Édgar "Dolor" Quijada: Hecho en el 23 de enero

Ha compartido proyectos musicales con grandes de la salsa

"Dolor" posee una versatilidad para cantar cualquier género
El sonero posee versatilidad para cantar cualquier género.
 
12/08/22.- Cualquiera que recorra la parroquia del 23 de Enero en búsqueda de músicos podrá conseguirlos en cada esquina. Desde el comerciante hasta el albañil, todos han llevado la impronta musical desde su infancia. Algunos viven de este oficio que les ha consagrado no solo en Venezuela, sino a escala internacional.
 
En este rincón del Caribe, Caracas ha sido el escenario obligatorio a visitar para los artistas foráneos y también a la hora de escribir sobre el fenómeno de la salsa desde su auge en los años 70 hasta la fecha, y las noches caraqueñas cuentan con voces emblemáticas que hoy son respetadas por el público, los seguidores entusiastas del género y los músicos.
 
Una de estas voces es Édgar José Quijada, reconocido como “Dolor”, un sonero que posee la versatilidad de interpretar cualquier ritmo que se le presente.
 
Nacido el 21 de marzo de 1954, hijo de Anselmo Pacheco Pino y Rosario Quijada, posee una larga trayectoria en la música y tuvo la oportunidad de cantar en orquestas de renombre en el panorama nacional, además de acompañar a grandes intérpretes que se presentaron en el país como Celia Cruz, Pete "Conde" Rodríguez, Ismael Miranda, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Santos Colón, Vitín Avilés, Daniel Santos, Willie Colón, Rubén Blades, Héctor Lavoe, Adalberto Santiago y Roberto Roena, entre otros, además de su exitosa integración a las filas de la agrupación Bailatino, creada por el percusionista Cheo Navarro y sus intervenciones con el Guajeo del vibrafonista Alfredo Naranjo.
 
Su sencillez y sentido del humor hasta para reírse de sí mismo, los trajo consigo cuando atendió a la invitación realizada por el colega Fidel Antillano y el que escribe este reportaje, de asistir un viernes en la tarde a las oficinas del diario Ciudad CCS para una entrevista.
 
"A la salsa en los barrios le decían ´vidrio molido´ porque las rumbas terminaban a botellazo limpio", así comenzó a bromear en serio el entrevistado cuando se le preguntó el origen de la palabra salsa y soltó esta ocurrencia.
 
Su actitud es la de un chamo, alguien que no ha sufrido los embates de la vejez en su edad y tampoco en la personalidad. Posee la jerga del barrio, dando a entender que "no juega carrito" y está orgulloso de su gente del bloque 6 y toda su parroquia.
 
Tras aclarar que lleva 10 años de haber dejado de fumar, sin dejar de ser un empedernido consumidor de café, inició esta conversación con Édgar “Dolor”, un gran ejemplo de cómo suena la salsa en Caracas a través del canto.
 
Pero antes de iniciar este recorrido por historias y anécdotas, advertimos al lector que las malas palabras forman parte de nuestra cotidianidad, es por ello que este reportaje no está exento de ellas, pero se justifica su uso con una opinión del recordado escritor venezolano Salvador Garmendia al respecto: 
 
“Las malas palabras son como los huesos del idioma que perduran sin envejecer, son incorruptibles, resistentes y fieles. Ellas permanecen como en una eterna infancia feliz (después de todo, nada hay más propio de un muchacho que una mala palabra), mientras la lengua común se ve en la necesidad de descargar continuamente todo un desperdicio de palabras tenidas por decentes, las que afortunadamente no volveremos a oír ni tendremos que pronunciar jamás”.
 
Ha cantado para renombradas orquestas nacionales e internacionales
Ha cantado para renombradas orquestas nacionales e internacionales.
 
Y aquí habla Édgar “Dolor” Quijada:
 
"En la casa había un radio que le decíamos el chillón; mi mamá escuchaba sus novelas, noticias, Radio Continente, Radiodifusora Venezuela, y ponía su musiquita mientras lavaba la ropa, cocinaba y escuchaba la Sonora Matancera, Carmen Delia Dipiní. Yo me imaginaba que dentro de esa radio había personas metidas. En una oportunidad lo agarré, lo desarmé y mi mamá me dice: ¡Mira, muchacho del carajo, qué hiciste nojoda, me vas a escoñetar el radio! Le sacaba los transistores y eso me convirtió en radiotécnico, a comprender las ondas hertzianas, por ahí empezó la música en mí", recordó entre bromas.
 
