Retina | Elegir el infierno
Por Freddy Fernández
@filoyborde
19/10/2026.- Una encuesta, realizada en Brasil, arrojó como resultado que un importante porcentaje de la población atribuía a “Dios” ser el factor que había permitido elevar las condiciones de vida de los sectores populares. Este “factor” tenía un porcentaje más alto que el gobierno de Lula.
La política, me parece, queda desplazada de su rol si la percepción de la gente es que el bienestar va a depender del poder de Dios y no del accionar de los pueblos para conquistar y defender sus derechos.
La peor parte de esta percepción es que, quienes tienen esta opinión, denominándose mayoritariamente como cristianos, favorecen a un candidato político que presiona para hacer un país que irá en sentido contrario al valor fundamental establecido en el Nuevo Testamento.
No hace falta estudiar tanto ni saber mucho de la Biblia para tener muy claro, absolutamente transparente, que la mayor enseñanza que se atribuye a Jesús es el amor al prójimo y que va acompañado de un llamado especial a proteger a los pobres y a los excluidos.
Lo que ocurre hoy en Brasil es que, peligrosamente, hay posibilidades de apoyar a un candidato que encarna un discurso cargado de racismo, de menosprecio hacia los pobres y de odio contra los movimientos populares.
Promete una venganza contra quienes han soñado con mayores niveles de justicia y de inclusión social.
Si la política es el ejercicio que debe guiar hacia la convivencia y la procura del interés común, la ultraderecha, cómo lo hemos comprobado en Venezuela y en el mundo, no puede hacer otra cosa que odiar, acosar y generar violencia.
Enfatizo que no soy teólogo ni nada que se acerque a ello, pero he crecido con una ética cristiana que me permite destacar que debe revisarse muy bien quien piensa en votar desde la convicción de sentirse superior y, por ello, con el derecho de excluir y atacar a sectores que considera inferiores raciales o culturales, porque no está pensando desde un valor cristiano, está actuando con base en la ira, la soberbia y la envidia.
Cuando se apoya este tipo de apuestas, debería tenerse claro que se está optando por un escenario que necesariamente va a ser violento. Los excluidos, mayoritarios en casi todas partes, se verán obligados a reivindicar sus derechos a una vida mejor y los clasistas y racistas, en posiciones de gobierno, no dudarán en reprimir a los sectores que consideran inferiores.
Apoyar a la ultraderecha no es una ruta al cielo. Es el camino a un infierno.
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