Palabras... | Todo lo que nace viene de otra muerte
Por Carlos Angulo
27/08/2026.- Estamos constituidos inicialmente, según el deslastre, a partir de un proceso de reajuste perenne, fluidos caóticos en choque, desde donde se forja la angustia sideral sobre una tierra en torbellino producto de colisiones celestes, que nos prepararon siempre para toda travesía y para lo impredecible del misterio.
Lo total, seguramente, contiene su entereza, pero igual habrá alguien determinado que no lo sabrá entender. La fealdad está protegida de perfil por la perfección con que es mirado lo bello.
Las cosas terribles tienen una tendencia a juntarse, por alguna razón, en el tiempo y contexto en que van apareciendo. Al margen, está la estética, el coraje y el desprendimiento no visible que tienen los seres vivos para adentrarse en la intuición de lo perfecto, incluso independientemente de la tragedia global y la comodidad, que igual se va con lo que perece. No obstante, las cosas que irradian perfección anhelan ser perturbadas por quienes comprenden sensiblemente su exactitud. La violencia que aspira al desajuste del modelo viene dada por el hecho de coexistir en la norma, pero no en la procedencia. En tanto, los desechos subterráneos liberan el estupor, dando continuidad al equilibrio en la fuga oculta de las fuerzas de la inconformidad.
Tal vez la poesía sea lo más cercano a lo justo por ser infinitud. Nada de lo que no puedas dominar pierde liberación. Justa en el sentido de existir; contraria al horror que alterna al ser que no logra habitar en ella.
Esa permanente dualidad comprime el átomo de la existencia, creando la necesidad misteriosa de escindirse, a objeto de obtener el goce de sentir separación como sinónimo de emancipación. Tal vez la vida, como origen líquido, tornada en sólida de tanta exigencia, crea lo imposible para, bajo su sombra, conformar el círculo.
De ahí que, de tanta ecuación en proceso, inesperado, indescifrable y por error experimental, el universo dé con el milagro de la muerte como complemento de toda dualidad, pero jamás pudo dar con la inversa, o la reversa, lo que de por sí era innecesario, lo que actualmente es evidencia.
Aquí la luz no tiene el desorden interpretativo que le han dado desde lo esotérico hasta lo religioso, porque igual alumbra y se alumbra vestido con luz ajena. Digamos la luna, en cuanto a que la muerte no nos espera en ninguna parte, bellos o feos, puesto que andamos juntos en esta naturaleza creadora de la divinidad. Solo que la vida se disuelve ante tanto compromiso de origen, cuando ya las condiciones dejan de estar dispuestas a continuar lo vital en lo incorrecto.
Sí, no hay diferencia de poder en la naturaleza cuando somos tan solitariamente adecuados como una orquídea en la ceiba bajo la luna, y recíprocamente somos capaces de vernos mutuamente. Eso en nada altera el curso de lo infinito que nombramos sin saber, en el intelecto, con precisión lo anterior —de dónde venimos— ni lo posterior —adónde vamos—, dejando el camino como lo esencial. Lo que de manera similar tampoco da curso a pensar en los principios del suicidio como continuidad y capacidad de corte a lo extraordinario, lo que desvanece su importancia.
Consenso para los que dicen que bailar es limpiar de maleza los rincones interiores, pero no aclara, como lumbre prestada fuera de nuestros adentros.
Todo lo pesado sobre la tierra es igual a lo transformado sobre la misma tierra. No hay exceso sobre la obesidad de la naturaleza. Lo pesado apenas ha dado contorno a lo abrupto, suponiendo que una lluvia de asteroides alguna vez perfeccionó la forma y la redondez circunferencial, orillándonos detrás del frío, donde está develar la sombra y la calidez de sol que somos íntimos.
Caín y Abel parecieran ser un plagio ancestral que se adelanta, a lo Homo sapiens contra neandertales, como la mayor insinuación primaria de los genocidios, persiguiéndose todavía en la tendencia maldita, en el algoritmo de la desgracia dual.
Todo lo que cargues de apuro son suicidios antiguos. Un mal paso no necesita abismo.
Quizás, debido a eso, hay una depresión soterrada, un duelo antiguo de lo sobreviviente indígena no resuelto y confundido estacionadamente por la magnitud del exterminio originario.
No es soslayable las toneladas de dolor sobre su intemperie y la desolación frente al portal burlesco de lo desechado por la modernidad.
De ser así, el Homo sapiens también sobrelleva un fantasma vital al haber negado la densidad genética a los neandertales, extinguiéndolos fatalmente, para evadir la insuperable competencia creativa y hacerse cargo de la pureza límite de la evolución, diluyendo la rival belleza como creador ante la podredumbre de la similitud manufacturada.
Si no sabes adónde vas, no le sigas haciendo daño a la victoria. Y si no entiendes de victorias en la vida, como el hecho mismo de estar vivo en resistencia, no sabrás nada de lo que significa defender.
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