De su padre, oriundo de los Valles del Tuy, heredó su gusto por el joropo tuyero, así como el llanero y de otras regiones en las que se ejecuta este género.
 
En su memoria guarda el recuerdo de un programa radial llamado Brindis a Venezuela, conducido por el declamador Víctor Morillo, reconocido en el país como El Tricolor de Venezuela, leyendo las coplas de Justo Brito y Juan Tabares, del poeta oriental Ángel Celestino López.
 
Durante su infancia, jugaba con soldaditos de plomo, carritos, al mismo tiempo que escuchaba lo que estaba de moda en la música caribeña y comenzaba a tergiversar de manera traviesa la letra de temas populares en su momento, ajustados a su realidad en el barrio, costumbre heredada de su padre.
 
Ingresó a la Escuela Leoncio Martínez en el sector La Cañada para cursar primer y segundo grado; posteriormente pasa a la Unidad Educativa Distrital Básica José Gregorio Hernández frente al bloque 5 de Monte Piedad, donde recibió clases de música por medio de un profesor particular:
 
“Las clases de música las daba nada más y nada menos que Franklin Stuart, reconocido como Tony Montserrat, organizaba los eventos musicales, compuso el himno de la escuela, tuve la suerte de estudiar allí; él llegaba con un paltocito que casi le llegaba hasta las nalgas, se sentaba al frente del piano y nos decía: ‘hay que escuchar lo clásico, Beethoven, Mozart, Chopin…’ le hacía pruebas a los niños y en una de esas, me dice que iba a interpretar un sonido y yo debía hacerlo con la voz, lo hice y pensó que cantaba muy bien, tenía buen oído, me invitó a educar la voz, hicimos un coro de voces infantiles y allí estaba metido, eso era lo que me gustaba”, subrayó.
 
Perteneció a diversos grupos del barrio que ejecutaban música folclórica como aguinaldos, gaitas, y recordó aquella cuyo nombre era Los Tercos, con un joven Cheo Navarro en la percusión, lo que dio pie a una remembranza que relató entre risas:
 
“Me acuerdo que había un carro Studebaker abandonado en el estacionamiento. El mejor sonido de capó para la percusión lo tenía ese carro, con un latón de tres milímetros de grueso, el sonido era bravo, los fines de semana era esa vaina de ¡tacata, tacata, tacata!, además de las latas de leche Tip Top, con esas se hacía un bongó, recuerdo que Cheo le sacaba el alma a esos peroles, eso fue entre 1963 y 1964, luego vino el programa La hora de la salsa y el sabor con Phidias Danilo Escalona. Uno esperaba el momento para poner su radio al mediodía y todo el barrio se encadenaba escuchando a Phidias, después vino el rock, la psicodelia y todas esas bandas locas, la primera fiesta psicodélica que se hizo en el 23, fue en la casa, aprovechando que mi mamá se había ido para Margarita a visitar a la familia y cuando el gato no está los ratones hacen fiesta”.
 
Su primera paga como músico fue de cinco bolívares como cantante en La Caravana Latina, con un repertorio de Cortijo y su Combo, Richie Ray y amenizaban en cumpleaños y bautizos, y poco a poco fue abriéndose el camino como profesional hacia una orquesta inolvidable que le trajo frutos y el reconocimiento del público.
 
La puerta al éxito en una sola palabra: Yakambú
 
En 1976 se produce su paso como profesional al convertirse en el cantante de la orquesta Yakambú, creada como consecuencia de la salida de músicos pertenecientes a la agrupación Los Satélites, dirigidos por José Rafael Mendoza “Cheché”. 
 
