Trinchera de ideas | El deterioro estratégico de las FF.AA
de Estados Unidos (I)
Por Sergio Rodríguez Gelfenstein
YouTube: @SoySergioRodriguezGelfenstein
Facebook: Sergio Rodríguez Gelfenstein
X: @sergioro0701
IG: Trinchera_de_Ideas_SergioR
En octubre del año pasado escribí un artículo en el que señalaba los problemas internos que aquejaban a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. En ese momento puse el énfasis en aquellos elementos de carácter doctrinario en los que se manifestaban discrepancias entre los líderes políticos y militares del Pentágono sobre todo, en relación a la nueva estrategia de defensa preparada por la Administración Trump.
En ese escrito, señalé que el punto de vista del secretario de Guerra Pete Hegseth -que ha establecido que el centro de la inquietud de Estados Unidos en materia militar debe orientarse a enfrentar y derrotar amenazas internas- es resistido por los altos mandos de las Fuerzas Armadas toda vez que una buena parte de generales y almirantes creían que el secretario minimizaba la competencia de Estados Unidos con China y reducía el papel del país en Europa y otras regiones del mundo.
Esta situación crítica parece haberse profundizado en los últimos dos meses. Al respecto voy a mencionar cuatro perspectivas fundamentales que sin ser las únicas, expresan aspectos de la capacidad combativa de una fuerza armada que sin duda influyen en la determinación de su verdadera disposición de combate. Son ellos:
1. Conducción estratégica
2. Moral de combate de las tropas
3. Infraestructura
4. Equipamiento
Veamos:
En cuanto a la conducción estratégica, es sabido el impacto que ha causado el manejo desacertado de la secretaría de guerra por parte de Pete Hegseth a tal punto que el pasado 6 de agosto, el propio presidente Trump tuvo que comparecer públicamente para refutar que tuviera tensiones con Hegseth motivadas en las “falsas informaciones” que este le habría entregado en cuanto las reservas de armas del país, presuntamente agotadas durante la guerra contra Irán.
Argumentando respecto del único éxito militar obtenido por Estados Unidos durante su mandato (la incursión en Venezuela y el secuestro del Presidente Maduro) y mintiendo descaradamente en relación a su guerra con Irán, Trump desató un soberbio ataque contra los medios a quienes culpa de desinformar sobre su ejecutoria que -según él- incluye la culminación exitosa de diez guerras.
No obstante, la renuncia del secretario del Ejército, Dan Driscoll, ha hecho patente la crisis institucional en el Departamento de Guerra bajo la gestión de Hegseth. El hecho se suma a una serie de destituciones y bloqueos de ascensos a altos mandos militares que generan inquietud entre senadores y congresistas del Partido Republicano.
La salida de Driscoll (un funcionario MAGA próximo al vicepresidente J.D. Vance) sigue a la del jefe del Estado Mayor del Ejército, Randy A. George en un contexto de discrepancias sobre la modernización de las fuerzas armadas. Existen informes que señalan que la reestructuración emprendida por Hegseth afectó a más del 10% de la cúpula militar mediante el freno de ascensos a decenas de oficiales superiores.
De forma interina, el cargo de jefe del Estado Mayor del Ejército lo ejerce el general Christopher LaNeve muy cercano a Hegseth manifestando la fractura interna dentro de las Fuerzas Armadas. La salida de Driscoll se suma a la de la jefa de Operaciones Navales, almiranta Lisa Franchetti y el subjefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, general Jim Slife.
Eludiendo la responsabilidad sobre estos asuntos, en especial sobre el espinoso tema de las reservas de municiones Hegseth culpó a su subsecretario, Stephen Feinberg, haciéndolo responsable además por no garantizar que el presidente estuviera completamente informado de esta situación.
Este contexto se produce mientras las Fuerzas Armadas enfrentan las exigencias operativas derivadas de la prolongación por más de seis meses del conflicto del Asia Occidental que ha significado un importante desgaste logístico y un fuerte impacto en la preparación estratégica de las tropas desplegadas en misiones internacionales dilatadas, lo cual insistentemente ha sido negado por Trump y Hegseth.
