Haití paralizada por múltiples protestas de calle

El enojo de los manifestantes se elevó ante el anuncio del alza del precio del combustible

Autoridades policiales tratan de impedir a los manifestantes instalar las barricadas.

 

21/09/22.- Las actividades en Haití están interrumpidas por múltiples manifestaciones, cuyo último detonante es el aumento del precio del combustible, oficializado el pasado miércoles 14, cuando el gobierno decidió aumentar los precios de los derivados del petróleo en la isla en aproximadamente 100%, lo cual elevó el profundo descontento popular.

La medida duplicó el precio de la gasolina y aumentó casi 90 por ciento el del diésel.

Haití es un país que lleva años sumido en una profunda crisis sociopolítica y económica agravada tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021.

Desde la semana pasada, las protestas se multiplicaron en varias ciudades del país dejando un panorama de robos, vandalismo y edificios públicos en llamas, además de que se agudizó la violencia de las pandillas responsables de cientos de muertes y secuestros en lo que va de año, mientras las fuerzas políticas continúan sin alcanzar acuerdos.

El alza del combustible intensificó las protestas que ya tenían lugar en las principales ciudades del país contra el hambre, la inseguridad y la inflación, además de cuestionar el crónico desabastecimiento de los hidrocarburos.

Los manifestantes indicaron que el incremento encarecerá los precios de los insumos básicos en momentos en que casi la mitad de la población sufre inseguridad alimentaria y pidieron la renuncia del primer ministro, Ariel Henry.

El jefe de Gobierno, por su parte, sostuvo que el alza se mantiene y sugirió que las protestas están lideradas por pandillas, ante la presencia de líderes de grupos armados en las escenas de saqueo y vandalismo de instituciones privadas y públicas, según observa la agencia online AlterPresse.

Respecto a la semana pasada, la situación ha empeorado, hasta la circulación de mototaxis es imposible. Montones de piedras, basura, neumáticos usados ​​en llamas y diversos objetos a modo de barricadas ensucian las calles, impidiendo el tráfico.

El comercio formal e informal continúa muy afectado por estos movimientos de protesta, que buscan obligar al jefe de Gobierno, a revertir su decisión de aumentar los precios de los combustibles en el mercado nacional.

Los bancos comerciales, las tiendas y las gasolineras generalmente no funcionan en la capital; lo mismo ocurre con los vehículos de transporte público. Se ven patrullas policiales deambulando por las calles, para contrarrestar cualquier intento de bloquearlas, pero posteriormente son barricadas por los residentes.

Numerosas escenas de saqueo y violencia se han registrado. Las carreteras están bloqueadas en varios puntos, con basura y vehículos estorbando en estas áreas.

Haití permanece en modo “país bloqueado”, a pesar de un nuevo discurso a la nación, del Primer Ministro de facto, en la noche del domingo 18, haciendo un llamado a la calma, visiblemente rehuido por la población enfurecida, el mismo lunes 19.

Henry condenó los hechos de violencia perpetrados la semana pasada contra instituciones públicas y privadas del país durante las protestas contra el aumento de combustible.

Víctima histórica

Según Jorge Beinstein, pensador, economista y marxista argentino, “el pueblo haitiano ha sido víctima histórica del colonialismo que no le permitió consolidar su hazaña del 1804 (primera independencia de nuestra América, revolución social antiesclavista, república soberana negra) y también de una larga y cruel etapa de neocolonialismo imperialista; que ahora, a cargo de EE.UU. incluye modificaciones en su sistema de intervención militar para sembrar el caos”. (Libro Ilusión del metacontrol imperial del caos).

Beinstein afirma que en lo que se refiere a Haití es notorio que ha sido una intervención persistente de una especie de “lumpen imperialismo”, que promueve un capitalismo para élites gansterizadas. Se trata así de una intervención cívico-militar dirigida “contra la identidad cultural” de esa nación “como objetivo de guerra” que combina unidades militares gubernamentales (policía regular) con bandas paramilitares y mercenarios extranjeros (sobre todo colombianos).

Y uno de los recursos de esa intervención para torpedear y dinamitar la fuerte identidad nacional de ese pueblo hermano, es la desintegración social vía formación de bandas armadas que delimitan sus propios territorios, fracturan la sociedad y hacen la guerra entre sí y contra todos los objetivos útiles para manutención y enriquecimiento.

La más reciente intervención militar de EEUU, apoyada por Francia, Canadá, Brasil y otros países, bendecida y bautizada por la ONU con el nombre de Minustah (fuerza de intervención militar de EEUU y otros países avalada por la ONU (2004-2017) fue usada para apoyar la mafia política-empresarial del PHTK (partido de las Cabezas Raspadas, actualmente en el gobierno) y sostener los gobiernos gansteriles de Martely y Moises; continuados ahora por el repudiado e inepto régimen que preside Ariel Henry, con apoyo estadounidense y protección mediática global.

La Minustah se encargó de crear la Policía Nacional, que al servicio de los gobiernos de turnos, la CIA, la Mosaad (agencia de inteligencia israelí) y la fábrica de mercenarios colombianos, se involucró en la formación, alimentación y protección de las bandas civiles ya descritas; abastecidas desde La Florida-EEUU, mediante contrabando tolerado de modernos equipos militares. Modalidad paramilitar haitiana concebida para generar caos.

Jorge Beinstein enfatizó que el desafío de millones de seres humanos y sus nuevas vanguardias revolucionarias es sumar luchas y rebeldías transformadoras, para mediante una insurgencia cada vez más global, acortar al máximo al imperialismo con todas sus crueldades.

“Un nuevo paso en esa dirección es la actual protesta multitudinaria del empobrecido pueblo haitiano por el desplazamiento del régimen imperante y la construcción de una transición y una alternativa soberanas, al margen y arrinconando –como está aconteciendo– a los pandilleros que sirven al Core Group (formado por los embajadores de EEUU, Francia, España, Brasil, Alemania, Canadá, UE, y representantes de ONU y OEA), al PHTK y al imperialismo occidental”.

LUCILA CONTRERAS / CIUDAD CCS