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Libros libres | Pasión e interpretación en Susan Sontag

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Por Gabriel Jiménez Eman 

 

Llama la atención, por su carácter provocador, el título de una colección de ensayos de Susan Sontag, "Contra la interpretación°, donde justamente vulnera el principio de interpretar, aduciendo en su prólogo varias complejas razones. Primero, la idea de contenido comporta un proyecto permanente, nunca consumado, de interpretación; a la inversa, acercarse a la obra de arte con la intención de interpretarla supone que existe algo asimilable a la idea de contenido. Al reducir la obra de arte a su contenido para luego interpretar aquello, domesticamos la obra de arte volviéndola manejable. Es decir, la literatura y el arte no pueden ser convertidos en otra cosa. La alegorización a la que un George Lukács, por ejemplo, pretende reducir buena parte de los escritores modernos –ya antes referida— (como Kafka, Ionesco, Joyce, Beckett, Faulkner, Rilke, Gide) sólo a traumas de conciencia o a metáforas de alienación del hombre, o sátiras a la burocracia o el poder, implica un reduccionismo interpretativo que puede ser peligroso.

Muchas de estas ideas de Sontag pueden aplicarse tanto a la pintura como al cine, y constituyen una rebelde huida de interpretación por parte de una joven genial de treinta y un años, que se siente compenetrada con el arte y la literatura de su tiempo, requiriendo de ideas distintas para acercarse a las obras. Es cierto que en cada ensayo por separado hay mayor alcance de opiniones en la revisión de autores y fenómenos.

Pero concuerdo plenamente con Sontag, cuando ella afirma que la función de la crítica debiera consistir en mostrar cómo es lo que es, incluso qué es lo que es, pero nunca mostrar qué significa. Otro libro de ensayos suyo, "Cuestión de énfasis", nos pone en contacto con algunas de las mayores figuras del siglo veinte: Roland Barthes, Robert Walser, Witold Gombrowicz, Jorge Luis Borges, Danilo Kis, Joseph Brodsky, Glenway Wescott o W. G. Sebald, aunque también hay admirables textos sobre cine y viajes a países en guerra. Me atrapan los ensayos de Susan porque ellos implican ciertamente una filosofía, la mirada de una mujer delicada pero exigente, crítica pero llena de una gran comprensión humana. No sabría si darle el nombre de nueva filósofa, o si a ella le hubiese gustado, pero creo que lo merece en el contexto de este ensayo. Veamos parte de su espíritu crítico en este párrafo dedicado al cine:

"Parece como si el centenario del cine hubiera adoptado las fases de un ciclo vital: el nacimiento inevitable, la acumulación progresiva de gloria, y el inicio durante el último decenio, de una decadencia ignominiosa e irreversible. Esto no quiere decir que no vayan a aparecer nuevas películas que susciten admiración. Pero no serán simples excepciones; ello es cierto en las grandes realizaciones de todo arte. Tendrán que ser heroicas transgresiones de las normas y prácticas actualmente vigentes por doquier, en la producción cinematográfica del mundo capitalista y del aspirante al capitalismo: o lo que es lo mismo, de todas partes. Y las películas corrientes, las realizadas con meros fines de entretenimiento (es decir, comerciales) seguirán siendo pasmosamente necias; la inmensa mayoría ya fracasa de manera estrepitosa al atraer a ese público al que tan cínicamente van dirigidas. Mientras que la meta de una gran película es en la actualidad, más que nunca, conseguir un éxito único, el cine comercial se ha conformado con una política de realización ampulosa, manida, de una descarada arte combinatoria o recombinatoria, con la esperanza de reproducir los triunfos pretéritos. Toda obra que espera difundirse entre el mayor público posible está ideada como una suerte de versión.

Veamos ahora parte de su espíritu crítico en este párrafo dedicado al cine:

"Parece como si el centenario del cine hubiera adoptado las fases de un ciclo vital: el nacimiento inevitable, la acumulación progresiva de gloria, y el inicio durante el último decenio, de una decadencia ignominiosa e irreversible. Esto no quiere decir que no vayan a aparecer nuevas películas que susciten admiración. Pero no serán simples excepciones; ello es cierto en las grandes realizaciones de todo arte. Tendrán que ser heroicas transgresiones de las normas y prácticas actualmente vigentes por doquier, en la producción cinematográfica del mundo capitalista y del aspirante al capitalismo: o lo que es lo mismo, de todas partes. Y las películas corrientes, las realizadas con meros fines de entretenimiento (es decir, comerciales) seguirán siendo pasmosamente necias; la inmensa mayoría ya fracasa de manera estrepitosa al atraer a ese público al que tan cínicamente van dirigidas. Mientras que la meta de una gran película es en la actualidad, más que nunca, conseguir un éxito único, el cine comercial se ha conformado con una política de realización ampulosa, manida, de una descarada arte combinatoria o recombinatoria, con la esperanza de reproducir los triunfos pretéritos.

"Toda obra que espera difundirse entre el mayor público posible está ideada como una suerte de versión. El cine, antaño proclamado, el arte del siglo XX, parece ahora, cuando el siglo termina desde el punto de vista numérico, un arte de decadencia. Pero acaso lo que ha terminado no sea el cine, sino sólo la cinefilia, ese tipo de amor instintivo que el cine inspiraba". (Cuestión de énfasis, 2001). Susan Sontag