Rostro de mujer | La vida no se vive en blanco y negro
Por Nirma García Berbeo
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17/10/2026.- Hay vidas que no se miden por los títulos colgados en la pared, sino por las manos que se han sostenido en la penumbra. La historia de Eudris Thais Rivero Longo —periodista de 41 años, nacida y criada en San Martín, en el barrio El Guarataro— es una lección abierta sobre la empatía, la memoria familiar y la capacidad inagotable de reinventarse.
Desde muy pequeña, aprendió que el cuidado es una forma de amor que exige temple. A los nueve años, entre el olor a café y las dinámicas del hogar, su tío le enseñó a tomar la tensión. La salud quebrantada de su abuela, el pilar fundamental de la casa, no dejó espacio para la fragilidad infantil; junto a su madre y su hermana, aprendió a lidiar con infartos, accidentes cerebrovasculares y guardias compartidas entre el colegio y el hospital.
Relató para el equipo de Rostro de mujer que en su hogar "si a uno le pasaba algo, todos corrían: mientras una cocinaba, la otra se quedaba al cuidado del paciente en el centro de salud". Esa estructura familiar, moldeada por la fortaleza de las mujeres y la presencia constante de un padre vigilante, que acudía a sus actos escolares mientras su madre cosía incansablemente, definió su carácter y su mirada protectora sobre el mundo.
Su paso por la adolescencia transcurrió en el contraste entre la calma del colegio Antonio Arráiz y los agitados pasillos del emblemático liceo Fermín Toro. De esa época atesora un consejo maternal que se convirtió en su brújula económica y vital: aprender siempre una profesión y un oficio, pues el oficio es aquello que permite resolver la mesa diaria cuando la profesión se torna compleja.
Sin embargo, la comunicación social siempre estuvo en sus planes de vida. Antes de los 25 años se graduó de licenciada y antes de los 30 concluyó su posgrado y sostuvo en brazos a su único hijo, Javier Alejandro. Su trayectoria en el campo periodístico y en la gestión pública le ha permitido entender la comunicación más allá de los micrófonos o las plataformas digitales. La asume como una herramienta humana para conectar, comprender y servir a las comunidades desde cualquier escenario.
La trayectoria de Eudris no ha estado exenta de pérdidas profundas ni de desafíos colectivos. El fallecimiento de su abuela marcó un quiebre emocional durante su juventud, y años más tarde le tocaría presenciar el dolor de cerca durante la atención en campamentos de emergencia tras eventos sísmicos, así como en las coberturas de calle con poblaciones vulnerables y adultos mayores. Esas vivencias le enseñaron a deshacerse de quejas superficiales y a valorar la realidad propia.
Frente a la opción de emigrar, Eudris reafirma con contundencia su decisión de permanecer en su país, apoyada en la convicción de que la red emocional de su familia no cabe en una maleta. Para ella, tener cerca a sus padres, esposo e hijo y a sus otros seres queridos le garantiza la paz necesaria para salir adelante. Además, encuentra una profunda inspiración en su madre, Zoila Longo, quien se graduó de bachiller en 2004 con la Misión Ribas y continuó hasta titularse como trabajadora social.
Al ser consultada sobre cómo se define, expresó que es una salsera de corazón, una lectora curiosa que aprendió a no juzgar un libro por su portada y una fiel defensora de la empatía.
Eudris Rivero sostiene una premisa que repite ante la adversidad: la vida es a color y no se debe vivir en blanco y negro.
Enfocada en brindarle calidad de vida y un camino sólido a su hijo de once años, elige centrar sus esfuerzos en verlo convertirse en un adulto independiente y profesional, mientras continúa creciendo en lo emocional y en lo espiritual.
Al ponerse del otro lado de la cámara para compartir su propia historia, deja un mensaje lleno de aliento para todas las mujeres que atraviesan procesos difíciles:
... [Hay que] recordar que cada etapa tiene un inicio y un fin, que los límites se los marca una misma y que, aunque el día amanezca frío o lluvioso, el sol siempre vuelve a salir para permitirnos mirar atrás y reconocer con orgullo que lo hemos logrado.

Don de servicio y amor por el prójimo. Foto: Luis González
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