Image

Estoy almado | Linda Taylor y la transparencia electoral

Por Manuel Palma


02/08/2026.- Difícilmente, los estereotipos sirven para un beneficio colectivo. Al contrario, funcionan más para destruir. Eso lo sabía Ronald Regan, expresidente de EE. UU. Por eso, en el siglo pasado utilizó a Linda Taylor para instalar en los estadounidenses blanquísimos de los años 70 un prejuicio: una mujer pobre de raíces afrodescendientes los estaba robando. Fue un mensaje que enaltecía la aporofobia, el racismo y el supremacismo. Un cóctel sútilmente sórdido.

Reagan, sin nombrarla, se refirió a ella reiteradas veces en sus discursos de campaña como el “ejemplo” de que la caridad del Estado, pagada por los impuestos de los contribuyentes, era un sistema corrupto donde los pobres cometían fraude. Taylor, sin querer, ayudó a que el estereotipo que usaba Reagan tomara forma. Ella era señalada de usurpar la identidad de otras personas para cobrar pensiones y programas sociales. 

Luego, el tiempo demostró dos cosas: el sistema de asistencia social de EE. UU. para la época comportaba irregularidades al margen del estereotipo sembrado por Reagan. Y lo que hizo Taylor fue apenas un caso menor, de poca monta, una distracción que no representaba el problema en su magnitud. Pero al ser mencionada por Reagan, rápidamente se convirtió en política de Estado para restringir los programas sociales. De ese modo ganó el ruido, el estereotipo, que casi nunca es verdad. 

Esa instrumentalización de Linda Taylor como estereotipo ocurrió a finales de 1975. Hoy, medio siglo después, un presidente estadounidense (Donald Trump) vuelve a utilizar un prejuicio, señalando de fraudulento el sistema electoral de Venezuela. Lo hace sabiendo que hay viejos prejuicios en un sector de la población venezolana que cree que le roban elecciones solo cuando pierden, que el fraude electoral es selectivo y son una víctima de un sistema malvado y ruin. Por años lo han especulado hasta convertirlo en una obsesión. No importa que no existan pruebas verdaderamente verificables. Sentirlo como duda es suficiente para ser una “verdad emotiva”, como suele ocurrir en esta era de posverdad. 

Por eso cuando Trump mencionó el sistema electoral venezolano como “ejemplo” de fraude para ese sector fue como una epifanía. Y para que no surgiera un atisbo de dudas, el inquilino de la Casa Blanca dijo que la CIA tenía un informe de lo que decía. Si un organismo de inteligencia tiene algo sobre las elecciones venezolanas, entonces, debe ser verdad ¿no? Y si es estadounidense, ¡imagínate!, debe ser lo más ultradesarrollado y verificado. 

Pero la realidad siempre supera una “verdad emotiva” cubierta con envoltura de deseos y adornada con lazos de prejuicios. Al igual como ocurrió con Linda Taylor, la mención de Trump al supuesto fraude electoral era algo insignificativo, apenas una falacia sin ningún sustento, pero que genera un ruido escandaloso que sirve a la emotividad desbordada para justificar la mentira vertida. De hecho, el informe de la propia CIA que menciona Trump lo desmiente y, además, revela toda la verdad sobre la transparencia electoral venezolana: “La evaluación de la Comunidad de Inteligencia de 2006 concluyó que ni Smartmatic (fabricante de máquinas de votación) ni el Gobierno venezolano tenían la capacidad (es decir, el nivel de control o acceso necesario) para manipular el resultado de una elección fuera de Venezuela de forma predecible”, asegura el informe de la CIA.  

Este tipo de estereotipos, lanzados desde el poder estadounidense, buscan destronar los hechos reales y empujan a sectores sociales a asumir una mentira sobre instituciones públicas, las cuales quieren eliminar o desacreditar. 

Con Linda Taylor lograron disminuir la caridad que el Gobierno estadounidense ofrecía a afrodescendientes y pobres, mediante programas sociales. Con la mentira de la CIA sobre el sistema electoral venezolano intentan abonar la falsa idea de que el sistema electoral venezolano es inservible, porque no permite que ganen lo que siempre han perdido por falta de votos. Y aunque la CIA diga que no hay forma de manipular los resultados electorales, los detractores del sistema comicial venezolano buscarán otra mentira en la cual refugiarse. Seguramente, digan que la CIA fue manipulada por el chavismo o cualquier barrabasada abundante en internet.  

Esta nueva mentira sobre las elecciones venezolanas fue divulgada semanas antes de empezar una nueva ronda de diálogos entre el Gobierno y un sector de la oposición extremista. Y uno de los tópicos previstos a debatir es el sistema electoral venezolano, lo cual incluye sus leyes y autoridades.