Caracas, 16 de junio 2026
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Copa del Mundo 2026: las barajitas que no queremos pegar

Las de las prácticas racistas, xenófobas y misóginas contra los pueblos


Omar Artan fue recibido en Somalia como un héroe después de haber sido deportado por la FIFA.



16/06/26.- "Celebra la Copa del Mundo con nosotros", es uno de los slogan de la competición que tiene lugar en los tres países de Norteamérica. Pero mientras ha ido avanzando el evento nos hemos dado cuenta que esas palabras están cayendo en un vacío, y el Mundial 2026 muestra su cara más racista, su xenofobia, misoginia y desvergüenza.

Queremos recordarle a la FIFA que el país anfitrión de una Copa del Mundo tiene el deber de proteger y respetar a todas las personas. Si Estados Unidos desconfía tanto de los extranjeros, por qué se ofreció como sede del evento futbolístico que ha sido vendido por los organizadores como el que dejará un precedente histórico que jamás olvidaremos. Vaya que sí, estamos seguros desde ya que esta Copa tiene asegurada la tarjeta roja de amonestación moral.

El imperialismo comenzó a vaciar su rostro fascista cuando deportó a Omar Artan , reconocido el año pasado como el mejor árbitro de África. Él iba a ser el primer árbitro somalí en una Copa Mundial de Fútbol, pero las autoridades gringas decidieron sacarlo del mundial. A pesar de contar con visa y pasaporte diplomático, Artan tuvo que regresar a Somalia donde lo recibieron como a un héroe.

Otra de las barajitas que no queremos en el álbum es la de los abusos contra los jugadores de las selecciones de Uzbekistán y de Senegal, que fueron sometidos a invasivos chequeos de seguridad con perros y detectores de metales, tal cual como a unos delincuentes probados, en una clara violación de los derechos humanos consagrados en la Carta Magna de las Naciones Unidas.

Asimismo, el delantero de Irak,  Aymen Hussein, fue retenido e interrogado durante casi 7 horas antes de permitirle la entrada al país. Al fotógrafo de su selección también lo deportaron sin motivos algunos. En ambos casos se trata de un atropello sin precedentes contra protagonistas de la cita deportiva de la que se alardea en todos los medios como la mayor demostración de inclusión, unión, fraternidad y solidaridad entre las naciones participantes.



Aymen Hussein fue requisado como un delincuente por la FIFA.



 A las mujeres mexicanas le vulneraron el derecho a la protesta previo al partido inaugural de la Copa en Ciudad de México. Policías y militares reprimieron la protesta masiva de las mujeres que exigen verdad y justicia por la crisis de personas desaparecidas que va en aumento en ese país y ya suma 12 mil casos en 2 décadas. Mientras la selección azteca vencía a Sudáfrica en el bello y recién remozado césped de verde perfecto para las cámaras de las trasnacionales mediáticas, muchas mujeres estaban siendo golpeadas en las afueras del estadio.

Estados Unidos, que ya no puede esconder la crisis de derechos humanos en la que se encuentra desde ya hace bastante tiempo, ha expresado su lado más oscuro con prácticas autoritarias en los pocos días de desarrollo que contamos del evento. Agentes armados del ICE detienen a menores de edad y han deportado a cientos de miles de personas sin un debido proceso. Hinchas de la comunidad LGTB han denunciado que no es seguro ser visibles, y se le ha prohibido la entrada al país a fanáticos de cuatro selecciones africanas. En México y en Canadá también se han reportado acciones grotescas contra hinchadas de algunos países.

La guinda de la torta es la prohibición que recibió la selección de Irán de permanecer en suelo estadounidense, por lo que el plantel se encuentra alojado en un campamento en México y puede entrar a los Estados Unidos sólo cuando tiene partido. Es decir, los seleccionados iraníes reciben visa norteamericana solamente por 24 horas, y deben entrar y salir de territorio gringo inmediatamente después del compromiso, en un abuso total contra la razón humana.

El rostro de la discriminación hace presencia absoluta y cada vez más elocuente y descarado con la complicidad de la FIFA. Controles administrativos redoblados, aficionados reprimidos, registros humillantes de jugadores a sus llegadas al evento, prohibición del uso del idioma español durante las ruedas de prensa, tratos abusivos contra musulmanes, islamistas y africanos. Sin duda acciones fascistas que merecen la tarjeta roja directa de amonestación.

El fútbol puede tratar de ocultar crímenes como sucedió durante el Mundial Argentina 1978, pero también es un espacio donde un jugador como Paul Breitner se negó a jugar en protesta contra la Junta Militar de Videla, o donde el joven Lamaine Yamal ondea la bandera de Paletisna en una muestra clara de repudio contra el sionismo criminal. Lo más importante de este mundial debe ocurrir fuera de los estadios de fútbol, en las calles y en los campos, donde se celebre no el espectáculo, sino la memoria y la lucha de los pueblos por su dignidad, libertad y derecho a la autodeterminación. 


SABINA DI MURO / CIUDAD CCS