Pero su inclusión se debió a una previa recomendación hecha por su colega y vecino Cheo Navarro, para que asistiera a un ensayo y nuevamente la anécdota provoca la risa de "Dolor" mientras la comparte con nosotros:
 
"Yo estaba en la esquina del bloque 6 como a las 2 de la tarde, pasó Cheo Navarro y me dijo 'epa Édgar, cómo está todo, mira ¿tú quieres cantar profesionalmente?' y yo le digo: sí Cheo ¿a quién hay que matar?, me dice que en Puente Hierro, en la esquina de Las Piedras hay una sala de ensayos que se llama San Rey Musical, que fuera para allá y les dijera que él me mandó, porque estaban haciendo un casting para buscar cantantes. 
 
Me fui caminando, llegué al sitio y sale un señor que llevaba un bigotico que se parecía al de Hitler, le pregunté si ahí hacían las pruebas para buscar cantantes, me dijo que acababan de empezar hace ratico, que bajara por la escalera al sótano y les tocara la puerta que cualquiera de ellos abría. 
 
Esa puerta era de este color y la toqué pero nadie abría, luego le di tres coñazos ahí, y sale un tipo con una nariz ganchuda, se me queda viendo y me pregunta: ¿quién eres tú, mamagüevo?... me le quedé viendo y le digo 'buenas tardes hermano con permiso, mucho gusto, a mí me mandó Cheo Navarro, yo soy Édgar Dolor' . 
 
Me responde: '¿Edgar qué? ¿Dolor? ¿Qué te duele, el culo? ¡Mamagüevo! 
 
Le dije que había venido porque estaban buscando cantantes, me contestó que sí pero había llegado primero uno de San Agustín, que esperara arriba sentado y que cuando terminará el cantante, me iban a mandar a alguien para llamarme y bajar. 
 
Al rato sube el pana y me dice que bajara, cuando bajé tumbé esa puerta pa’l carajo y digo 'buenas tardes, ¿cómo están? yo soy Édgar "Dolor", y el tipo me contesta ¿cómo dijiste que te llamabas, mamagüevo? Pero entendí ahí mismo que esa era su forma de expresión. 
 
Ese tipo era Julián Orta, que en paz descanse, y con su voz tabacal y alcohólica me pregunta: 'mira mamagüevo, ¿te sabes Mayarí?' Yo le pido que me cante un poquito para saber si a lo mejor la he escuchado por ahí y si me la sé. 
 
Ahí mismo dice: 'Coño, lo que hay que hacer por estos muchachitos nojoda, es esa que dice: Que lindas mujeres tiene Mayarí, para que los mozos tacos pasen un rato por allí', lo puse a cantar; arrancó la orquesta, me fajo con el tema y luego grita '¡Páralo! ¡Te quedas, mamagüevo! Aquí todos somos profesionales y no vamos a correr detrás de ti, tú eres el que tiene que correr detrás de nosotros'; cada vez que le contaba a Julián la ocasión en la que lo puse a cantar me decía: tú eres un coño e' madre". 
 
Edgar "Dolor" Quijada y Fernando "Chino" Suárez en la contraportada del segundo disco de Yakambú (1978)
Édgar "Dolor" Quijada y Fernando "Chino" Suárez en la contraportada del segundo disco de Yakambú (1978).
 
El sonero se reclina en su silla estirando la memoria de esos colegas que conforman aquella orquesta que causó furor en los bailes y generó considerables ingresos económicos para los músicos.
 
"De esa disolución de Los Satélites para crear Yakambú salieron los trompetistas Gustavo Zambrano 'El cochino' e Ildemaro Fuentes 'Cuchillo', en el trombón estaba José Plaza, el saxofonista Audy García, el bajista era Felipe Rengifo 'Mandingo', en las tumbadoras estaba Julián Orta 'Boca e’ tobo', en los comienzos el pianista era Samuel del Real, el bongosero era Johnny Pedrón “El Biri”, también conocido como “Chivo arrecho”, Alfredo Padilla en el timbal, Fernando “Chino” Suárez como cantante de planta y yo, imagínense ese bandón, en ese tiempo llegó una Fania chucuta a Caracas, es decir: Ismael Miranda, Santos Colón, Cheo Feliciano, en fin, faltaba muchos de esos cantantes pero los acompañamos en vivo, también nos fusionamos para tocar con la Internacional de Pedro Conga en el Poliedro, recuerdo que nos tomamos una foto montados en la cúpula y “El Biri” se cayó de esa vaina, resbaló y por poco se fracturó el cráneo, se le partieron los lentes, nojoda, siempre me acuerdo de eso”.
 
