María Cantalicia Torres: nuestra heroína de la papa nativa
Histórica labor de conservación de semillas del tubérculo nativo en el páramo de Gavidia
12/10/26.- En las cumbres elevadas de Venezuela, donde el viento sopla en la localidad de Gavidia, estado Mérida, María Cantalicia Torres ejerce su cultivo.
En el sector El Puente, en Gavidia, a casi 3.500 metros de altura, junto a su esposo Bernabé Torres y sus cuatro hijos, combina desde muy temprano las labores agrícolas con el tejido de lana de oveja en telar horizontal y vertical, además de ser compositora de coplas, cuentos, leyendas y canciones tradicionales del páramo. Entre el helaje del páramo y el hilado de ovejas, confecciona la lana y comparte sus lamentos, mientras imparte a los niños del campo sus enseñanzas ancestrales con poemas y colores.
Pero eso no es todo. Cantalicia resguarda con sus propias manos un tesoro invaluable que contiene la herencia ancestral: el conocimiento para mantener viva la práctica del cultivo de la papa nativa.
Con un suelo perfecto, las condiciones perfectas, elige tubérculos sanos, del tamaño aproximado de un huevo de gallina, libres de daños físicos, rajaduras o alguna deformación. Y allí comienza un proceso que logra mantener la genética pura de la papa, con una textura única y sabor a comida real: una resistencia a los procesos comerciales agrotóxicos.
Cantalicia hace algo importantísimo: demuestra la "incompatibilidad" de la papa nativa con la fertilización química.
Toda esta descripción la convierte en lideresa por naturaleza, aunque hable bajito. Esa destreza la hace, además, una de las 100 mujeres heroínas que está generando un impacto real en el sistema agroalimentario, recién nombrada así por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).
Días antes de esa premiación en Roma, pudimos conocerla en la redacción del diario CiudadCCS con un orgullo indescriptible.
Nacida el 28 de mayo de 1964 en el sector El Joso, e hija de Domiciano Torres y María Julia Moreno, la señora María Cantalicia ha sido ejemplo de constancia en los Andes merideños. Estudió la primaria a través de la Radiofónica Fe y Alegría en Mucuchíes y culminó el bachillerato en la Misión Ribas en el año 2006, con 48 años de edad.
“Me motivé a estudiar casi yo misma, porque de niña yo estudié hasta tercer grado y después cuando ya estaba adulta, que me motivé yo misma a seguir. Bueno, mi familia, mi esposo, mis hijos más bien me motivaron a sacar el estudio que no había sacado”.
Con toda humildad resalta su posición como lideresa rural y guardiana de semillas en los Andes venezolanos, y destaca una trayectoria de vida comprometida con la agrobiodiversidad, el resguardo de saberes ancestrales y custodia originaria de tierras y de memoria, que cultiva en el matorral eterno la historia.
Es defensora devota de la simiente viva, de la papa autóctona que el olvido evade. Frente al comercio voraz y globalizado, ella es el baluarte del terreno bendito. Su labor trasciende la sola producción agrícola al integrar la protección del ecosistema andino con la preservación de tradiciones culturales identitarias, tales como la crianza de ovejas y la tejeduría artesanal de lana.
“Vengo del estado Mérida y dije que si yo soy la elegida, pues aquí vamos para adelante”.
El pueblo de Gavidia, situado entre los 3.200 y 3.700 metros sobre el nivel del mar, está situado en un páramo importante de la Sierra Nevada del estado Mérida y se encuentra a 13 kilómetros de Mucuchíes, capital del municipio Rangel.
Sin saberlo, desde los términos científicos o desde los tecnicismos, todo lo que aprendió Cantalicia de sus ancestras es experiencia pura que comparte y evidencia el valor del diálogo entre el conocimiento empírico campesino y las instituciones de investigación, ejemplificado en la Scientist-Farmer Alliance. Su mano enlaza la ciencia y el saber milenario con una unión que sorprende al mundo. ¡María Cantalicia es autonomía, es antorcha y es guía, llama andina que protege la vida!
Esta articulación ha permitido identificar, caracterizar y rescatar variedades singulares de papa que hoy forman parte de las colecciones nacionales de germoplasma, lo que asegura su conservación ex situ. De este modo su trabajo consolida las tierras altas andinas como un bastión fundamental para el desarrollo rural sostenible y la seguridad alimentaria del país.
“Estoy orgullosa por haber sido seleccionada como mujer heroína venezolana; el ir a representar a Venezuela me he sentido muy contenta, estoy llena de alegría por haber sido elegida por Dios, que es quien manda”.
