Letra desatada | Una casa pegada del piso
Por Mercedes Chacín Díaz
24/07/2026.- Los sueños que se han tenido en la vida a veces no se cumplen porque no nos ocupamos. Pasa con los estudios o con viajes muy deseados; con la manera de vivir la vida. Y así. Por ejemplo, suelo decir que quiero vivir en una casa "pegada del piso", no en un edificio. En una casa pegada del piso. Esto viene a cuento por el doblete sísmico. Claro, una casa pegada del piso no es garantía de nada en ese escenario. No obstante, la realidad es que emprendimos este fin de semana que pasó la búsqueda de hacer cumplir ese sueño, sueño que es compartido con mi pareja: vivir en una casa pegada del piso.
Empezamos en los Altos Mirandinos, por los lados de la Cortada de El Guayabo, San José de los Altos, San Rafael de la Montaña. Fue un día lluvioso y frío; por lo tanto, la zona nos brindó toda su capacidad climática de enamoramiento, antídoto contra vaporones perennes y el "trauma" del caluroso Guárico, mi tierra de origen. Una montaña perfecta. Como es un sueño viejo, ya la idea no tiene que ver con grandes retos de juventud (casa soñada con una arquitectura vanguardista). Lo que consigamos. Pero "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay, Dios!", dice el estribillo de la canción de Rubencito.
Ovilia Suárez me lo había contado, pero una cosa es el cuento y otra la realidad. El árbol para vivir que conocimos diseñado por Fruto Vivas nos hizo soñar. La casa de Josué y Ovi es el árbol que cuidó la vida. Sus vidas. Los terremotos jamaquearon con fuerza todo lo que pudieron y la vida permaneció, el árbol resistió y el susto pasó. La vara se puso alta, ¡ay, Dios!
Luego fuimos a la urbanización Las Trinitarias, sector La Osi, a visitar otra casa diseñada por Fruto, donde la arquitecta Alcira Flores y el profesor y artista plástico Luis Durán compartieron sueños. "Lo que consigamos" elevó la vara. Con todo lo que está pasando, dijo Alcira —palabras más, palabras menos—, se demuestra que Fruto tenía razón cuando dijo que el territorio y sus moradores no se pueden obviar para hacer realidad los sueños.
Según la IA, la obra de Fruto "es un hito de la arquitectura bioclimática, adaptada al trópico caribeño mediante ventilación natural cruzada y enfriamiento biotérmico. Se caracteriza por sus inmensas macrocolumnas y terrazas ajardinadas, diseñadas para coexistir con la naturaleza". Me gusta más la definición de Alcira.
Y es que la búsqueda de una casa puede empezar cuando otra desaparece. También cuando se quiere cambiar de hábitat, de vida. Los frutos de los árboles para vivir del arquitecto tachirense se pueden ver en la avenida Libertador de Caracas, en la Flor de Venezuela en Barquisimeto y en la de los Cuatro Elementos que diseñó para Chávez en el Cuartel de la Montaña.
Seguramente, los 190 edificios que colapsaron en Venezuela el 24 de junio de 2026, Día de la Batalla de Carabobo, que selló nuestra independencia de la Corona española, tuvieron sus musas más o menos creativas. Fueron "fruto" de la inspiración de arquitectos y construidos por ingenieros venezolanos y extranjeros. Ninguno podía imaginar que un doblete sísmico los sacudiría décadas más tarde. Por eso, imaginarse e inspirarse es algo tal vez menos matemático.
La búsqueda de una casa pegada del piso empieza cuando se quiere. El que busca, encuentra. Sigamos.
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