Más megavatios, menos apagones: ¿Qué tan cerca estamos?
El Gobierno acelera proyectos para responder al aumento de la demanda eléctrica nacional
La meta es sumar potencia, pero aún persisten desafíos estructurales.
07/10/26.- El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) vuelve a estar en el centro de las prioridades del país. El Gobierno nacional adelanta inversiones, recuperación de plantas termoeléctricas, incorporación de nuevos equipos, obras de transmisión y alianzas con empresas nacionales e internacionales para aumentar la disponibilidad de energía. La meta inmediata es sumar 1.300 megavatios (MW) durante el último trimestre de 2026 y reducir las limitaciones que todavía afectan a distintas regiones.
El esfuerzo ocurre en un momento de alta exigencia donde la demanda eléctrica alcanzó recientemente 16.424 MW, mientras la recuperación económica, las altas temperaturas y la reactivación de sectores como el petrolero plantean la necesidad de disponer de todavía más energía. A esto se suman años de deterioro de infraestructura, dificultades para mantener operativo el parque termoeléctrico, restricciones de transmisión, efectos de los períodos de sequía y las limitaciones que durante años representaron las sanciones para acceder a financiamiento, tecnología y repuestos.
No es únicamente cuántos megavatios pueden incorporar a Venezuela en los próximos meses, sino cuánto falta realmente para que el sistema pueda responder con estabilidad a la demanda actual y, sobre todo, al crecimiento que espera registrar el país.
¿De dónde viene la electricidad que consume Venezuela?
Para comprender la magnitud del reto es necesario mirar primero cómo funciona el SEN. La electricidad venezolana proviene fundamentalmente de dos fuentes: la generación hidroeléctrica y la termoeléctrica.
La primera tiene su corazón en el Bajo Caroní, en el estado Bolívar, donde se encuentran centrales como Guri, Caruachi y Macagua. Desde allí, la energía es transportada a través de grandes líneas de transmisión hacia el centro, occidente, oriente y resto del territorio.
Las centrales termoeléctricas, por su parte, utilizan principalmente gas o combustibles líquidos y están distribuidas en diferentes regiones. Su función es particularmente importante porque complementan la producción hidroeléctrica, atienden la demanda regional y permiten reducir la presión sobre los embalses durante períodos secos.
Por ello, recuperar el SEN no significa únicamente poner una turbina a generar, la energía tiene que producirse, transformarse, transportarse por las líneas de alta tensión, pasar por subestaciones y finalmente distribuirse hasta hogares, comercios e industrias.
Una falla en cualquiera de estos componentes puede provocar restricciones incluso cuando exista generación disponible.
La meta de los 1.300 megavatios para recuperar la capacidad
La demanda energética crece mientras avanzan los planes de recuperación.
Uno de los principales objetivos anunciados por el Ministerio de Energía Eléctrica es incorporar aproximadamente 1.300 MW durante el último trimestre del año.
Una de las mayores apuestas está en Planta Centro, estado Carabobo, donde la Unidad 6 está proyectada para aportar alrededor de 600 MW.
Según el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, esa incorporación no solo tendrá incidencia sobre Carabobo. Permitirá mejorar el intercambio de energía hacia Falcón, Lara, Zulia y los estados andinos, regiones que actualmente enfrentan importantes limitaciones.
Para transmitir los nuevos 600 MW, Corpoelec está ampliando la Subestación Planta Centro e instalando un autotransformador. Esta obra permitirá distribuir de manera más eficiente la energía de Planta Centro y TermoCarabobo hacia el centro y el occidente del país.
También se encuentra planteada la construcción de la Subestación Portuguesa, una infraestructura destinada a fortalecer el flujo eléctrico hacia Portuguesa, Barinas y la región andina.
Otra parte importante de las inversiones se concentra en Zulia, uno de los estados donde las interrupciones eléctricas han tenido mayor impacto durante los últimos años. El Gobierno mantiene distintos frentes de trabajo para recuperar las unidades de Termozulia y del Complejo Termoeléctrico Rafael Urdaneta.
Entre las unidades intervenidas ya se logró incorporar 150 MW y los trabajos en otras unidades están orientados a añadir otros 150 MW. La meta global de esos proyectos ronda los 500 MW para la región occidental.
Esto tiene una importancia particular porque producir electricidad cerca de los grandes centros de consumo disminuye la dependencia de la energía transportada desde Guayana y libera capacidad de las líneas nacionales.
¿Qué representan realmente esos 1.300 MW?
El Ejecutivo impulsa obras e inversiones para sumar 1.300 MW al SEN.
Los 1.300 MW planteados representan un 7,9 % de la demanda máxima del país (16.424 MW), mientras que los aportes de Planta Centro (600 MW) y otras fuentes (500 MW) equivalen al 3,7 % y al 3 %, respectivamente.