Las papas nativas son soberanía alimentaria
En una emotiva conversa sobre el proyecto, detalló cómo el resguardo de estos materiales nativos ha sido una tradición transmitida de generación en generación por sus abuelas.
El hito fundamental ocurrió en la finca de su padre cuando una intensa helada destruyó la totalidad de los cultivos comerciales de la zona. Sorprendentemente, la parcela de papas nativas resguardada por su familia no sufrió ningún daño.
Este hecho atrajo la atención de biólogos e investigadoras de la Universidad de Los Andes (ULA), como la doctora Liccia Romero, quienes iniciaron estudios científicos a 3.600 metros de altitud en Gavidia para comprender las cualidades agroecológicas y la resistencia climática de estas semillas.
A partir de estas investigaciones surgieron organizaciones como la Asociación de Productores Integrales del Páramo (Proimpa) y, posteriormente la alianza con las Redes de Innovación Productiva (Red de Redes), impulsada junto a Gabriela Jiménez, quien fue titular del Ministerio del Poder popular de Ciencia y tecnología.
Pero, además, con la llegada de la Revolución Verde y la entrada de variedades comerciales importadas (como Granola y Cevago), las papas autóctonas fueron desplazadas paulatinamente. A diferencia de los materiales comerciales mejorados de ciclo corto, las papas nativas tienen ciclos más largos, pero poseen una resistencia biológica superior.
Este enfoque integral se sustenta en una firme vocación por la transferencia intergeneracional, que garantiza que niños y jóvenes de la comunidad mantengan viva la memoria técnica y cultural del páramo.
Desde la perspectiva ambiental e hídrica, la fundación de la Cooperativa Vertientes de Agua Viva y de la Alianza Científico Campesina constituye un hito de organización comunitaria para preservar las cuencas pequeñas de forma dinámica y proteger los recursos hídricos locales. A través de esta estructura se ha impulsado una defensa activa frente a las presiones de la agricultura comercial extensiva, la cual amenaza la variabilidad genética autóctona.
La recuperación sistemática de papas nativas no solo mitiga el riesgo de erosión genética, sino que fortalece la resiliencia agroecológica del territorio frente a los cambios ambientales y climáticos.
Con una sonrisa reflejo de su humildad y orgullo por el trabajo en el campo, la señora María Cantalicia reafirma el valor indiscutible de las mujeres campesinas que construyen país desde la tierra.
El reconocimiento otorgado a la señora María Cantalicia no solo honra una trayectoria de trabajo constante entre las montañas merideñas, sino que reafirma el valor estratégico del conocimiento campesino en la preservación de la biodiversidad y la seguridad alimentaria global.
Su historia de resguardo de la semilla ancestral y superación personal demuestra que el futuro de la agricultura sostenible habita en la sabiduría de nuestros páramos y en la tenacidad de las mujeres rurales venezolanas.
“Estoy orgullosa de ser venezolana y ser una mujer campesina”.
Heroínas de la Alimentación
El Premio 100 Heroínas de la FAO en los Sistemas Agroalimentarios es una iniciativa inédita en el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026, para reconocer a 100 mujeres del mundo, desde campesinas e investigadoras hasta líderes comunitarias, que generan un impacto real mediante el resguardo de la agrobiodiversidad, la innovación y el desarrollo rural. Para este premio fueron consideradas más de 600 candidatas de 131 países.
La ceremonia oficial de entrega de premios se llevó a cabo durante el Foro Mundial de la Alimentación en la sede central de la FAO, en Roma, Italia, donde María Cantalicia lo recibió el 12 de octubre de 2026.
En esta cumbre internacional, la presidenta Delcy Rodríguez rindió homenaje a la resiliencia del campo venezolano y exaltó la labor de María Cantalicia Torres de Torres, agricultora andina reconocida por la FAO como Heroína de la Alimentación por su labor en la preservación de semillas nativas de papa.
"Nos llena de orgullo que la FAO haya reconocido a nuestra María Cantalicia Torres de Torres, agricultora de los Andes venezolanos y guardiana de semillas nativas de papa, como una de las Heroínas de la Alimentación. En María Cantalicia reconocemos a las mujeres rurales venezolanas, a quienes preservan semillas y conocimientos transmitidos entre generaciones".
En los Andes venezolanos la agricultora María Cantalicia Torres vuelca las manos en la tierra sembrando soberanía.
ORIANNA GONZÁLEZ / FOTOGRAFÍA: JAVIER CAMPOS / CIUDAD CCS
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