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Punto y seguimos | El Nobel se arrima

Por Mariel Carrillo García 


13/10/2026.- El Comité del Nobel Noruego, luego de la vergüenza grupal que les hiciera pasar María Corina Machado en 2025, dedicando su ya cuestionable premio a Donald Trump, decidió hacer control de daños para tratar de recuperar algo del prestigio perdido en varios años de entregas que poco y nada tenían que ver con honrar la lucha por la paz mundial, otorgándolo a la abogada y jurista surafricana Navi Pillay, con una larga trayectoria que inicia con la lucha contra el apartheid, fue la primera mujer negra jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica, jueza y presidenta del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, y jueza en la Corte Internacional de Justicia. También fue Alta Comisionada de la ONU para los DDHH y miembro de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, que dictaminó que en Gaza se estaba cometiendo un genocidio. 

Pillay, de 85 años, indica el dictamen: fue premiada por defender el derecho internacional, lo que, en estos tiempos, no es solo un imperativo moral, sino un trabajo de riesgo. Ante la noticia, destacaron dos reacciones, las de EE. UU. e Israel, el primero en las figuras de su presidente y su secretario de Estado, Trump y Marco Rubio, y los segundos con su primer ministro y el Ministerio de Relaciones Exteriores, cuyo comunicado constituye un auténtico insulto a la inteligencia colectiva internacional.  

La obsesión de los citados con el reconocimiento es digna de estudio. Por un lado, defenestran el derecho internacional como nadie en el mundo, alegando que a ellos las normas no les aplican y, por el otro, pretenden pleitesía y aplausos por sus acciones en todos los espacios públicos que tengan (efectivamente o no) algún tipo de prestigio. Trump, quien ya pataleó el año pasado porque el premio no le fue dado a él, repitió el show alegando que “a esa señora no la conoce nadie” o que él “ha detenido al menos ocho guerras”, mientras que el gobierno sionista habló de calumnias, odio y de una carrera (la de Pellay) dedicada a la propaganda contra Israel. Y fueron aún más allá: “Ahora que la comisión del Nobel ha premiado la mayor mentira del siglo XXI, Joseph Goebbels seguramente está aplaudiendo desde el infierno", en un alarde de cinismo, distorsión histórica y agresividad que no hace sino probar por qué es tan necesario detenerles. 

El Comité del Nobel, tan dado a los “errores de juicio” premiando a personas y entes cuyo trabajo por la paz no es solo inexistente, sino contrariamente alevoso (caso Barack Obama), decidió lavarse un poco el rostro ante una comunidad ineternacional que pide a gritos —al menos en los pueblos— que se detenga el genocidio contra el pueblo palestino. El galardón a Pillay apunta a esto, a sumarse a la ola, lenta, pero creciente, de personas que encuentran intolerable la política de exterminio que lleva adelante Israel con la complicidad de EE. UU. Es poco, pero es algo, y contribuye a que la gente no caiga en el engaño de las narrativas cínicas de quienes asesinan mientras se ofenden porque no les dan estrellitas por ello.