Para nadie es un secreto que la inestabilidad en el liderazgo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos por la constante rotación de los mandos de dirección. genera un vacío de conducción y liderazgo y obstaculiza la innovación tecnológica necesaria en un momento tan complejo como el actual.
La insistencia de Trump y Hegseth de mantener mandos interinos con criterio político (para evitar que generales y almirantes “vinculados al partido demócrata” y a la ideología woke accedan a cargos de relevancia) se propone consolidar una línea de mando vinculada al partido republicano. La posibilidad real de pérdida del control sobre el Senado que decide los ascensos a generales y almirantes por parte del partido republicano en las próximas elecciones hace que, paradójicamente Hegseth trate de acelerar el proceso.
En otro plano la Armada estadounidense se enfrenta a una creciente presión financiera ya que la prolongada guerra de Washington contra Irán ha consumido miles de millones de dólares en gastos operativos obligando a la institución a desviar fondos destinados a salarios y otras necesidades militares, afectando las reservas de armamento y la infraestructura militar dado que meses de operaciones de combate, despliegues navales y ataques de represalia iraníes siguen consumiendo los recursos del Pentágono. “Las reservas están rotas", declaró al diario británico The Guardian el oficial retirado de la Armada estadounidense Harlan Ullman.
En otro ámbito, el asunto de las condiciones de trabajo y vida de las tropas que incide en su moral de combate, llegaron a un punto de inflexión tras la estadía durante nueve meses continuos en el mar del portaviones Abraham Lincoln que presentó graves signos de deterioro como lo reportaron los mismos marineros a bordo de la embarcación.
Entre los inconvenientes manifestados por esta nave botada al mar en febrero de 1988 se presentaron duchas mohosas que obligaron a cerrarlas durante algunos días. Lo mismo ocurrió con la lavandería. De igual manera se detectaron problemas de agua caliente y potable e inodoros rotos que se atascaron y desbordaron, dejando una acumulación de excrementos humanos en los baños utilizados por unos 200 marineros.
Además, los tripulantes reportaron escasez de alimentos y largas filas de una hora o más para comprar comida en la tienda del barco. Uno de los militares señaló en un mensaje a su madre que ”a veces la comida consistía en media taza de arroz y dos tortillas”, lo cual fue denunciado por el congresista demócrata Mike Levin a pesar que el gobierno ya lo había desmentido. Durante un período prolongado los marineros tuvieron que alimentarse de atún mezclado con fideos o perros calientes, varios describieron haber perdido peso significativo.
De la misma forma, la tripulación se quedó sin artículos básicos como pasta de dientes, desodorante y jabón. Por otra parte se han verificado retrasos de correo tan graves que algunos paquetes de cuidado desaparecieron en el sistema durante meses.
En otro aspecto tan delicado como la situación de la tropa debe señalarse que un marinero reportó haber visto agujeros que se han ido desgastando en la cubierta de vuelo, uno de los lugares más sensibles de la embarcación militar toda vez que aviones con potentes motores pueden quemar a los marinos y arrojarlos por la borda. Un oficial refirió que “las hélices giratorias son capaces de provocar accidentes, mientras que la constante carga y descarga de bombas, misiles y cohetes supone un riesgo de explosiones e incendios”.
Todo ello ha conducido a una pérdida del ánimo y consecuentemente de la moral combativa de la tropa sobre todo porque la tripulación del Lincoln solo ha tenido dos días libres fuera del buque desde que zarpó el pasado noviembre de su puerto base en San Diego. Vale decir que esto se debe a que el puerto en el que este tipo de embarcación hacía paradas para el descanso de la tropa era la instalación naval de Jufair en Bahréin, base de la la Quinta Flota de Estados Unidos, donde se encontraba gran parte de su centro logístico, hoy destruido por la acción de los misiles iraníes. En el pasado, estos envíos transitaban por el estrecho de Ormuz, lo cual hoy es imposible so riesgo de ser objeto de ataques iraníes.
