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Trinchera de ideas | Venezuela 2026 y Argentina 1955: chavismo y peronismo

Hacia una organización movimientista para enfrentar el protectorado

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

06/08/2026.- Los acontecimientos sucedidos en Venezuela a partir del 3 de enero han significado un remezón profundo en la práctica política del país. Más allá de ponerse a buscar culpables y traidores, la mayor parte de las veces sin fundamentos y más bien motivados en respuestas emocionales al dolor y la impotencia que produjo el asesinato de un centenar de cubanos y venezolanos y el secuestro del presidente Maduro y su esposa, lo cierto es que el gobierno no fue capaz de evitar lo ocurrido y el partido oficialista se paralizó hasta hoy, sin capacidad de encontrar respuestas que superen la necesidad de sobrevivir ni plantear una propuesta política de cara al futuro.

Aun así, el pueblo venezolano, formado a través de la pedagogía política del comandante Chávez, en muy poco tiempo (menos de siete meses) ha ido encontrando fórmulas novedosas de organización y movilización, que distan de las tradicionales en los últimos 25 años. La avalancha de reuniones, manifestaciones y declaraciones que se han producido en diferentes estamentos de la sociedad y que tuvieron un punto de inflexión el pasado 24 de julio en el aniversario del natalicio del Libertador Simón Bolívar, dan clara cuenta de ello.

Una organización y una movilización distintas a las acostumbradas y habituales están marcando el rumbo y señalando la pauta del futuro político de la nación. Se trata de avanzar hacia la resistencia al estado actual del país, en el que el gobierno de Estados Unidos es el que toma las decisiones estratégicas en la economía, las finanzas y la política exterior.

Las tendencias que evidencian los hechos establecen que en el país se está desarrollando una propensión hacia un tipo de organización movimientista dado el fracaso del partidismo como elemento aglutinador, ordenador y movilizador de la sociedad. En términos teóricos, el movimientismo es una tendencia política y social en la que la identidad y organización se basan en un gran movimiento amplio, con participación de sectores sociales diversos que se apoyan en un liderazgo carismático, en lugar de un partido tradicional centralizado. En esa medida, es más flexible y masivo al integrar posiciones ideológicas variadas. Creo que esto es lo que se necesita en este momento para agrupar a una —aún dispersa— voluntad nacional patriótica, independentista y de defensa de la soberanía nacional que conduzca a la formación de un gran frente patriótico antiimperialista y anticolonialista, si es posible llegar hasta ello.

La experiencia movimientista más exitosa en América Latina emergió de la práctica del peronismo en Argentina. He recurrido a Silvano Pascuzzo, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del Salvador de Argentina y docente de la carrera de Relaciones Internacionales de la Universidad de Lanús para que nos explique la experiencia de su país en este sentido.

Para ilustrarnos, Pascuzzo regresa hasta el 16 de septiembre de 1955, cuando se produjo un levantamiento cívico militar contra el gobierno democrático del general Juan Domingo Perón. Dice el investigador argentino que

... el justicialismo como organización militante ya estaba herido de muerte. Diez años consecutivos en el poder lo habían transformado en una estructura burocrática que solo sabía repetir eslóganes, oficiar rituales y amenazar con duras represalias que nunca se materializaban. No es que hubiera dejado de ser "popular y representativo", sino que ya no era "revolucionario".

El levantamiento reaccionario desató una ilimitada violencia ante la incapacidad del gobierno para responder con eficacia. Aunque el movimiento insurreccional fracasó, el general Perón optó por la indulgencia con los alzados a fin de evitar una sangrienta guerra civil. Propuso un diálogo que fue rechazado. Las fuerzas políticas actuantes se decantaron por la violencia.

Perón decidió marcharse del país y la fuerza que lo apoyaba quedó "angustiada y perpleja". Así, se desató una violencia jamás vista de la mano del general Aramburu y el contralmirante Rojas. Se desencadenó un oscurantismo brutal en el que los nombres de Perón y de su esposa fallecida Evita quedaron prohibidos por decreto, los dirigentes de alto rango fueron encarcelados y los militantes perseguidos.

