BORRADORCiudad Bolívar, hay un latido en el Universo: Polvo Somos
La obra del dramaturgo Romny Istúriz atraviesa la geografía y llega al sur
04/11/26.- Il y a une pulsation cosmique dans l'Univers, fue la frase que llegó a mi cabeza (y me llegó en francés) cuando descubrí que el dramaturgo Romny Istúriz estaba montando una obra sobre el genio venezolano Humberto Fernández-Morán, y que había escogido para ese rol precisamente al actor Louis Larrua. Sí hay un latido que vibra en el Universo, me dije. Se conjugan factores innegables que me hacen pensar en una posible conspiración, y no se le puede dar la espalda a la vida, me repetí varias veces en mi cabeza.
La experiencia de leer más de una vez el libro Descubrir lo invisible no fue una travesura solamente del maestro Istúriz. Fue también una tarea que asumí cuando llegó un día cualquiera ese texto a mis manos, y se convirtió además en una revelación. Tras sumergirme repetidamente en esas páginas y desentrañar el minucioso trabajo de investigación que la ingeniera venezolana Gloria Carvalho dedicó a Fernández-Morán, confirmé que la historia la escriben o la ocultan los centros de poder, y que en esta globalización hegemónica dominada por redes, las palabras manipuladas por los poderosos van a parar en Google y en Wikipedia sin mucha profundidad.
Cuando el maestro se cruzó en mi vida y entendí lo que estaba germinando, sentí mucha curiosidad y quedé con la inmensa expectativa de lo que sería ese producto. Necesitaba ver cómo esa densidad histórica, el fuego de la investigación y el peso de una mente maravillosa como la de Humberto se transformaban en carne, voz y poesía sobre las tablas. Hoy, luego de varios meses, y después de haber visto cuatro veces la obra, tengo mejores argumentos para no desistir, tengo un arsenal de versos y bastante papel en blanco. Me atrevo a confesar que me ha quedado grabada una frase irrefutable de ese guión, que oigo a menudo en mis silencios en el acento maracucho imitado por Louis: “no es deseo, es ley del Universo”.
Altruista, humanista, patriota, impulsor del conocimiento libre, Fernández-Morán puso su atención e interés en la física de la mente humana. Fue el primero en desarrollar y hacer uso pacífico de la energía nuclear en beneficio de los avances tecnológicos para el bienestar de la humanidad. Así se convirtió en un hombre incómodo para el Departamento de Estado de Estados Unidos y para las élites del Instituto Espacial. Después de este dato que les estoy dando creo que no hacen falta muchas palabras para estar conscientes de su grandeza. Lo mismo vale para el astrofísico Héctor Rojas, el “cartógrafo de la Luna”, a quien en 1975 le borraron su memoria, literalmente hablando, a través de un procedimiento invasivo propio de agentes de la CIA.
Se acercaba el estreno de Polvo Somos y volví a mirar el reloj, las manillas marcaban horas, minutos, segundos. Estaba cada vez menos distante el momento en que se levantaría el telón y aparecerían los dos científicos, o Gladys, o los tres juntos. Batiendo récord vencí el desafío que significa llegar a un destino a tiempo en Caracas con lluvia, y me pasan cosas que nadie me las cree pero me pasan. No fue la excepción ese día jueves: el dueño del restaurante chino de la avenida Andrés Bello me vio en problemas y salió de su negocio con un paraguas tamaño XL a vencer conmigo la lluvia, hasta dejarme en la entrada del teatro Alberto de Paz y Mateos. En un instante se puso todo como en cámara lenta cuando en medio del trayecto vi a los padres de Humberto. Se mojaban, cruzamos miradas, me parecieron conocidos de toda la vida, quise decir alguna palabra, invitarlos a refugiarse bajo el mismo para-aguas del cielo, que parecía más bien playero, pero no pude. Me lo impidió el ritmo que llevaba el paso del señor chino, y muy a mi pesar los dejé atrás, bajo la lluvia. Pasé directo a un baño a arreglar lo que se había desarreglado durante la travesía y supuse verlos de nuevo, pensé que era obvio, pues iban a ver al primer actor, pero eso nunca pasó, no fue así ni antes ni después de la función.
