Caracas, 01 de julio 2026
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Un rescate a cuatro patas: ladridos que salvan vidas

El olfato de los perros permite localizar sobrevivientes donde la tecnología no alcanza

Tsunami es el perro venezolano que ha salvado vidas aquí, en Turkiye y en Siria. Foto: Referencial.

01/07/26.- Entre el polvo, el concreto fracturado y un país debajo de los escombros, una serie de ladridos puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Desde el doblete sísmico que sacudió a la nación diversos lenguajes se han instaurado en nuestro imaginario y hoy el sonido de un canino es una posibilidad de ver la luz entre las ruinas.

Mientras cientos de rescatistas venezolanos e internacionales recorren las zonas afectadas por los terremotos, un grupo especial avanza sobre estructuras inestables, escaleras derrumbadas y montañas de concreto. Son los perros de búsqueda y rescate, animales entrenados para localizar personas atrapadas, donde la tecnología y el ojo humano encuentran ciertos límites.

Tsunami

Uno de los nombres que más ha resonado durante la emergencia es Tsunami, un border collie venezolano adiestrado en el Centro de Entrenamiento Canino de Respuesta ante Desastres (K-Sar Ecid). A sus nueve años de edad, el can ha vuelto a demostrar por qué es considerado uno de los binomios de rescate más experimentados de Venezuela.

Su historia comenzó lejos de las zonas de desastres. Antes de convertirse en rescatista, Tsunami fue víctima de abandono y maltrato, tras ser recuperado, quedó bajo el cuidado de Jorge Beens, quien inició un proceso de formación que transformó su vida y le permitió participar en operaciones nacionales e internacionales.

Durante los trabajos posteriores a los sismos del 24 de junio en Venezuela, Tsunami logró localizar a 13 personas en la parroquia San Bernardino, según confirmó su guía. Beens también ha explicado que, sumando toda su trayectoria operativa, incluidas misiones en otros países como Turquía y Siria tras el terremoto de 2023, el perro ha contribuido a la localización de 25 personas.

Su labor se desarrolla en condiciones extremas. Está equipado con protección especial para sus patas y bajo supervisión veterinaria permanente, el animal recorre zonas donde existe riesgo de derrumbes secundarios. Sin embargo, quienes trabajan con él destacan que mantiene la misma disposición para buscar sobrevivientes incluso después de largas jornadas.

 

Un olfato capaz de encontrar esperanza

Venezuela recibió un contingente internacional de 140 perros rescatistas especializados, provenientes de 27 países.

La importancia de estos animales radica en una capacidad que ninguna máquina ha logrado reemplazar completamente y su extraordinario sentido del olfato.

Durante una operación, los perros recorren áreas devastadas en busca de partículas de olor humano. Cuando detectan señales compatibles con una persona con vida, realizan un marcaje sonoro mediante ladridos continuos o ejecutan conductas previamente entrenadas para indicar el punto exacto a sus guías.

Ese momento obliga a detener toda actividad alrededor. Los equipos solicitan silencio absoluto para escuchar al animal y confirmar la posible localización. Posteriormente, otros perros pueden verificar la señal antes de que los rescatistas comiencen las labores de excavación.

Lo que para el can puede tomar apenas minutos, para los equipos humanos suele traducirse en horas de trabajo entre las estructuras colapsadas.

Una misión compartida por América y Europa

Equipos caninos de América, Europa y Venezuela apoyan las labores de búsqueda.

La emergencia en Venezuela también ha mostrado la dimensión internacional de las unidades caninas de rescate.

Desde Colombia llegaron perros especializados como Rojo, Candy, Dasta y Tamy, integrantes del reconocido equipo USAR COL-1. Ecuador desplegó binomios caninos junto a sus rescatistas, mientras que México incorporó perros especializados, entre ellos Balam, como parte de un amplio operativo de apoyo.

Argentina envió equipos conformados por guías y perros con experiencia en estructuras colapsadas, acompañados por veterinarios y especialistas logísticos. A ellos se sumaron unidades procedentes de Estados Unidos y de países europeos como España, Suiza y Países Bajos.

Aunque pertenecen a organizaciones distintas y hablan "idiomas" diferentes a través de sus comandos de entrenamiento, todos comparten el mismo objetivo y es encontrar vida donde parece imposible.

Más que rescatistas

La historia de Tsunami también recuerda una realidad poco conocida, muchos perros de rescate tuvieron una segunda oportunidad antes de convertirse en héroes.

Numerosos programas de formación canina alrededor del mundo incorporan animales recuperados del abandono o de situaciones de vulnerabilidad, demostrando que el bienestar animal y el servicio a la sociedad pueden caminar juntos.

Los especialistas insisten en que estos perros no son herramientas ni máquinas de trabajo. Son seres vivos que requieren cuidados médicos, hidratación constante, descanso y protección física durante cada operación.

En medio de una de las emergencias más complejas que ha enfrentado el país en los últimos años, los perros rescatistas continúan recorriendo las ruinas junto a sus guías. No entienden de fronteras, ideologías ni nacionalidades. Solo siguen un olor, una señal casi imperceptible que para ellos significa una misión cumplida.

Y cuando finalmente ladran para indicar un punto entre aquellas estructuras que yacen en el suelo, ese sonido se convierte en la posibilidad de que aún haya esperanza bajo los escombros.

ARIANNA HERNÁNDEZ/ CIUDAD CCS