Entre 1977 y 1978, Yakambú publicó los discos Los reyes de la salsa y uno homónimo, realizaron presentaciones en las que tuvieron la oportunidad de compartir escenario con Héctor Lavoe, Oscar D’León, Vitín Avilés y otros que se le escapan de la mente al “Sonero del 23”, debido a que durante un breve lapso, esta orquesta causó un impacto en la escena salsera.
 
Al salir de Yakambú, “Dolor” pasa a formar parte por poco tiempo de Federico y su orquesta, una formación distinta al Combo Latino y liderado por Federico Betancourt, con los que graba el bolero Esta noche voy, incluído en el disco El Maestro de 1979, con arreglos de Porfi Jiménez. 
 
Un sonero antropólogo y flautista
 
A comienzos de los 80, “Dolor” tuvo un receso en su carrera para aprovechar sus estudios de antropología, ciencia que explicó de la siguiente manera:
 
“Empecé con otros a estudiar antropología, es decir, conocer todos los antros, el primero fue el Guajira Bar Night Club que quedaba en el Teatro Junín, donde se respiraba puro monóxido de carbono, en esa época estaban construyendo el Metro, padecí de las amígdalas, pero allí en ese antro aprendí a respirar; después vino La Caneca, en la plaza Catia, donde había que entrarse a golpes con el portero, esa vaina era una pelea todas las noches pero eso era lo que había”.
 
En ese mismo tiempo, ingresó a la Sonora La Sorpresa, con la que grabó el disco Rockoleros Vol.1 con la Sonora La Sorpresa, conformado por los trompetistas Carlos Sequera “Pantaleta” y Ernesto Díaz “Periquito”, Willians Ugarte en las congas, Rafael Rodríguez en el timbal y Wilmer Rodríguez en el piano, con arreglos musicales del flautista Natividad Martínez “Naty”. 
 
Sonora La Sorpresa (1984).
 
“Después de eso canté en varias orquestas y un día fui a un ensayo en Caño Amarillo y estaba Érick Franchesky con su orquesta y Alfredo Padilla en los timbales; me vieron allí y me preguntaron si quería trabajar con ellos y así le hacía el quite a Érick porque estaba guapeando solo, y yo chévere acepté; estuve una temporada con él, yo hacía coros también”.
 
La flauta, además de su voz, la practicó hasta aprender melodías y tonalidades que pudiera ejecutar fácilmente, lo que significó, como cualquier práctica musical, en un ruido molesto para los vecinos del barrio y nos contó el momento en que conoció aquel instrumento de viento.
 
 
“Una vez mi hermano menor ya fallecido, estaba en un internado en la bajada del Tambor, donde está la sede de la policía de Los Teques, entonces el chamo llegó un fin de semana a la casa y me dijo: ‘hermanito te tengo un regalo bien chévere porque el músico de la casa eres tú’, le pregunté qué era y de repente saca una flauta con su estuche y le hice la misma pregunta que mi mamá ¿dónde conseguiste eso? ¿quién te lo dio?, se lo dio un profesor que se llamaba Cruz Arraiz, él daba clases de saxofón en el internado, lo llamé y averigüé si de verdad le había dado la flauta, me dijo que sí. 
 
En fin, saco el instrumento y lo armo como si lo hubiera tocado toda la vida, me iba al parque que está al lado de la casa y eso era todas las mañanas con ese escándalo de la flauta ¡Piii! ¡Paaa! ¡Piii! ¡Paaa! y en una de esas bajó Alfredo Padilla que vivía en uno de los bloques cuando estaba con La Salsa Mayor y dice: "Coño chamo, nojoda, qué ladilla pana, yo quiero dormir, yo trabajo todas las noches, pana". 
 
Pero como él también tocaba flauta me trajo una tableta con todas las posiciones para aprender las melodías hasta el Do sobreagudo, el primer tema que me aprendí con esa flauta fue Timbalero de la Sonora Ponceña, y empecé a ladillar a todo el mundo hasta que grabé con ella en la canción Tomatero junto a la orquesta Óyeme, del viejo Carlos Hurtado, que me decía "mira mijo, ¿sabes quién te quiere a ti? tu mamá, porque yo no”.
 
