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Palabras... | Sobras de la continuidad

Por Carlos Angulo


Las emociones sobre un hecho no son eternas en su esencia. Continuarlas más allá de su naturaleza, es brutalidad sustraída desde el miedo.

El éxito y la derrota tienen su tiempo vivencial, lo demás es pasto de la obsesión y pérdida de vida, desviando la senda fuera de la belleza.

Retroceder es volver a suponer vivo lo que ya está muerto; tiempo desviado de lo que le corresponde al camino decidido. Contento sí, debería estar el ayer, por haberle sido creado por parte de esa misma naturaleza, un sitio o un funeral en la historia académica de los sentimientos.

Comprensible, algo tan bello como la flor no debería morir. Al ser así Dios se mata a sí mismo. O es la prueba innegable, en tanto que es a la visual de todos, que la naturaleza es superior a Dios en sí misma, por el mismo hecho de crear, morir y renacer en el verde milagro, sin anexarnos dolores innecesarios. 

No obstante, el árbol de tamarindo hospedaje generoso de las gallinas, que sació tanta sed y tapó con reiteración el hueco por donde salía el hambre inicial, inesperado ha caído; y pesa sobre el recuerdo.

Murió como cualquier muerto que ha amado bien y hereda conmoción. Larga fue su vida, útil su ternura al viento, al sopor de la lluvia, al sueño en sus ramas como percha, a los frutos vueltos sangre de la savia de nombre inolvidable.

Verlo, tendido ahí, largo a largo, estirada su cabellera emplumada, dispersa, con nichos diversos en su tronco marchito, y raíces vencidas, da mucho que pensar de la vida similar.

Paz a su sombra, manto de la infancia, ciudad hormiga, tallado con las manos del tiempo puestas en su piel, como un átomo separado, quedamos destrozados, una vez más.

Las emociones tal Dios al acecho, sorprenden por todas partes, desobedecen cualquier norma organizacional, a objeto de violentar.

Reiterado, quien tiene un amigo tal vez no sabe lo que es tener dos sombras bajo el sol. Al perder una, es entendible el desastre de lo sensible, en términos del adiós. Carlos Angulo.

Septiembre. Tabure III.