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Ciudad energética | Ahora más que nunca: Ministerio de Hidrocarburos

Por Werther Sandoval


La mayor presencia de empresas petroleras de EEUU y de otros países en el contexto de la reformada Ley de Hidrocarburos impone, hoy más que nunca, de manera inevitable, afianzar la formación del personal y acelerar la revisión y reestructuración del Ministerio de Hidrocarburos.


Tras el desaforado interés de Donald Trump por el petróleo venezolano, el actual contexto en desarrollo exige, hoy, más que ayer, hacer realidad la línea estratégica dictada por el incorruptible venezolano creador de la primera Ley de Hidrocarburos, el médico Gumersindo Torres, sintetizada en sus palabras: “Monitorear cada gota de petróleo producida en el país”.


De esta manera Torres daba poder político y fiscalizador al despacho cuyo antecedente legal y autoridad política se fundamenta en el Decreto del 24 de octubre de 1829, dictado por El Libertador Simón Bolívar, denominado: Decreto de Nacionalización de Minas, el cual expresa que “Las minas de cualquier clase que sean son propiedad de la República”.


La palabra Hidrocarburos aparece por primera vez en el léxico institucional y jurídico del Código de Minas creado por el presidente Cipriano Castro en 1904, luego de haber dado sus primeros pasos como dependencia del Ministerio de Fomento, destinado a reglamentar la explotación de las minas de asfalto, petróleo y betún.


Desde ese instante toma fuerza la tarea nada sencilla para el Estado venezolano de lidiar con la arrogante actitud de las empresas de hidrocarburos, siempre dispuestas al soborno y a mostrarse renuentes y esquivas a las normativas de supervisión y monitoreo por parte del Estado.


Para reforzar la fiscalización Torres promulga, el 19 de junio de 1921, la primera Ley de Hidrocarburos y demás Minerales Combustibles, que en su espíritu de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y de captar mayores beneficios para el Estado, aumenta las rentas superficiales, reduce el tamaño de las concesiones,ñ y eleva las áreas de reservas nacionales.


Pero las medidas de Torres no agradan a la embajada de EEUU. El 22 de mayo de 1921, el ministro de la Legación de EEUU en Caracas, Preston Mc Goodwin, logra del dictador Juan Vicente Gómez la promesa de cambiar la Ley de Hidrocarburos a favor de las empresas petroleras. 


 En el libro Memorias de Gumersindo Torres, un funcionario incorruptible de la dictadura del General Gómez, con prólogo del profesor Elías Pino Iturrieta, editado por José Agustín Catalá, hay un pasaje de Torres que corrobora la conducta de las petroleras gringas en el negocios de las parcelas de las concesiones petroleras:


“Lo mismo ocurría con el impuesto inicial de explotación, pues nada explicaba por que un contratista vendiera -traspasaba- su contrato haciendo una ganancia fácil y en ocasiones hasta fabulosa y que eso mismo no lo hiciera la Nación contratando directamente sin intermediarios”, relata.


“Pero ocurre que ese es uno de los modos de penetración que tienen las petroleras para ir agarrando a la presa. Iguales todas: Ingleses, holandeses, franceses aprendieron la lección yankee y no olvidaron ni un punto ni una coma; la historia del petróleo es la misma en todas partes del mundo. Son universalmente impopulares. Nada les importa porque la ecuación para ellos es de dos términos: oro para penetrar y petróleo para extraer. Una vez el contrato traspasado para todo llaman a su gobierno, martingala con la que se han impuesto inclusive a las naciones”.   


El 02 de junio de ese mismo año, 1921, cediendo a presiones gringas, Gómez permite a las petroleras participar en la redacción de la Ley. Resultado: el 22 de junio, el encargado de negocios de EEUU afirma que la nueva Ley de Hidrocarburos es la mejor de América Latina.


Tan buena es que en mayo de 1926 el embajador venezolano en Inglaterra, Diógenes Escalante, en un informe enviado a Gómez sostiene que “La riqueza de Venezuela se escapa jurídica y económicamente, pues no hay control alguno sobre las compañías extranjeras que operan en el país”. 


En la difícil tarea de monitorear a las petroleras, es el 31 de marzo de 1943, tras haberse la nueva Ley de Hidrocarburos, cuando se promulga el decreto orgánico que crea la Oficina Técnica de Hidrocarburos del Ministerio de Fomento, antesala para que la Junta Militar cree, el 30 de diciembre de 1950, el Ministerio de Minas e Hidrocarburos. 


Es con ese devenir que se impone, hoy, más que ayer, cumplir a cabalidad los 12 mandamientos escritos en página web del actual Ministerio de Hidrocarburos:


Soberanía Energética: Defensa irrenunciable de los recursos energéticos del pueblo venezolano.


Rectoría del Estado: El Estado como propietario originario y garante de la administración y el desarrollo de los hidrocarburos.


Planificación Centralizada: La orientación estratégica de la industria a través de planes nacionales, sectoriales que respondan a los lineamientos estratégicos del Motor Hidrocarburos.


Desarrollo Sostenible: La integración de los aspectos económicos, sociales y ambientales en la gestión de los recursos hidrocarburíferos.


Innovación Disruptiva: Adopción de la inteligencia artificial, automatización y ciencia aplicada para optimizar procesos .


Independencia Productiva: La búsqueda de la autonomía en la producción y el procesamiento de los hidrocarburos para satisfacer la demanda nacional y reducir la dependencia externa.


Diversificación Productiva: Impulso de la petroquímica y otras industrias derivadas con base a los encadenamientos productivos para agregar valor a los recursos y diversificar la economía.


Integración Regional: La promoción de la cooperación y la solidaridad con otros países, y alianzas con bloques económicos alternativos.


Eficiencia: Uso Racional y Óptimo de los Recursos


Responsabilidad Ecosocialista: Equilibrio entre la explotación de hidrocarburos, la protección ambiental y la justicia social.


Fomento de la Industria Nacional: Priorizar la participación de empresas y talento venezolano en el desarrollo de la industria.


Formación Permanente Talento humano: Formación técnica continua y reconocimiento de saberes.


De cara al actual contexto, nuestros encuentros con las empresas petroleras gringas y de otros países deben estar fundados y orientados a extraerles y nutrirnos de sus métodos gerenciales y tecnologías, para hacer ingeniería a la inversa hasta alcanzar la independencia tecnológica.


Para ello se hace indispensable revisar, reorganizar y fortalecer en su autoridad política el ente llamado a la vigilancia y supervisión de las empresas petroleras: el Ministerio de los Hidrocarburos. 


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