El movimiento de masas que apoyaba a Perón y que, según Pascuzzo, era "el más grande de América", se desmoronó al tiempo que el gobierno anunciaba el fin del peronismo que, para los adláteres del régimen, "sería muy pronto superado". En esa situación, emergió la figura de John William Cooke, un exdiputado de origen nacionalista sin grandes vínculos con Perón —más bien exponente de profundas diferencias con él—, pero "seguidor fiel y apasionado del líder y de su doctrina".

Cooke había elaborado un diagnóstico preciso sobre la situación y se proponía enfrentar al régimen poniendo en el centro a la movilización desde abajo, "a partir de bases populares, que —pensaba con acierto— estaban aún intactas". Le reclamaba a Perón que volviera a sus principios doctrinarios y convocara a los trabajadores a ser protagonistas activos de su obra de gobierno. Rechazaba el

... "autoritarismo bobo", el ritual del poder, las confabulaciones de Palacio y el abuso de una "retórica combativa", sin conexión con la realidad. En fin, tampoco era un defensor apasionado del acercamiento con Estados Unidos, iniciado en busca de inversiones en el sector energético, entre 1952 y 1954.

Cooke terminó preso y procesado, junto a otros dirigentes. En esa situación, recomendó "templanza, paciencia y un plan serio que contemplara 'acciones puntuales, pero efectivas de resistencia', capaces de mostrar al pueblo que el peronismo aún estaba vivo, en medio de la derrota". Sus reflexiones tuvieron pronta respuesta del líder, generándose un intercambio de altura con fuertes repercusiones hacia el futuro.

El contexto creó condiciones para que, el 9 de junio de 1956, un grupo de oficiales del Ejército y civiles nacionalistas se levantaran en armas contra la dictadura, aunque el peronismo, como "fenómeno de masas", no reaccionó y estuvo ausente. A pesar de que el levantamiento fracasó, fue la señal de que las cosas estaban cambiando en el panorama político. El régimen se fue erosionando, fruto de sus propias contradicciones. Comenzó el desmembramiento interno y la desmoralización de sus bases de apoyo. Importantes referentes abandonaron la dictadura, mientras se generaban las circunstancias necesarias para una unidad amplia de los sectores opositores, que ahora ya no manifestaban rechazo hacia el peronismo.

Continúa relatando Pascuzzo que, tras su fuga de la cárcel, Cooke fue designado por Perón como "su representante personal en la clandestinidad", obteniendo el título no oficial de "jefe de Estado Mayor de la Resistencia". En ese marco, había alcanzado la estatura suficiente como para discutir con Perón acerca de la necesidad de una estrategia de mediano y largo plazo para el hasta entonces apático Movimiento Nacional y Popular.

Se proponía dar "conducción táctica" al peronismo a través de la promoción de nuevos dirigentes a los que se les debían otorgar responsabilidades en medio de la lucha, sobre todo a aquellos que poseían vínculos reales y concretos con el mundo del trabajo, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y la cultura. Cooke consideraba que

resistir era aglutinar —en una espesa red de células clandestinas— a lo mejor de la "comunidad", a sus elementos más éticos y formados, para poner los cimientos de una posterior "sublevación de masas". De esta manera, a partir de múltiples formas de lucha pacíficas en un primer momento, se llamó a "resistir para vivir, vivir para luchar y luchar para volver".

Perón —desde el exilio— tuvo el mérito de reconocer el momento y su dinámica. Escuchó, reflexionó y actuó "despojado de egos, formalismos y pequeñas ambiciones". Bajo la guía del líder —desde la distancia—, el movimiento peronista comenzó a reaccionar. Refiere Pascuzzo que en una etapa posterior:

En los barrios, los vecinos organizaron barricadas, oscurecimientos y pequeños atentados. Los intelectuales publicaron libros y artículos desafiando la censura; dieron charlas, viajaron y se movieron por recónditos lugares, esclareciendo a los militantes, contando historias olvidadas y explicando procesos fundamentales.

Se produjo un momento de inflexión. Dice Pascuzzo que

los profesionales de la clase media, cínicos y altivos, se convirtieron en militantes; los jóvenes universitarios —vanguardia del "gorilismo" en épocas pasadas— devinieron en activistas; las mujeres mutaron su ropa interior en alijos para llevar correspondencia clandestina. Los curas desde los púlpitos y los militares en los cuarteles decidieron volver al "hogar común" que en 1955 habían abandonado, presos de la ira, la confusión y la ignorancia.