En términos puramente matemáticos, esto cubre solo una fracción del consumo total, lo que significa que el 92,1 % restante depende de la infraestructura ya existente y de la capacidad real del sistema para generar y transmitir esa energía de forma continua. A pesar de esta incorporación, los cortes de luz no desaparecerán por completo porque un sistema eléctrico no se soluciona únicamente sumando megavatios.
Aunque ese 7,9 % adicional permite reducir los racionamientos y dar un alivio inmediato en ciertas regiones, para solucionar el problema de fondo falta reparar las líneas de transmisión, sustituir transformadores dañados y garantizar el mantenimiento constante que le dé estabilidad a toda la red nacional.
Las sanciones y el “super” Niño agrega presión
El comportamiento del clima es precisamente otra de las variables que condicionan el sistema. El Gobierno ha advertido sobre las altas temperaturas asociadas a El Niño, que tienen un doble efecto: elevan el consumo eléctrico por el mayor uso de sistemas de refrigeración y aire acondicionado y, si coinciden con disminuciones importantes de lluvias, pueden comprometer los recursos hidroeléctricos. Es una situación que Venezuela ya experimentó durante las crisis de 2009-2010 y 2016.
La apuesta oficial frente a esta recurrente amenaza es reactivar las plantas termoeléctricas para diversificar el suministro. La crisis abarca toda la cadena operativa: generación, transmisión, distribución, mantenimiento, personal capacitado y suministro de combustible.
Asimismo, el Gobierno venezolano ha señalado durante años a las sanciones internacionales como uno de los obstáculos para adquirir equipos, contratar servicios especializados y acceder a componentes de fabricantes internacionales. La presidenta Delcy Rodríguez sostiene que actualmente el escenario comienza a cambiar porque Venezuela vuelve a tener acceso a proveedores, repuestos y tecnología necesarios para la recuperación del sistema.
“Estamos en un proceso de recuperación del sistema eléctrico nacional, en condiciones muy distintas, porque ya podemos acceder a proveedores de repuestos, tecnología, que nos permita recuperar el sistema eléctrico, consolidarlo”.
La recuperación, por tanto, tendrá que atender ambas dimensiones: recuperar acceso a capital, tecnología y fabricantes internacionales y, simultáneamente, corregir las debilidades internas acumuladas por el sector.
Capital privado entra nuevamente en la ecuación
Alianzas e inversiones respaldan la modernización de la red eléctrica.
La reforma eléctrica de 2026 abrió paso al capital privado tras dos décadas de control estatal, buscando financiamiento, tecnología y capacidad operativa. En Nueva Esparta, por ejemplo, Fedecámaras y Swing Energy promueven la autogeneración financiada para que comercios y empresas operen durante los fallos de luz sin asumir de inmediato el costo total de los equipos.
Esta autogeneración alivia la red pública en horas pico, liberando energía para la población. Asimismo, la incorporación de empresas internacionales como GE Vernova, Siemens e Inelectra apunta a recuperar la infraestructura existente y sumar nueva capacidad en centrales clave como Guri, Macagua y Tocoma.
¿Cuánto falta entonces?
La meta es sumar potencia, pero aún persisten desafíos estructurales.
No existe una sola cifra capaz de responderlo, si se considera únicamente el déficit operativo inmediato, estimaciones recientes lo ubican por encima de 1.500 MW. Bajo ese panorama, incorporar 1.300 MW sería un avance considerable.
Cubrir la demanda de hoy no es lo mismo que recuperar el Sistema Eléctrico Nacional. Para considerar estable un sistema eléctrico se necesita además una reserva suficiente para atender aumentos inesperados de demanda, sacar plantas de servicio por mantenimiento sin provocar cortes y responder ante fallas de equipos.
Por eso los 1.300 MW representan un primer alivio importante, pero no el final del camino. Ya que el objetivo es recuperar y después crecer en medio de dos desafíos simultáneos, donde uno de ellos es cerrar la brecha actual y disminuir los cortes que todavía padecen distintas regiones. Y el segundo, posiblemente más complejo, consiste en construir un sistema capaz de acompañar el crecimiento de la industria petrolera, manufacturera, comercial y residencial sin volver a operar permanentemente cerca de su límite.
El Gobierno ha comenzado a responder con recuperación eléctrica nacional, la entrada de los 1.300 MW podrá ofrecer una primera prueba de cuánto pueden mejorar esas inversiones la situación inmediata. Pero la recuperación definitiva no se medirá únicamente en megavatios anunciados. Se medirá en cuántas unidades permanecen disponibles durante todo el año, cuánto puede crecer la demanda sin recurrir a administración de carga, qué capacidad de reserva posee el país y qué tan confiable es transportar esa electricidad desde donde se produce hasta donde se necesita.
ARIANNA HERNÁNDEZ / CIUDAD CCS
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