Rostro de mujer | Una vida dedicada al servicio de los más vulnerables
03/01/2026.- La enfermería en Venezuela ha sido, históricamente, una labor de manos valientes y corazones dispuestos. Detrás de cada uniforme blanco hay una historia que nace en la sencillez del hogar y se transforma en una vida de entrega absoluta. Ser enfermera es el acto de convertir la sensibilidad en ciencia para aliviar el dolor y proteger la vida, incluso en los entornos más desafiantes.
La protagonista de esta entrega en Rostro de mujer es María Teresa Párima, una mujer que, a sus 95 años, se erige como un pilar de la enfermería en el país. Nacida en Onoto, estado Anzoátegui, su trayectoria está marcada por la excelencia, la vocación y un espíritu inquebrantable.
Su niñez transcurrió en un ambiente campestre, rodeada de once hermanos en el hato de su padre. Esa vida sencilla y en contacto con la naturaleza sentó las bases de su carácter. Su vocación despertó al observar la necesidad de asistencia en los demás, sintiendo siempre el deseo de "tenderles la mano para ayudarlos y aliviar su dolor".
A los 16 años, decidió formalizar su camino. Se graduó en 1951 en la Escuela Municipal de Enfermeras Los Laureles (El Paraíso), formando parte de la primera promoción de 51 egresados. Su dedicación fue reconocida de inmediato al recibir el Premio de Excelencia por su desempeño académico y labor social.
Solo dos días después de su graduación, comenzó su postgrado en anestesia en el Puesto de Socorro de Sala, lo que la llevó a trabajar en el Hospital José María Vargas. Al siguiente año, fue nombrada jefa del Servicio de Anestesia, cargo que ocupó hasta 1958. Posteriormente, desempeñó roles administrativos de supervisora, destacando su paso por el Hospital J. M. de los Ríos y, finalmente, por la Maternidad Concepción Palacios, donde culminó su carrera para pasar a ser jubilada.
Su longevidad y vitalidad son atribuidas a una vida sana (rica en vegetales), ejercicio diario y, sobre todo, a una profunda fe que la mantiene "fuerte" y nunca "achicopalada". Su cuñada la llama "la mujer de hierro" por su incansable energía, que a menudo supera la de los más jóvenes.
A pesar de su edad, María Teresa Párima, aspira a tener más tiempo para dedicarse a su familia y amistades. Con gran emoción, reflexionó sobre el honor de ser un referente nacional e internacional, algo que nunca imaginó, y bromea con que Dios le ha regalado una década más de vida de lo que había pedido originalmente.
Rememoró a la columna Rostro de mujer:
No tengo palabras que expresar. Nunca pensé que yo iba a llegar a esta edad. Recuerdo que, cuando tenía cincuenta años, un día le dije a Chuchito —Dios—: "Yo quiero que me dejes vivir hasta los 85, porque más, ¿para qué? Andando sin fuerza, voluntad ni poder hablar...", y aquí estoy, a mis 95. Ya me ha regalado diez más.
Su mensaje a la juventud es claro: estudiar una profesión y ejercerla con toda la ética posible. A las mujeres, les instó a ser "echadas para adelante", manteniendo siempre una posición de dama, educada, amable, y a darse siempre a respetar. Reconoció que a lo largo de su destacada labor la han acompañado valores como la lealtad, el respeto y la disciplina, dejando huella donde ha estado laborando.
Ella reiteró su deseo de volver a vivir todo, especialmente su profesión, pues considera a la enfermera como la persona que está directamente con el ser humano, "desde el nacimiento hasta cuando fallece".
Recientemente, recibió la prestigiosa medalla Florence Nightingale, el máximo galardón internacional de enfermería del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), por sus más de setenta años de servicio ininterrumpido y vocación en la Cruz Roja Venezolana, convirtiéndose en la primera criolla en obtenerlo.
Con una trayectoria histórica de 74 años al servicio de los más necesitados, hoy lidera la Dirección de Enfermería del Hospital Carlos J. Bello de la Cruz Roja Venezolana, donde continúa su labor humanitaria.
Finalmente, María Teresa Párima es sinónimo de entrega absoluta. Desde su labor en la tragedia de Vargas hasta su valentía frente al covid, su compromiso inquebrantable con los más vulnerables trasciende el tiempo. Hoy, su legado permanece intacto, consolidándose como inspiración y un referente imperecedero para la enfermería global.
El legado de una heroína: María Teresa Párima
Nirman García Berbeo
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