Cooke había salvado al peronismo, "quitándole de encima su hipoteca de proyecto burocrático, corrupto y demagógico", consiguiendo que retomara la senda de la lucha y del combate a la dictadura en toda la línea.

El impacto fue inmediato: los delegados obreros sin sus sindicatos —que estaban intervenidos— crearon comisiones internas en pasillos, recreos y salones comedores de fábricas, explicando las virtudes del pasado luminoso que no conocieron y que había sido posible gracias a Perón y a Evita. Se consideró que era momento de realizar "elecciones" internas en el peronismo.

Sin embargo, también se produjo la reacción de la Unión Cívica Radical (UCR), el partido político que, en 1946, había sido el articulador principal de la oposición al peronismo. Se encontraba ahora —una década después— irremisiblemente dividida en torno a la aceptación o no de la legalización del Movimiento Justicialista. Oteaban el futuro y sabían las consecuencias que ello traería.

Un sector radical conducido por Rogelio Frigerio viajó en 1957 a Caracas, donde Perón se encontraba exiliado. En presencia de Cooke, ofreció al expresidente "un suculento acuerdo táctico. Solicitó su apoyo a cambio de la normalización de los sindicatos y del levantamiento de la proscripción". Con cautela, Perón no dio una respuesta inmediata. Consideró que debía discutir la propuesta con Cooke. Sabía que era importante la legalización del justicialismo, la reorganización de la CGT y su propio retorno al país. Pensó que podía construir junto a Frigerio y un sector del radicalismo un "frente antioligárquico e industrialista". Coincidía con Frigerio en temas económicos y de política internacional y no deseaba perder más tiempo, pero necesitaba conocer la opinión de Cooke antes de dar una respuesta afirmativa.

Cooke tenía dudas; no confiaba en los radicales ni en Frigerio. Intuyó que su propuesta entrañaba "una argucia mañosa para llegar al poder y luego intentar cooptar a una porción del peronismo —su ala burocrática y conservadora— con 'seductores cantos de sirenas'".

Le dijo a Perón que lo acompañaría cualquiera que fuera la decisión que tomara, pero que, pensando la mejor estrategia en aquella coyuntura, lo preferible era mantenerse al margen. Consideraba que había que seguir resistiendo a un "sistema político viciado de nulidad, hasta que [el peronismo] fuera legalizado por un régimen derrotado por las luchas populares organizadas". Sin embargo, Perón aceptó el acuerdo y se firmó el Pacto de Caracas que le dio a Frondizi la presidencia de la nación en 1958. La historia le dio la razón a Cooke: una vez en el gobierno, Frondizi y los radicales no cumplieron su compromiso; todo lo contrario: los sindicatos siguieron siendo perseguidos y el peronismo continuó tachado de ilegal. El giro a la derecha significó ajustes económicos antipopulares que fueron rechazados y resistidos en la calle por los argentinos.

Cooke se vio obligado a reactivar la Resistencia y en 1959, sesenta y dos gremios de la Central General de Trabajadores (CGT) exigieron la normalización inmediata de sus cuerpos orgánicos. Los trabajadores seguían siendo peronistas y querían participar de las grandes discusiones estratégicas.

Pascuzzo concluye recordando que:

En 1960, Cooke renunció a su cargo, apoyando la Revolución cubana triunfante del 1.° de enero de 1959. Nunca rompió con Perón, pues siguió siéndole fiel hasta su muerte en 1974. Estaba convencido de que el peronismo debía ser un "movimiento de masas" con una estrategia insurreccional, dado que los tiempos de la moderación y las reformas incruentas habían quedado irremisiblemente atrás.

Cada país es distinto, su historia y sus circunstancias son expresión de sus particularidades, pero es importante estudiar las experiencias que aportan enseñanzas de mucho valor en la cotidianidad de la lucha. El peronismo es propio de Argentina; sin embargo, cualquier lector acucioso descubrirá en el texto algunas variables que, desde mi punto de vista, se deben considerar en la Venezuela de hoy, habida cuenta, precisamente, de los hechos y las circunstancias. No por casualidad el comandante Chávez siempre manifestó extraordinaria admiración y respeto hacia el general Perón.

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