Comentarios noticiables | La recompensa por Maduro y Cabello

La decadencia del imperio

30/08/2025.- El presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, desafía, en el contexto de una nueva guerra sucia contra la patria del Libertador Simón Bolívar, la recompensa de cincuenta millones de dólares por su captura. La misma fue ofrecida por el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.), con el cartel titulado Reward increase of up to ("Aumento de la recompensa hasta ahora"), colocado en una valla en la frontera con Colombia, aparecido el pasado sábado 23 de agosto de 2025. El anuncio lo hizo la portavoz de la Casa Blanca, Pamela Bundi, al estilo de los cazarrecompensas del viejo Oeste, sin presentar alguna prueba. Con esto se pretende culpar en parte al primer mandatario venezolano del alijo de la droga que llega a su país procedente de Colombia, lo cual constituye una acusación falsa.

Todo este relato se cae por su propio peso. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), en el contenido de su Informe Mundial 2025, ratificó que Venezuela es un país libre de cultivos y libre de laboratorios de drogas y otras sustancias similares. La lucha contra las drogas y otros delitos conexos en nuestro país es tratada con toda la contundencia de las leyes de la república. Así lo ha explicado con mucha precisión el vicepresidente sectorial de Seguridad Ciudadana y Paz, Diosdado Cabello, quien afirmó la neutralización de más de 450 aeronaves provenientes del país vecino que servían como transporte de drogas; la destrucción de pistas de aterrizaje, la captura de lanchas y minisubmarinos y el exterminio de campamentos de laboratorios. En total, han sido incautadas más de 57 toneladas de drogas y otras sustancias similares provenientes de Colombia, en lo que va de año. También, en lo que respecta al terrorismo, Venezuela, en su lucha contra esa estrategia militar y/o paramilitar, ha capturado una cantidad de armamentos (más de 500 fusiles modernos y otros tipos de armas, de procedencia norteamericana). Por ahora, hay 19 detenidos entre extranjeros y nacionales.

El Estado venezolano, bajo la dirección de los cuadros revolucionarios, el presidente Nicolás Maduro y el ministro del Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, ha esclarecido rigurosamente las acciones contrarrevolucionarias, sus antecedentes y el curso de la inflexible investigación que se sigue llevando a cabo contra esos 19 detenidos. La misma confirma la gravedad de las imputaciones que se les han hecho. Otros personajillos cómplices involucrados en esos actos delictivos no se pueden ocultar: Iván Simonovis, María Corina Machado, Julio Borges, Leopoldo López, Antonio Ledezma, Edmundo González Urrutia, Carlos Vecchio, etc. Estos actúan en contacto con traficantes internacionales de la droga y cooperan con el transporte de la misma hacia los Estados Unidos. La DEA (Drug Enforcement Administration), el mayor cártel norteamericano de la droga en el mundo, está fusionada con los mencionados apátridas para desestabilizar a Venezuela.

Estados Unidos, con esto de la recompensa para capturar a Maduro y también a Cabello, puntuales dirigentes de la Revolución Bolivariana de Venezuela, obedece a la obsesiva persistencia de las oleadas de calumnias, difamaciones e injurias contra ambos, de las que se encarga el actual secretario de Estado de esa gran potencia, Marco Rubio, con sus aliados de Miami. Marco Rubio, conocido protector del narcotraficante Orlando Sicilia, su cuñado, busca asestar un golpe de Estado contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, a quien considera prorruso y prochino, no porque tenga facultades en asuntos exteriores o su odio a Maduro sea tanto, sino porque desea quedarse con algunos de los dólares que la administración Trump determina para liquidar la Revolución en Venezuela que lidera Maduro.

En Washington, la vocera de la administración Trump, Pamela Bondi, actuando como cazarrecompensas, propaga la política exterior de EE. UU. como un espectáculo elaborado íntegra y coherentemente por los tanques pensantes del imperialismo. A Maduro lo acusa de ser conspirador e importador de cocaína en representación de supuestos cárteles de la droga, sin presentar prueba alguna. Obrando contra Maduro, no han podido debilitar la fuerza de su gobierno, ni su honestidad, y tampoco golpear su moral de lucha. Esto ha sido una gran locura; es la más grande ofensa a su honor y dignidad como mandatario. La propensión a conformar argumentos para encharcar la pureza y los principios de nuestra Revolución solo es pretexto. Es bien sabido que Estados Unidos construye el móvil de la droga contra naciones desafectas como Venezuela, aunque no descubra evidencias y no pueda exponer pruebas de sus imputaciones. El presidente Trump se considera con la capacidad de apelar al ejercicio de la política agresiva de la recompensa, para justificar y preparar condiciones para el uso de la fuerza militar, violando el aliento de paz y el mensaje ético y humanista de la Carta de las Naciones Unidas. Esto es EE. UU., en donde es bien recibido el 87% de toneladas de droga (cocaína, marihuana, etc.) que llega transportado desde el Pacífico colombiano, ecuatoriano y peruano. Esta cantidad es comprada con el consentimiento de la DEA, que siempre tiene conocimiento de todas las operaciones del narcotráfico en ese país, a las que blindan con un silencio total.

¿Cómo puede aspirar a convertirse en paladín de la diplomacia mundial el gobierno de Estados Unidos, que acaba de ordenar la captura del presidente Maduro? Es un sistema de gobierno imperial que exalta la mentira para entretener a la opinión pública mundial sin ninguna reserva. ¿Cómo es posible hablar de combatir el narcotráfico en un país donde sucede que al hijo de un expresidente norteamericano le descubrieron una cantidad de cocaína que guardaba en una bolsa, nada menos que en una de las 132 habitaciones de la Casa Blanca en Washington? ¡Y no pasa nada! Lo más curioso es que el actual secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, típico miembro de la mafia de Miami, cuando era senador del Congreso, se valió de su representación pública para reducir la condena de 25 años de prisión a 12 a su cuñado Orlando Sicilia por el hecho de dedicarse a la distribución de cocaína, tener vínculos con homicidios y soborno a la policía. Según la misma DEA, en 1980, alrededor del 70% de la cocaína y la marihuana que ingresaba a EE. UU. procedente de Colombia, penetraba al mercado norteamericano por el sur de la Florida, un negocio calculado en más de 40 mil millones de dólares anuales. Esto nunca fue preocupación de la Casa Blanca.

La recompensa de 50 millones de dólares por Nicolás Maduro y 25 millones de dólares por Diosdado Cabello, ofrecida por Estados Unidos, se trata, sin duda, de un escenario de guerra de agresión contra Venezuela. Esto no solo es lo que esgrime su presidente Trump, es mucho más. Es el tratar de apoderarse de las reservas de petróleo que existen en el territorio venezolano, las más grandes del orbe. Es su máxima aspiración, apoyada con la confusión y la desinformación.

Señor Trump, usted que ha notado que los cimientos de su imperio y de ese sistema se están derrumbando, su decadencia está marcada por el declive tanto en política interior como en política exterior, en la economía, en la diplomacia, etc.; reflexione sobre la anulación de la recompensa contra Maduro y Cabello. Tal actitud hostil de su gobierno resulta inusual en el contexto histórico actual. Hoy, más que nunca, el pueblo venezolano es más revolucionario y combatiente. Por ello, este pueblo se alista militarmente para defender a su presidente Nicolás Maduro y al ministro del Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, y a la República Bolivariana de Venezuela, su patria.

 

J. J. Álvarez


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