Las dos orillas | ¿Qué es el Capitaloceno?

29/11/2025.- En el recientemente finalizado Congreso Mundial en defensa de la Madre Tierra efectuado en Caracas el 9 y 10 de octubre pasado, tuve la oportunidad de reencontrarme con varios afectos académicos: María Eugenia, Nicanor, Didier, Eglée y su compañero, del que nunca recuerdo el nombre, todos ellos utópicos dentro de la distopía ecológica actual.

A todos les pregunté sobre un concepto que puso a circular el exvicepresidente del todavía Estado Plurinacional de Bolivia, David Choquehuanca, uno de los más de 175 invitados internacionales que asistieron al evento. Me causó curiosidad el concepto. Uno, después de todo, no debe saber a pie juntillas toda categoría, todo concepto. Sé que es el Pleistoceno, como era geológica más larga de la humanidaḍ —del homo habilis al homo sapiens— sucedida por la era actual, la llamada Holoceno o de la civilización. La emergencia de la categoría Capitaloceno y la frecuencia con la que comencé a escucharla en boca de algunos de los alrededor de 2.700 asistentes al Congreso me generó la duda.

¿Con qué se come eso?

Ante la duda intelectual, decidí acudir a mis amigos ecologistas, agroecólogos y preocupados por el devenir del planeta. Claro, antes había consultado en el internet que uso en mi dispositivo, como buen ejemplo de esta etapa transhumana. Iba más o menos seguro, o por lo menos no iba a pasar pena. Las respuestas fueron casi exactas. Parecía haber accedido a un campo semántico muy común para estudiosos de estos temas.

Resulta que el término viene manejándose con mucha frecuencia en las últimas décadas y referencia el abordaje desde la ecología social emancipadora a la crisis ecológica global, vista desde una perspectiva crítica, anticapitalista y transformadora. Capitaloceno se relaciona con el concepto Antropoceno, responsable de la devastación ambiental a la humanidad en general.

El Capitaloceno vincula directamente al sistema capitalista como responsable de la destrucción ecológica y la injusticia social, y encarna un giro epistemológico del pensamiento de la izquierda contemporánea y para los defensores de una ecología social emancipadora. Es el capitalismo —sus lógicas de acumulación, explotación y expansión ilimitadas— el verdadero agente histórico que ha transformado radicalmente la relación entre sociedad y naturaleza.

Es indudable la relación entre la crisis ecológica actual y el capitalismo como sistema que promueve la privatización, el extractivismo y la mercantilización de la naturaleza. Los efectos los validamos en el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la desigualdad socioambiental. No es la humanidad en abstracto la que está llevando al planeta al límite de la sostenibilidad de la vida; es el sistema capitalista el que opera sin reparos a través de sus clases dominantes, las corporaciones transnacionales y los países del Norte Global, los que impulsan la devastación ambiental. Mientras tanto, y lo pudimos constatar en el Congreso, los pueblos originarios, las comunidades campesinas y los sectores populares del Sur Global resistimos y padecemos sus efectos.

Por lo tanto, el Capitaloceno no es simplemente una época geológica, sino una etapa sociohistórica caracterizada por la prevalencia del capital sobre la vida y la naturaleza. Es la era en que las relaciones sociales capitalistas han reconfigurado los ecosistemas, supeditado todo al mandato del mercado, la ganancia y la acumulación infinita.

Capitaloceno vs. vida y planeta

Frente a la inminencia del Capitaloceno, se están impulsando acciones que van más allá de la resistencia y esa especie de martirologio humano. Así me lo expresaron mis amigos y los compañeros con los que pude intercambiar. Surgieron propuestas como el ecosocialismo, el ancestral Sumak Kawsay (buen vivir en quechua), la agroecología y la territorialización ecológica, que son alternativas para trascender al capitalismo y constituir sociedades en las que la economía es gobernada por la supremacía de la vida sobre la ganancia. La propuesta de una democracia ecológica implica la participación activa de las comunidades en la gestión de sus territorios, la defensa de los bienes comunes y la soberanía alimentaria, lo que no dista mucho de parecerse al Estado Comunal que actualmente se está desarrollando en nuestro país.

Al final, la circunstancia actual no deja de expresar la oposición dialéctica entre el Capitaloceno y una sociedad en la que la naturaleza no sea mercancía, sino sujeto de derechos, y en la que la justicia ambiental y social son inseparables: el ecosocialismo, por ejemplo, propone la planificación democrática de la producción, la propiedad colectiva de los medios de vida y la redistribución justa de los recursos.

Así me lo hicieron saber mis amigos y quedó registrado en el documento central del evento cuando dice: “Denunciamos que el Capitaloceno —ese sistema que mercantiliza la vida— ha generado una fractura metabólica irreversible, convirtiendo ríos, bosques y seres vivos en commodities. Frente a esta crisis civilizatoria, no venimos a pedir migajas a los causantes del colapso climático capitalista, sino a imponer nuestras alternativas”. Esa fue la propuesta que se llevó a la reciente COP30 efectuada en Belem do Pará, al norte de Brasil, en la propia Amazonía.

 

Armando Carrieri 

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