Al derecho y al revés | En la hora del perdón
Por Domingo Alberto Rangel
23/09/2026.- Es difícil el camino de la reconciliación, pero es de admitir que, en ese tránsito azaroso, quienes —en principio y durante todo lo que corre de este siglo— pusieron a pelear a venezolanos contra sus compatriotas ahora buscan que se limen las asperezas.
¡Y quién diría que le iba a tocar al presidente más peleón y buscapleitos, Donald Trump, ser el auspiciador de esta reconciliación que, en general, a todos nos conviene!
Obviamente, como en todos los conflictos, siempre habrá aquellos que se acostumbraron a vivir la vida del campamento y no darán su brazo a torcer.
Y los hay en todos los bandos, desde los que no entienden que el 3 de enero quedamos humillados los venezolanos —en especial militares y policías— hasta los que, por encima de eso, pretenden tener fuerzas inexistentes y que lo mejor sería emplearlas en algo más seguro.
Esos, por fortuna, son una minoría exigua, como también lo son quienes, habiendo hecho una vida en el exterior, pretenden que se les reciba como si no hubieran pedido sanciones contra la economía venezolana, que nos invadieran ejércitos extranjeros y que, en el colmo de la ingenuidad —que roza lo bruto—, nos resolvieran nuestros problemas.
La inmensa mayoría quiere paz, trabajo y ley para todos.
Esta última petición contempla cárcel para aquellos que cometieron delitos graves, sean los que sean. Hay un episodio reciente que ejemplariza mejor este punto. En días pasados, un señorito que vive en el exterior desde hace décadas publicó una imbecilidad en la que aprobaba, en palabras textuales, que nuestro oro y el dinero de las cuentas, que ilegalmente nos congelaron en la Gran Bretaña y otros países del llamado primer mundo, se quedaran en las arcas del rey inglés "porque en Venezuela se robarían todo".
Ese pobre diablo —al que se le debería quitar la nacionalidad— no reconoce el pasado de piratería de esa nación. Son saqueadores que no devuelven nada: ni nuestro oro, ni los obeliscos que se robaron de Egipto.
Ese idiota, que se cree mejor al resto de los venezolanos por escribir barbaridades en esa letrina sin limpiar que, a veces , son las redes, no debe ser objeto de reconciliación.
Pero menos se puede negar que, por muy imbécil que sea ese personajillo, aquí los dineros públicos a cuenta de la revolución son objeto de saqueos en no pocos casos.
Tanto la presidenta Delcy como los que dialogan a cuenta de las oposiciones, e incluso quienes desde el partido de gobierno pretenden hacer creer que en nuestra desgracia no tiene responsables, deberían tomar en cuenta este punto en la hora del perdón.
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