo en algunos lugares, con el pánico creado mediante el desabastecimiento artificial y las inmensas colas para poner combustible, e incluso con la propia producción nacional.
Debemos declarar el país en estado de guerra o abiertamente nos debilitarán por lo más esencial. La producción nacional que no debe detenerse un instante.
Ahora sí es verdad que es necesario darle todo el poder al pueblo.
La sensación de impotencia y desamparo son dos elementos demoledores de la organización y de la conciencia social; es decir, debemos dar la seguridad de que contamos con un gobierno fuerte, capaz de inferirle profundos daños al enemigo.
Las acciones tienen que ser inmediatas. El pueblo las ansía. El pueblo está herido, ofendido y arrecho. Hay decenas de muertos, se llevaron a nuestro presidente, penetraron nuestro espacio aéreo, bombardearon puertos, aeropuertos y bases militares. Subsecuentemente, ha sobrevenido toda clase de preocupaciones: compras nerviosas, acaparamiento de alimentos y disparo en el precio de los artículos más necesarios.
No podemos esperar a morirnos con nervios de acero, calma y cordura, al tiempo que vemos a los gringos apoderarse de nuestra nación, de nuestras riquezas. Hay que responder al costo que sea, porque ya nos han asesinado a decenas de compatriotas civiles y militares, sin recibir ellos la más mínima pérdida o réplica de nuestra parte.
Es cierto que la desesperación es la peor consejera, pero así como ellos organizaron su mierda quirúrgica para hacernos el más grande daño llevándose a nuestro presidente, también nosotros debemos hacer nuestra propia acción quirúrgica, con arte y pericia, para darles a entender que no nos vamos a quedar de brazos cruzados esperando otro golpe, y que realmente estamos decididos a dar la vida todos nosotros, millones, por nuestra patria.
Esa debe ser una respuesta neta, formal y determinante para impedir que nos sigan atacando impunemente, con todo descaro, burla y desprecio. Es mil veces preferible dar la vida defendiéndonos que sufrir décadas de horrible colonización, esclavitud e indignidad humana. Ahí están estructuras gringas en el Caribe, con la ExxonMobil en Guyana. Ahí está el Canal de Panamá. Hagamos algo. Tenemos que hacer algo antes que ellos destruyan todo con lo que podamos defendernos y atacar, tal y como le hicieron a Irak. Acuérdense aquello que dijo Chávez, que si los gringos nos invadían, aquí comenzaría la guerra de mil años, total e infinita contra ellos. ¡Y nos han invadido!
Confieso que en este momento no deseo otra cosa que enrolarme en una gran guerra contra estos malditos gringos; dar mi vida en esta pelea. Deseo que me manden a cualquier frente para darles la pelea. No quiero vivir aherrojado, sufriendo este dolor, ni mucho menos la impotencia o el desamparo.
José Sant Roz