Orquesta La Década (1995).
 
Posteriormente participa como cantante en la Charanga Cienfuegos, Orquesta La Década, Repicao y su ingreso a Bailatino, con su viejo amigo Cheo Navarro, agrupación que le permitió reafirmar al público sus dotes como cantante y experto en la rumba callejera, entre los solos de cuero y trombones aderezados con el baile hasta el amanecer.
 
“Una vez me encontré a Cheo y me dijo que tomara un cassette que tenía porque iba a crear Bailatino, pero yo no iba a entrar todavía porque estaba Efrén Avellaneda; todavía lo tengo, y mientras tanto yo estuve en la banda del ejército con el maestro Rojas Sánchez, fui con Gerardo Lugo y Los Incorregibles, hasta que entré a Bailatino en el 98 luego de la salida de mi pana Efrén, posteriormente conocí a mi hermano Marcial Istúriz en El Maní, porque él quería cantar allí y lo dejábamos, eso hizo que empezara a desarrollarse y ser un buen sonero”, comentó.
 
El cine y los hermanos Primera
 
En esa mezcla de anécdotas, "Dolor" participó en el cine con una película dirigida por Jonathan Jakubowicz en el 2005 titulada Secuestro Express con las actuaciones protagónicas de Mía Maestro, Jean Paul Leroux, así como de Carlos Julio Molina “Dj Trece”, Pedro Pérez “Budú” y Carlos Madera “Sibilino”, e invitados como Rubén Blades, Miguel Ángel Landa, Elba Escobar, entre otros y el protagonista de este reportaje cuenta cómo llegó a formar parte de ese elenco.
 
“Conocí a un pana llamado Dj Trece en una fiesta de boda en el Ávila, donde estaba cantando, entonces estoy sentado solo al frente de una mesa con una botella de brandy que me estaba tomando y en eso se me acerca un flaquito: ‘¿Tú eres Edgar Dolor?, cómo estás, yo soy Dj Trece’, qué bien, un placer hermano, siéntate ahí pues, me dijo que quería hablar conmigo sobre cantar en un tema para su producción como solista, le dije que sí, cómo no mi pana; ‘no hay billete’ me dice el tipo y yo no le paré bola, quería experimentar en ese campo, me fui para su casa, le escribí una letra ahí al tema, lo grabamos y dice: ‘aquí no hay billete, pero en la película sí’ y yo le pregunto sobre esa película, me dijo el nombre y les hacía falta uno, que era yo, el malandro mayor; fuimos a Bolívar Films, me presentó a Jonathan, que ya lo conocía de El Maní y en lo que me vio dijo: ‘ no busquen a más nadie, llegó el malandro’. Me metieron en la película, allí robe carros para una línea de taxis”, puntualizó.
 
"Dolor" interpreta a un "taxista caza pavitos" y ladrón de carros en la película Secuestro Express (2005).
 
"Dolor" no conoce la palabra retiro, son más de 40 años como profesional en el canto, ha estado en innumerables orquestas y cada vez que coincidía con sus colegas en algún local o recinto cultural, se sorprendían al verlo y le decían que estaba más repetido que barajita de Pinocho.
 
“A mí me han preguntado que hasta cuándo voy a seguir en esta vaina, y yo les digo ‘hasta que llegue el sonero’, cuando llegue el sonero, bajaré tranquilo al sepulcro”.
 
Pero de todas las presentaciones que ha tenido en su vida, una de las que jamás olvida por lo impactante, fue el 5 de agosto de 1997 en la Feria del Hogar, ubicada en la avenida La Marina de la capital peruana, acompañando como corista a Servando y Florentino.
 
“Yo era corista, con una muchacha y otro pana más, ese era un sitio gigantesco, en la tarima principal nosotros fuimos en la mañana a probar el sonido y estaban poniendo unas talanqueras para que la gente no estuviera aglomerada, nadie se esperaba que eso iba a ser una bomba atómica; llegó la noche y nos fuimos con el uniforme y una ropa de civil, porque eso fue lo que nos indicaron… para llegar a la tarima tardamos casi una hora, el violín era bravo, kilométrico, imagínense la cantidad de mujeres y chamas. 
 
