Cinta mexicana “Tótem” conmueve el cineforo de la Cinemateca Nacional
Espacio de reflexión colectiva en torno al galardonado filme de la directora Lila Avilés
12/10/26.- La emblemática Cinemateca Nacional, que es un espacio para el diálogo y la memoria cinematográfica, volvió a abrir sus puertas para consolidar uno de sus ámbitos formativos más entrañables, el tradicional "cineconversa". Conducido bajo la moderación de David Sedeño, el evento congregó a cinéfilos, especialistas y público general, en una tarde donde la gran pantalla dio paso al debate reflexivo.
Durante la instalación de la actividad, se recordó que esta dinámica de cineforos fue instaurada en el año 2013 por la Coordinación de Formación y Participación del recinto, bajo la directriz de su presidenta, Rosa Raydán, con el firme propósito de examinar a fondo las tramas, motivaciones y perspectivas que suscitan las proyecciones especiales.
El duelo desde la mirada infantil, fue el eje central de la jornada, que giró en torno a la aclamada película mexicana Tótem, un relato íntimo que retrata los preparativos de una fiesta sorpresa para Tonio, un joven artista con una enfermedad terminal, a través de los ojos de su pequeña hija, Sol. La conmovedora trama expone cómo el núcleo familiar transita la inminencia de la pérdida.
Al respecto, la especialista Gabriela Bolívar expresó: "Definitivamente, nos habla de cómo transitamos el duelo y lo importante que es darnos el permiso de sentir las emociones, porque las emociones son parte de lo que somos, y, sin importar si son positivas o negativas, lo esencial es que nos demos el permiso de sentir y no de opacar las situaciones que estamos transitando. Tótem nos abre como una experiencia colectiva que vive una familia por la pérdida de uno de sus integrantes que padece una enfermedad terminal, y también nos hace ver cómo los niños y las niñas, vivencian el duelo desde una mirada de la infancia".
Construyendo redes de contención ante los tabúes sociales. Abordar el dolor de la ausencia suele constituir un auténtico tabú dentro de los cánones culturales contemporáneos.
Por esta razón, la proyección adquirió un sentido profundamente sanador para la colectividad presente. En este sentido, la comunicadora y doula, Karina Patiño, manifestó su perspectiva sobre la pertinencia de la iniciativa: "Supercontenta de que la Cinemateca esté propiciando estos espacios de encuentro, que creo que, más que nunca y luego de los eventos recientes, toman otro significado y son cada vez más necesarios.
"Hoy es superpertinente hablar del duelo... El duelo muchas veces culturalmente puede ser un tabú, así que ponerle nombre hoy, hablarlo, vivirlo, creo que es un tema incluso de interés para la colectividad".
Asimismo, el encuentro permitió visibilizar cómo los vínculos afectivos se transforman ante situaciones límites.
El arte como lenguaje universal para canalizar el dolor y el amor
Más allá de la tragedia de la despedida, el filme plantea cómo cada integrante de la familia encuentra refugio en disciplinas creativas para sobrellevar la adversidad. Desde el cuidado de plantas hasta la actuación, la música y la plástica, el proceso creativo se erige como un puente de comunicación inquebrantable. Durante la plenaria, el asistente Enrique reflexionó sobre este matiz estético:
"Acabo de aterrizar en esta idea que seguramente algunos más, también observaron: Que no solamente una hermana acudía al cigarro o al alcohol, sino que no sé si notaron que cada personaje finalmente canaliza su dolor también a través del arte.
"El papá a través del trabajo con su bonsái, su hija y la mamá de la niña... con su canto y su obra de teatro, con su actuación, la hermana pintando espectacular, la torta... Finalmente, como que el arte también termina siendo un lenguaje y un medio de expresión, bien sea no solamente para el amor, también para el dolor".
Tótem
La película aborda la inminencia de la muerte no desde el melodrama altisonante o la tragedia clínica, sino desde la cotidianidad, el caos doméstico y la perspectiva candorosa pero perceptiva, de una niña de siete años, Sol (Naíma Sentíes).
La película transcurre casi en su totalidad durante un único día dentro de una vivienda familiar, donde se organizan los preparativos de una fiesta de cumpleaños para Tonio (Mateo García), un joven pintor castigado por una enfermedad terminal. Lo que en apariencia se plantea como una celebración cotidiana se revela progresivamente como un ritual colectivo de despedida y de paso a la ausencia.
Tótem destaca por su sutileza para retratar la fragilidad humana y la complejidad de las despedidas. Lejos de opacar el dolor, la obra invita a aceptarlo como parte inseparable de la vida, transformando una ceremonia de adiós en una reafirmación del amor familiar, la memoria y la colectividad.
La casa funciona como un ecosistema vivo, donde conviven distintas generaciones, tensiones económicas, la angustia por el dolor ajeno y la búsqueda de esperanza. Lila Avilés captura la dinámica de las familias latinoamericanas: El ruido de la cocina, las discusiones domésticas, la superposición de voces y los pequeños rituales que intentan frenar o disimular el colapso inminente.
La percepción infantil frente a lo inefable
Sol no recibe explicaciones claras ni trágicas por parte de los adultos, pero intuye la brevedad del tiempo. Su mirada conecta al espectador con la incertidumbre infantil: sus preguntas a asistentes virtuales en el teléfono, la contemplación de pequeños insectos o la espera paciente tras la puerta de la habitación de su padre. La infancia en el film no es ingenua; es observadora, sensible y procesa el duelo a su propio ritmo.
En el filme, las expresiones artísticas son canales de fuga emocional y manifestación del afecto: La pintura y el bonsái: El cuidado meticuloso del árbol por parte del abuelo y los trazos de la tía o del propio Tonio, reflejan la resistencia a dejar ir y la permanencia de la memoria.
De esta manera, la proyección de Tótem en la Cinemateca Nacional trascendió el ámbito recreativo para erigirse en un valioso foro de catarsis colectiva. La jornada demostró que el séptimo arte continúa siendo una herramienta insustituible para nombrar lo indecible, abrazar nuestras vulnerabilidades y transformar el dolor en un acto compartido de humanidad y comprensión mutua.
ORIANNA GONZÁLEZ / FOTOGRAFÍA: JAVIER CAMPOS / CIUDAD CCS
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