Comentarios noticiables|De Bolívar, por Bolívar, para Nuestra América
Y algo más
J. J. Álvarez
03/10/2026.- El pensamiento de Simón Bolívar incita y obliga a razonar sobre la inspiración política de su estelar hazaña revolucionaria. Decía el padre de la patria:
Siempre es grande, siempre es noble, siempre es justo conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inicua (...) Sin duda, la espada de los libertadores no debe emplearse sino en hacer resaltar los derechos del pueblo (...) La insurrección se anuncia con el espíritu de paz. Se resiste al despotismo porque este destruye la paz y no toma las armas sino para obligar a sus enemigos a la paz.
Los triunfos alcanzados con la Campaña Admirable —1.000 millas o 1.609,34 kilómetros en 7 semanas— desde el río Magdalena en Colombia hasta Caracas, permitieron a Simón Bolívar llegar a la capital venezolana el 3 de agosto de 1813. Unos días después de la guerra cruenta y dura, el 14 de octubre de 1813 se le elige capitán general de los Ejércitos (general en jefe) de la patria, en la iglesia de San Francisco de Caracas y se le concede el título que lo hará inmortal: Libertador de Venezuela. Antes, en Mérida, durante la victoriosa Campaña Admirable, se le nombraba ya Libertador el 23 de mayo de 1813. Consciente estaba Bolívar de que la victoria había llegado a su patria en la mira de los fusiles de los soldados neogranadinos. Tan cierto era esto que entre los héroes más sobresalientes figuraban Atanasio Girardot y Antonio Ricaurte. Por ello, no es de extrañar que Bolívar se encaminara por la unidad de "toda la América Meridional" bajo la estructura de nación. Las batallas más importantes de la Campaña Admirable fueron la de la Villa del Rosario de Cúcuta, donde salió derrotado Correa, que huyó a Maracaibo; la de Los Horcones, en la que venció a Oberto; la de Niquitao, donde se inmortalizaron Campo Elías y Rivas Dávila al derrotar a Martí, enviado por Tiscar desde Barinas; la de Cerrito Blanco, donde el coronel Ramón García de Sena venció a Reyes Vargas; y la de Taguanes, donde las huestes de Izquierdo le infligieron una derrota con la caballería al mando de Urdaneta, Girardot y D´Elhuyar.
La voluntad de vencer de Bolívar durante la Campaña Admirable tuvo el firme propósito de reconquistar la libertad y la república perdida en 1812. Por ello, afirmó: "Yo os juro que, libertador o muerto, mereceré siempre el honor que me habéis hecho, sin que haya potestad humana sobre la tierra que detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a libertaros". Y agregó: "Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria".
En Kingston, Jamaica, Bolívar durante su destierro, redacta la Carta de Jamaica dictada a su secretario Pedro Briceño Méndez, el 6 de septiembre de 1815, y dirigida al al comerciante británico Henry Cullen, donde critica por primera vez la neutralidad de los Estados Unidos de Norteamérica (EE. UU.). En ella, aclara mediante un análisis profundo el fracaso de la Primera y Segunda República en el contexto de la independencia de Venezuela.
Simón Bolívar, precursor del antiimperialismo, destacado conductor político que en el espacio vital que le asignó la historia supo transformar su tiempo y divisar el destino de nuestros pueblos, defendía una América Latina resguardada ante las acechanzas extranjeras, apta con su unidad creciente para responder al imperio —intuido ya desde entonces— que en el norte, sobre montañas de dólares para saciar codicias, se estaba edificando. El Libertador exponía que aquella nación era la causa de nuestras desgracias. "Jamás conducta ha sido más infame que la de los [norte]americanos con nosotros". Bolívar pregonaba: "Yo siento que la energía de mi alma se eleva, se ensancha y se iguala siempre a la magnitud de los peligros". Hoy Bolívar es un fantasma todavía librando batallas. Aun después de muerto hace temblar a los enemigos de la causa justiciera del continente. La muerte y la traición no lograron su derrota total. Como bien dijo Bolívar, se le podía derrotar una o mil veces, ¡pero vencerlo jamás!
A Bolívar, los Estados Unidos no le acomodaron el cartelito de "comunista" porque para esa época no existía esta decorosa calificación. Para entonces, lo llamaron tratadista teórico de propósitos flotantes, dictador, usurpador y delincuente internacional por haber liberado a Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y haber creado Bolivia. El presidente del país norteamericano para entonces, James Monroe, en su mensaje presidencial al Congreso del 2 de diciembre de 1817, refiriéndose a la lucha de los patriotas hispanoamericanos contra el colonialismo español, declaró: "El conflicto no presenta el aspecto de una rebelión o insurrección, sino más bien el de una guerra civil entre partidos o bandos cuyas fuerzas están equilibradas y que son mirados sin preferencia". Es decir, los Estados Unidos se han atribuido siempre el derecho a calificar unilateralmente lo que les venga en gana.
No queremos el Bolívar de los mármoles y el bronce, que es el que quieren petrificado en las estatuas los usurpadores de la libertad. Queremos al Bolívar impregnado de humanidad, vivo en la lucha de los pueblos de América Latina, el Caribe y el mundo, con la divisa del triunfo. Bolívar aún vive en el pueblo latinoamericano y caribeño, y especialmente en el venezolano. Dijo el Apóstol cubano José Martí: "Lo que no hizo Bolívar está todavía por hacerse en América".
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