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Día Internacional del Café: ¿negrito, con leche o marrón?

La conmemoración global rinde homenaje al trabajo del campo y a la rica variedad nacional

El esfuerzo de las familias caficultoras mantiene viva la calidad y el legado del grano venezolano.


01/10/26.- Cada 1 de octubre se celebra el Día Internacional del Café, una fecha que une a la comunidad global del café para homenajear a los caficultores, rescatar la tradición del grano y reconocer el impacto cultural de esta bebida en cada hogar.

Promovida por la Organización Internacional del Café (OIC) en el año 2014 y celebrada a partir de 2015, la conmemoración busca visibilizar el trabajo del campo, promover el comercio justo y destacar el impacto social y económico que tiene el café en el ámbito global.

En este sentido, la fecha toma una presencia histórica en Venezuela, puesto que los inicios cafeteros del país se remontan al siglo XVIII, cuando las primeras semillas llegaron de la mano de misioneros españoles, y gracias a las condiciones geográficas e hidrológicas de la región (ideales para la siembra del café) el cultivo se propagó a Caracas a partir del año 1740 y luego al resto del país.

Durante el siglo XIX y principios del XX, el café fue el impulsor clave de la economía nacional, sustituyendo al cultivo de cacao y siendo una fuente de ingreso tan importante que incluso llegó a ser gran responsable de la creación de carreteras y del desarrollo de centros urbanos en áreas cafeteras. 

Hoy en día, el cultivo de la especie Arábica, con variedades como Typica, Bourbon, Caturra y Catuaí; prospera en zonas de altura entre los 800 y 1.800 metros sobre el nivel del mar, y desde los suelos montañosos de los Andes y el centro-occidente, hasta los valles de la cordillera de la Costa y el oriente venezolano, la combinación de microclimas y la siembra bajo sombra otorgan al grano nacional un perfil aromático suave, con acidez balanceada y notas dulces o achocolatadas.

Más allá del ámbito agronómico y económico, en Venezuela el café es un lenguaje más para el ciudadano, ofrecer una taza de esta bebida a invitados es un gesto de hospitalidad que ha quedado marcado en la idiosincrasia nacional, lo que termina convirtiéndose en un vocabulario único en cada panadería.

El “diccionario” de la taza venezolana

Del cerrero al tetero, cada preparación refleja la identidad y el gusto del paladar nacional.

Entre sus formas más tradicionales destaca el emblemático guayoyo, un café colado tradicionalmente con un filtro de tela, que destaca por ser bastante claro y de un sabor suave. Este no busca golpear el paladar, sino acompañar el día, su preparación consiste en aligerar el sabor agregando un poco más de agua caliente, dando como resultado una infusión aromática y ligera.

En el extremo opuesto nos encontramos con el negro/negrito, servido en tazas pequeñas. Este es un café corto, espeso y fuerte, siendo lo que en el extranjero se conoce como un espresso. Por otro lado, cuando la leche se combina con el café, tenemos como resultado el acompañante perfecto para el desayuno.

El marrón, una taza en la que conviven en partes idénticas el café y la leche, a diferencia de las cafeterías de autor, tradicionalmente se sirve sin espuma, lo que le otorga una textura homogénea y sedosa donde ninguno de los dos ingredientes se impone sobre el otro.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando esa balanza se inclina hacia el lado lácteo? En ese momento es cuando nace el tetero, que es prácticamente una taza de leche caliente con un toque sutil de café para teñir su color.

Finalmente nos encontramos con el cerrero, un café con una concentración de grano muy superior a lo habitual, con un color oscuro penetrante y un sabor profundamente amargo, que se prepara con doble carga y se toma usualmente sin azúcar, siendo la bebida ideal para quienes dicen que el guayoyo es “solo agua”.

En la actualidad, el café venezolano vive un importante resurgimiento impulsado por la cultura del café de especialidad y el trabajo de nuevos baristas y caficultores locales. La conmemoración internacional no solo honra el legado de siglos en nuestros suelos, sino que reafirma la vigencia de una bebida que sigue marcando el pulso, la economía y la calidez de toda Venezuela.


HÉCTOR RODRÍGUEZ / CIUDAD CCS