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Han pasado los meses. Las agujas del reloj siguen marcando el tiempo sin flexibilidad. La historia ha ido avanzando y Louis camina junto a sus compañeros Manuel Arias, quien interpreta a Rojas, y Harancis Mena, quien interpreta a Gladys, llevando este expediente clasificado por el país en una gira nacional. Yo persigo ese código de lo humano con mi corazón y pensamiento, con mi prosa y la pasión que sentí desde la primera vez, cuando sentí el flechazo de ese amor a primera vista. Él lo sabe. Sí, un colpo di fulmine. Es que Humberto Fernández-Morán me inspira, me da coraje, me sirve de ejemplo y me abre posibilidades. He probado a non pensarti, ma ti penso sempre più. Se trata también de orgullo de venezolana descubrir, desde una mirada teatral, detalles de la vida de estos dos grandes que se sacudieron a esos perversos de la NASA por defender nuestra soberanía científica. A veces pienso que el Universo podría sorprenderme, llevarme de vuelta a París y allí, esta vez, vivir una mejor historia abriéndole paso a mi corazón. Sería bueno que esa ciudad, de una vez por todas, se reivindicara conmigo, sí. Se lo dije el año pasado por estas mismas fechas de noviembre.
Mientras el destino traza sus derivas atlánticas, mientras imagino otra caminata por la orilla del Sena, entre el aroma a café, los lujos parisinos, la promesa de un texto de teatro cobrando vida bajo las luces de la Ciudad Luz, y la probabilidad de robarme ese corazón que quiero, la geografía de esta gira insiste en traernos de vuelta a lo nuestro, regalándonos metáforas impecables de un guión incroyable. Lo tengo claro, esa pulsación cósmica en francés podría ser un presagio, una aguja de brújula que me recuerda que todo arte auténtico parte de una pasión local para volverse luego universal. Creo que Romny Istúriz también lo sabe. Él también sabe un “minúsculo” detalle que no le he dicho a más nadie: que dramaturgo es una de las palabras que se dice igual en español y en italiano, y es una de mis palabras favoritas porque en los más hermosos recuerdos de mi madre Anna, con su tono genuinamente italiano, me habla de su gusto por los maestros Luigi Pirandello y Darío Fo. Algo que era común en ella: hablar del cine, de la música, del teatro, hablar del arte de Italia.
Después de encender la conversación en las tablas caraqueñas, dialogar con la neblina académica de la ULA en Mérida, oxigenarse bajo la luz dorada y expansiva de Puerto La Cruz, sumar aplausos en las funciones de Los Teques y contagiarse de la fuerza industrial e histórica de Valencia, este viaje de soberanía y memoria pone rumbo al sur profundo, allí donde la historia se abraza con el cauce imponente de los ríos, en la heroica Ciudad Bolívar. Llegar a Angostura no es un hito cualquiera en la bitácora de Polvo Somos. Ciudad Bolívar es una tierra impregnada de memoria libertadora, piedra ancestral y una mística cultural que sabrá descifrar las notas más íntimas de este reencuentro histórico. En el suelo guayanés, donde el caudal del río Orinoco y el Caroní refleja la inmensidad del paisaje y la templanza de nuestra gente, la densidad de la física, los cálculos del alunizaje del Apolo 11 y la invención del bisturí de diamante se transformarán, seguramente, en una vivencia profundamente terrenal.
Allí, frente al cauce majestuoso de Venezuela, Louis, Manuel y Harancis volverán a encarnar esa dignidad irrenunciable que une a la ciencia con la Patria. Las tablas guayanesas se preparan para recibir una pieza que no busca imponer frías certezas, sino encender preguntas en la juventud y recordarnos que en cada rincón de esta geografía late el orgullo indestructible de lo que somos. Cada quien atrae lo que merece, sí. En el trascurrir del tiempo y en cualquier espacio seguiré sumando, anotando este viaje, con el corazón abierto y la mirada puesta en el horizonte. Seguramente en cualquier momento el arte, la ciencia, el teatro, el amor y la pasión se cruzarán en ese eje transversal. Tributarán así a la ley del Universo.
SABINA DI MURO/CIUDADCCS
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