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Punto y seguimos | Brasil, al borde del abismo

Por Mariel Carrillo 

Las encuestas lo predijeron y se cumplió. Brasil va a segunda vuelta el 25 de octubre para decidir quien será su presidente. Luis Inácio Lula Da Silva y Flávio Bolsonaro son las opciones, ninguna de las cuales alcanzó el 50% requerido para ganar en primera instancia. La tragedia de la consolidación de la derecha en el continente podria estar a punto de cerrarse si Lula y el PT no logran la reelección, lo que, visto lo visto (Bolsonaro tuvo el primer lugar con un 47,2% de los votos) es probable y posible. 

Brasil, el país más grande y poblado de Suramérica, es un gigante que comparte frontera con todos los países del sub continente exceptuando Chile y Ecuador, posee la mayor extensión de Amazonia y ¼ de las reservas de tierras raras del mundo. Que su poder ejecutivo termine en manos del sector más liberal, fanático y colonialista del país representa más que un peligro para sus propios ciudadanos, lo es para sus vecinos y para el mundo. ¿Qué implicaría por ejemplo, para el BRICS, que uno de sus países fundadores se rindiera a las políticas de EE.UU e Israel? Durante la gestión de Jaír Bolsonaro (padre de Flavio) quedó clarísimo que la alienación era total. El discurso de los Bolsonaro es nacionalista, pero sus políticas son de subordinación. Con Jair, Brasil abandonó su tradición de liderazgo regional y multilateral, firmó acuerdos de cesión de soberanía y protección del territorio, sometió a la Amazonia a una lógica mercantil y extractivista, con los episodios de deforestación y ecocidio más importantes del siglo, robo de tierras a comunidades indígenas y hasta el intento de privatización de la estatal Petrobras.

No se espera que su hijo sea menos. En medio de la voracidad actual de occidente por el control de los recursos naturales que le permitan hacer frente a China y el polo de poder que encabeza, Brasil es una joya. Toda America Latina lo es. Ya no hay disimulos, ni medias tintas. El continente es un botín de guerra, no un grupo de naciones soberanas. Los poderes locales, como el que representan los Bolsonaro entienden el mundo en blanco y negro. Un ellos y un nosotros sin claroscuros en el que destaca la incapacidad de darse cuenta de que, con este tipo de alianzas, el nosotros no existe. 

La ilusión de igualdad – mucho más fuerte en Brasil, culturalmente un país que se ve a sí mismo como líder – en el “concierto internacional” es absurda. En la medida en que una élite subordinada y un pueblo ingenuo que le confíe su destino a quienes los desprecian gobiernen a favor de un proyecto mundial que los considera como meros recursos, el panorama no hará sino ensombrecerse. Lula y el PT, aún con errores, constituyen la única esperanza de dignidad para Brasil en estos momentos, una última resistencia contra el colonialismo y el retroceso. 

Nunca el imperialismo ha traído progreso real para otros que no sean ellos mismos, la historia lo demuestra. Hay una razón para la que, cinco siglos después de la primera invasión a nuestros territorios, sigamos sin ser las potencias que, por posición y recusos, debimos ser. La gran y dolorosa tragedia han sido las luchas perdidas, y la caída en los ciclos de crisis y repetición, en las que pareciéramos estar condenados, irremediablemente, a sostener el desarrollo ajeno. Esperemos que Brasil pueda mantener la posición. Se nos va la vida en ello.