Cine para llevar | El show de la vida real
Por Luisa Ugueto Liendo

Si bien es cierto que muchos en YouTube generan contenido valioso mostrando gran creatividad, otros cobran por enumerar novios, embarazos, amantes o peleas.
YouTube es la nueva televisión. Se ha convertido en una tribuna para el entretenimiento y la información. Por su propia naturaleza independiente, la plataforma ha permitido que miles de personas en todo el mundo puedan convertirse en creadores de contenido.
En otra época, al menos el 70% de la gente famosa, lo era por cantar, actuar, modelar o hacer alguna otra actividad. Después de lograr esa fama o como consecuencia de ella (algunos) se dedicaban a ir de programa en programa o de revista en revista contando su vida. Ganando así mucho dinero y «facturando» como se dice en el mundillo de la farándula, por revelar los detalles más escabrosos de su intimidad. Así eran las cosas, de eso viven las revistas y los programas de farándula, es un negocio y tiene su público.
Sin embargo, en los últimos años, en el mundo del entretenimiento han surgido una gran cantidad de «famosos» por salir a la palestra no a cantar, actuar, modelar o hacer cualquier otra actividad artística. Su celebridad se la deben a contar su día a día en internet.
Hablan de sí mismos sin parar, emiten opiniones como si fuesen Bertrand Russell o Albert Camus. No son filósofos o psicólogos connotados, pero dan consejos sobre cualquier tema. En ocasiones cantan (aunque no tengan talento para hacerlo), realizan retos y hacen chistes (algunos muy malos), pero la materia fundamental de su contenido es su realidad o lo que venden como tal.
Si bien es cierto que muchos en YouTube generan contenido valioso (de humor, series, entretenimiento, belleza, turismo, información, estilo de vida, etc) otros cobran por enumerar novios, embarazos, amantes, pelear (con golpes incluidos), contar cómo duermen, llorar y meter la cámara en cada rincón de sus casas.
Sus vidas son realitys que se transmiten en vivo 24 horas, siete días a la semana, valiéndose también de otras redes sociales como Instagram y Facebook. El entretenimiento que venden es (o al menos aparenta serlo) real. No sienten vergüenza al exhibir hasta lo más insólito. Se deleitan en relatar sus vicisitudes, alegrías, cuitas emocionales y amorosas.
Saben qué hacer show es lo que más vistas genera. Lo que mejor permite que su contenido se viralice, generándoles beneficios económicos.
En ocasiones se quejan del impacto negativo que tiene contar casi todo, olvidando que precisamente de eso comen. Su trabajo es vivir frente a las cámaras. Su privacidad es un negocio de miles de dólares.
¿Está bien lo que hacen? ¿tiene mérito? ¿vale la pena? Cada uno puede elegir lo que gusta ver.
Luisa Ugueto Liendo
@luisauguetoliendo
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