Por fin llegamos y de vaina no me pisó un caballo de esos carajos de la policía montada, había que subir a la tarima por una escalera, yo creo que había más de 5 mil personas, cuando me asomé…ustedes nunca han visto un mar de cabezas, caminabas por encima de esa alfombra de cabezas y no te caías al piso; yo me asusté, en lo que subimos se formó aquella algarabía que se escuchaba como a tres kilómetros y arrancaron con Una fan enamorada, el hit de ellos. 
 
Están cantando y cuando entramos al coro, vemos que viene un tipo por la parte derecha de la tarima con una franela roja y un pantalón azul, se les suelta al equipo de seguridad y va hacia donde están Servando y Florentino, y le fue a decir algo a Servando y este creyó que lo iba a atacar y le zampó un micrófonazo, los de seguridad lo agarraron, le dieron golpes y dice: ‘vengo a decirles que paren el concierto, hay 5 muchachas muertas allí abajo’, los de atrás empujaban a los que estaban adelante y los tubos se doblaron, cayeron y el que quedó abajo…tú gritabas pidiendo auxilio y nadie te escuchaba, al final para salir lo hicimos vestidos de civil”.
 
¿Édgar “Tempo” Quijada?
 
El parecido que posee “Dolor” en el timbre de voz junto a su colega puertorriqueño y fallecido recientemente Héctor “Tempo” Alomar, lo ha acompañado durante muchos años, y nos cuenta cómo conoció al cantante de la orquesta Apollo Sound de Roberto Roena:
 
“Yo grabé en cuatro producciones de Orlando Poleo, canté Los hermanos y Ahora baila, desde ahí Poleo empezó a llamarme Tempo, yo le pregunto por qué me llama así y dice: ‘porque tu timbre de voz es parecido a Héctor Alomar, él hace en Nueva York lo mismo que tú en Venezuela que es cantar con todo el mundo’, yo no lo conocía; incluso cuando salió el tipo pegó ese tema de Cómo te hago entender, lo ponían en el O’ Gran Sol de Sabana Grande y todos creían que era yo. 
 
Un día estoy tocando en El Maní y entra Roberto Roena con “Tempo” Alomar, y Roberto en lo que me vio me llamó con su voz ronca de siempre, que apenas se le entendía ‘epa Dolor, qué más, canta con Tempo”, y yo dije ¡Por fin conozco a “Tempo”, aquí está mi contrario! Y el tipo era pana, hicimos una buena amistad, luego Roberto me invitó para la celebración de los 45 años de la Sonora Ponceña que se hizo en el Poliedro, habían muchas orquestas que le rendían homenaje a Papo, quería que cantara unos temas con ellos, subí a la tarima con esa cuerda de locos, nos metimos tremenda rumba”.
 
Acompañado por Roberto Roena.
 
Por si fuera poco, en ese aniversario lo confundieron con el cantante dominicano Raulín Rosendo, quien participaba en el homenaje a La Ponceña y que ostentaba unas greñas tejidas al igual que el sonero venezolano.
 
“Había una pareja dominicana que me confundía con Raulín, yo les decía que no lo era, sino Edgar “Dolor”, ‘usted no es ese ‘Dolor’, usted es Raulín’, le dije: mire señora, yo le voy a buscar al verdadero Raulín para que usted vea quién es, le dije a Raulín: Rosendo, preséntate ahí, esta gente no me deja en paz, hasta en los camerinos me persiguen; les llevo a Raulín y digo: Señores este es Raulín Rosendo, el original, y contestan: ‘ese no es ningún Raulín, eres tú’, yo le digo a Raulín que se los dejaba ahí, que iba para el baño”.
 
Muchas cosas quedaron sin contarse pero es lógico: resumir a más de una hora de conversación vivencias, amigos del oficio, y lugares en los que actuó, es difícil.
 
Entre carcajadas, un estrechón de manos y la promesa de un segundo encuentro para más historias, concluyó esta conversación entretenida con un maestro en el oficio del soneo: Édgar “Dolor” Quijada, un cantante con una trayectoria de altibajos que no le han restado la humildad, así como el cariño y respeto del público. 
 
EMMANUEL CHAPARRO RODRÍGUEZ / CIUDAD CCS