Pluma acústica | La Navidad salsera (parte III)

01/01/2026.- En esta tercera y última parte de nuestra serie Navidad salsera, queremos presentar otro disco de culto que en estas fechas no deja de alegrarnos ni de ponernos a bailar: Feliz Navidad, de Héctor Lavoe y Daniel Santos.

Este disco fue una colisión de dos épocas, dos estilos de bohemia y, sobre todo, una validación generacional, que se erige como un testamento de la cultura caribeña, uniendo la salsa neoyorquina con el bolero-son y la guaracha de la vieja guardia cubana.

En 1979, Héctor Lavoe, el Cantante de los Cantantes, estaba en la cúspide de su leyenda personal, aunque ya lidiaba con los demonios de sus excesos. Por otro lado, Daniel Santos, el Inquieto Anacobero, era la figura mítica de la música antillana; un hombre cuya voz había definido el sentimiento de La Sonora Matancera décadas atrás. Entonces, tiene lugar la grabación de este gran acierto de Fania Records.

Producido por Willie Colón, este álbum buscaba repetir el éxito de los volúmenes de Asalto navideño. Sin embargo, aquí el tono cambia. Ya no es solo la fiesta del barrio; es un tributo al maestro. Lavoe, quien siempre profesó una profunda admiración por Santos, se muestra respetuoso, aunque pícaro, casi como un alumno travieso que finalmente comparte tarima con su profesor. Este disco es, en esencia, un duelo de estilos: mientras Lavoe aporta la frescura, el fraseo callejero y la sagacidad del barrio neoyorquino, Santos entrega esa voz recia, dramática y nasal que recuerda a las rocolas de los años cuarenta.

Joven contra viejo… y viceversa

El tema Joven contra viejo es un ejercicio de metaficción musical. En la letra, Lavoe y Santos discuten sobre quién tiene más derecho a la gloria: la juventud impetuosa o la experiencia sabia. Es fascinante escuchar a Héctor llamar "maestro" a Daniel, mientras este último responde con la autoridad de quien ha vivido mil vidas. La pieza resume el respeto mutuo que permitió que este disco no fuera una lucha de egos, sino una armonía de talentos.

Monserrate es el ejemplo perfecto de esta química entre dos gigantes. En él, los cantantes intercambian versos con una naturalidad que hace olvidar que pertenecían a épocas distintas. La instrumentación, rica en metales y con una base solida, respeta la tradición del aguinaldo puertorriqueño, pero con la sofisticación de una orquesta de Fania.

En este disco es fundamental la participación de Yomo Toro en el cuatro puertorriqueño. La sonoridad característica de este instrumento evoca y da una sensación de continuidad con Asalto navideño. Además, participaron músicos de gran relevancia como Joe Torres, en el piano; Salvador Cuevas, en el bajo; Milton Cardona, en las tumbadoras, José Rodríguez y Papo Vásquez, en los trombones, entre otros grandes.

La carátula del álbum, otra genialidad de Izzy Sanabria, muestra a Héctor Lavoe disfrazado de bebé, montado en un coche, y a un San Nicolás que parece estar reprendiéndolo. Es una imagen divertida que da al traste con el tono pícaro de los pregones de ambos colosos.

Línea continua

Este álbum es fundamental, porque rescató la figura de Daniel Santos para una audiencia joven que solo conocía la salsa. Es un recordatorio de que la música del Caribe es una línea continua. Mientras que los discos navideños de Willie Colón se centraban en el "asalto" y la parranda urbana, la colaboración Lavoe-Santos tiene un aire de nostalgia y bohemia. Es el disco que se escucha cuando la rumba ha bajado de intensidad y queda el sentimiento puro. Es la Navidad celebrada desde el arte, el ron y el recuerdo.

Definitivamente, la voz aguardentosa y potente de Daniel Santos, junto a la dicción perfecta, el sentimiento hiriente y la agilidad verbal de Héctor Lavoe, crearon un documento histórico que sigue sonando en cada hogar caribeño cuando llega diciembre.

 

Kike Gavilán


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