La demócrata Sara Jacobs, miembro del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes alertó acerca del agotamiento y la salud mental de los marines a bordo "porque la historia ha demostrado que esto puede tener graves consecuencias, incluido un mayor riesgo de suicidio". En ese marco, el almirante retirado Mike Mullen expresidente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos explicó que las bases estadounidenses en Bahréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, habitualmente destinadas para el descanso de las tripulaciones, quedaron inutilizables tras los ataques iraníes. Dijo que: "Esos lugares donde normalmente íbamos a descansar y relajarnos [ahora] no se pueden usar". Varios senadores y familiares de marineros han alertado sobre el deterioro de la salud mental de la tripulación. En esas condiciones, los familiares denunciaron que varios marineros habrían intentado arrojarse por la borda debido al estrés extremo, las jornadas de trabajo y guardia de 12 a 16 horas y el agotamiento físico.
Pero los problemas no son exclusivos del Lincoln, el periodista de investigación Seth Harp publicó fotografías del interior del portaviones George Washingtom en las que también se aprecia presencia de moho e instalaciones deterioradas, pese a que el buque completó recientemente una "revisión compleja" que tardó seis años. Según Harp, esa situación es producto de que la marina de Estados Unidos solo tiene “un astillero capaz de reabastecer de combustible y reparar un portaaviones nuclear".
Tras las denuncias en torno a la situación del Lincoln, comenzaron a aparecer nuevos testimonios de personas cercanas a militares desplegados en otros barcos e incluso en tierra, en los que se asegura haber recibido mensajes directos de familiares y miembros del servicio familiarizados con el asunto que hablaron bajo condición de anonimato y que manifestaron que lo que se dice del Lincoln es absolutamente cierto, añadiendo que ellos – en otras unidades navales- también están atravesando dificultades, aunque todavía no del mismo nivel. Señalaron que llevan entre cinco y seis meses desplegados y no han visto tierra desde el inicio del conflicto con la República Islámica de Irán.
Un mensaje proveniente de otro portaaviones, el George H.W. Bush da cuenta de la denuncia de una marinera destinada a esa nave, que regresó temporalmente a Estados Unidos y que sin ambages señaló que “la moral está baja y todos están miserables. Es desgarrador".
Las denuncias no se limitan a los buques. Según la madre de un militar desplegado en Kuwait, la salud mental de su hijo se ha deteriorado gravemente. La mujer dio a conocer que el joven estaba en Kuwait padeciendo extremas dificultades de salud, añadiendo que aseguraba sentirse "cansado, hambriento y asustado".
Otro testimonio, el de la esposa de un militar que actualmente se encuentra en el Lincoln aseguró que su marido le transmitió que "necesitan desesperadamente que más personas hablen sobre lo que está sucediendo" porque cuando los marineros piden información a sus superiores, se les responde que no se preocupen por las novedades y que "solo se preocupen por el día de hoy".
La mujer añadió que la tripulación está agotada, sin días libres y durmiendo apenas unas pocas horas. También recordó que su marido expresó una fuerte inquietud por el liderazgo a bordo, señalando que "no le importa su gente". Añadió que incluso marineros con más de 20 años de experiencia consideran que se trata del peor despliegue que han vivido.
La situación llegó a tal extremo que varios legisladores ejercieron una presión tal que obligó al Alto Mando de la Armada a enviar al portaviones George Washington a la región para relevar y reemplazar al Lincoln tras su prolongada misión. Vale decir que este relevo se hizo a la usanza de Estados Unidos. Es decir, en vez de viajar directamente a su base en San Diego, California, el alto mando de la Armada decidió que la nave hiciera una escala en Pattaya. Indonesia. Esta pequeña ciudad tailandesa de alrededor de 300 mil habitantes, de los cuales 120 mil están registrados, era hasta 1961 una tranquila aldea de pescadores pero en abril de ese año fue virtualmente ocupada por la “gloriosa” marina estadounidense que participaba de la guerra en Vietnam para ser utilizada como un gran prostíbulo colectivo para sus abnegados marinos y oficiales. De igual manera, Pattaya, donde la tripulación del Lincoln arribó el pasado domingo 6 de septiembre, es conocida por ser el mayor escenario gay de Asia y estar llena de bares donde transexuales y travestis realizan espectáculos aparentemente del agrado de los atribulados marinos estadounidenses.
CONTINUARÁ
sergioro07.blogspot.com
Te invito a seguir mis redes
Etiquetas
Compartir












